La educación de los niños es una de las tareas más importantes para toda sociedad, ahora y siempre. Por eso, encontrar a educadores infantiles y pedagogos cualificados para la primera infancia es todo un reto. Y más difícil lo es aún si se tiene que hacer en otro país y con diferente idioma.

Helmeca es una compañía hispano-alemana de intermediación y contratación laboral dedicada a la selección de profesionales españoles en el sector educativo para escuelas infantiles en Alemania. Han sido ya 350 desde su fundación, hace más de 6 años.

“Creamos Helmeca al detectar la necesidad de personal cualificado que tenían las escuelas infantiles alemanas. Los educadores españoles cuentan con una formación muy apreciada por las escuelas alemanas, lo que les convierte en excelentes candidatos para cubrir los puestos ofertados”, explican Virginia y Raúl Krämer, sus fundadores.

EL IDIOMA NO ES OBSTÁCULO

Aprender alemán es quizá uno de los puntos que generan más reticencia a la hora de aceptar un trabajo en Alemania. Por este motivo, la compañía ofrece formación a los aspirantes de personal educativo cualificados, a través su centro de idiomas (IDA Institute).

“Podría haber cogido la maleta y haber venido a Alemania por mi cuenta, pero seguro que hubiera tenido muchas más dificultades para poder trabajar en una escuela”, explica Evelyn Domínguez, una barcelonesa que está viviendo la experiencia. “Actualmente, trabajo en una escuela con niños y niñas de 0-6 años y, a pesar de que no domino el idioma, me siento como una más en el equipo”.

Aspecto de una escuela infantil en Alemania
Aspecto de una escuela infantil en EEUU / Helmeca

“Tenía ganas de trabajar fuera, dentro del ámbito educativo”, prosigue Evelyn. “Me apetecía conocer un modelo de escuela diferente y aprender otro idioma. Además, en España, por desgracia, ganas más trabajando en un almacén que trabajando como educadora infantil”.

UNA ESCUELA DIFERENTE

Evelyn Dominguez realizó el proceso requerido antes de ir a Alemania: 6 meses de curso de alemán; cinco meses después, viaje a la ciudad donde viviría y la escuela donde trabajaría. La empresa la ayudó con la búsqueda del piso, el empadronamiento y la apertura de la cuenta bancaria.

“El sistema educativo alemán es diferente al nuestro”, revela Evelyn. “Predomina el juego libre y los niños tienen mucha más autonomía. Se sirven solos la comida y no se les separa por edad: están todos mezclados. Eso hace que los pequeños puedan aprender de los más mayores y que los mayores disfruten del hecho de ayudar a los más pequeños”.