Motos, patinetes, bicis y peatones. Nadie de salva de esta “maldición” en Sant Gervasi-Galvany. En este barrio, el carril bici llegó con una (buena) polémica bajo el brazo. Los vecinos consideraron desde el principio que, al tratarse de una “zona 30”, no era necesario contar con un carril bici. Pero el consistorio que lidera Ada Colau, y cuyo representante en el distrito es Jaume Asens, no pensó lo mismo y siguió adelante con su implantación.

Desde su llegada hace ya unos meses, los vecinos están sufriendo (y denunciando en los plenarios) las consecuencias. “Rara es la semana que no se produce un accidente”, comenta el presidente de la Asociación de Comerciantes del Turó Park, Bartolomé Criado, a Metrópoli Abierta. “Y el Ayuntamiento tiene constancia de la situación por los partes de la Guàrdia Urbana”, añade.

Las dos calles de problemáticas que se han convertido en un “punto negro” de accidentes en Barcelona son, sobre todo, Pau Casals y Bori i Fontestà.

Por ejemplo, Isabel Vidal, una vecina de 74 años: cruzó la calle corriendo sin tener en cuenta el bolardo que, de hecho, no resalta demasiado: es de color gris y se camufla con el pavimento. “Llevo décadas viviendo en Bori i Fontestà y no me acordaba de que habían puesto nuevos bolardos”, relata a este medio. Tropezó y cayó de bruces. “Me rompí la muñeca y tuvieron que operarme”, desvela. “Desde entonces no tengo la mano igual, pero lo peor es que me podría haber abierto la cabeza”, dice apenada.

Como ella, otros. Por ejemplo, un vecino del número 11 de la calle, que se rompió el hombro. El último accidente tuvo lugar a finales de la semana pasada cuando un motorista no vio el bolardo de goma que delimita la zona restringida a las bicicletas (y otros Vehículos de Movilidad Personal, VMP) y salió disparado cuando la rueda de su vehículo topó con él. Tuvo que ser atendido por el SEM.

UN CARRIL CON UN ALTO COSTE

“Es un carril absurdo que ha costado 750.000 euros”, comenta Álvaro Laforet, de la plataforma TuróCan a través de su cuenta de Twitter. “A 100 metros se duplica el carril con el de Diagonal y solo ha provocado accidentes de circulación, atascos y polución”, argumenta. “Es el enésimo accidente grave de un motorista”, escribe en relación al último de ellos.

Este tramo problemático es una “zona 30”, donde la velocidad máxima para los conductores es de 30 km/h. Se trata de una de las medidas que se incluyó en el marco del Pacto para la Movilidad del Ayuntamiento de Barcelona hace años.

En este sentido, pretendía pacificar el tráfico y volver la ciudad más confortable y tranquila, así como mejorar la calidad medioambiental. De hecho, en estas zonas en concreto, los ciclistas pueden circular por la calzada de forma segura. Es por ello que los vecinos ven absurda la imposición de este carril que, según ellos “es inútil”.

FIRMAS EN CONTRA DEL CARRIL BICI

Los vecinos se sienten estafados y han alzado la voz en varias ocasiones. De hecho, consiguieron reunir 9.000 firmas –entre distintas asociaciones de vecinos barceloneses– y tienen intención de denunciar a la alcaldesa Colau ante la Unión Europea (UE), tal como adelantó este medio. Su intención es poner en relieve “los abusos” cometidos al implantar carriles bici en barrios de la ciudad, que han sido sufragados con fondos comunitarios.