ARCHIVADO EN:

Los Mossos d'Esquadra han detenido al propietario de una inmobiliaria de Barcelona, de 45 años y nacionalidad española,al que se acusa de cuatro delitos de estafa y otros cuatro de falsificación documental. El arrestado se hacía pasar por un abogado y ponía a la venta de forma fraudulenta pisos de los que tenía información privilegiada gracias a su profesión. Cuando un cliente se interesaba por la compra de los inmuebles que vendía, les hacía firmar un contrato de arras falso y se embolsaba el dinero depositado por los compradores. El detenido trabajaba junto a una cómplice, que es la que se hacía pasar por la falsa propietaria del piso, y que está en busca y captura por la policía.

La pareja utilizaba dos trucos para atraer a las víctimas. O  bien les mostraban pisos que ambos sabían que estaban vacíos, o bien les ofrecían viviendas que estaban ocupadas pero sus propietarios habían fallecido. Hasta el momento, la policía ha acreditado cinco víctimas de esta la estafa y el valor del dinero cobrado de forma fraudulenta asciende a 122.000 euros.

La investigación se inició a raíz de la denuncia de una persona que manifestó a los agentes que había sido estafada en la compra de un piso en el barrio de Sants de Barcelona. Las pesquisas de los mossos condujeron hasta unas inmobiliarias en las que se anunciaban los pisos pero que no tenían conocimiento de que se estuvieran produciendo actividades delictivas. Siguiendo esa pista se llegó hasta el detenido.

UN CONTRATO DE ARRAS FALSO

La clave en la estafa era la firma del contrato de arras. A ese acto se presentaba una persona -que simulaba ser la propietaria del piso- junto con su abogado. Ambos aportaban un documento falsificado, a nombre de la legítima propietaria, que ya estaba muerta. Con esta puesta en escena se ganaban la confianza de los clientes y conseguían que desembolsaran la paga y señal por el inmueble.

La estafa estaba tan minuciosamente tramada que aunque algunas de las victimas habían solicitado información sobre la finca en venta en el Registro de la Propiedad (para asegurarse que no había ninguna cuestión oscura en la operación), como los papeles falsificados coincidían con el legitimo titular de la vivienda (que era la persona fallecida) los compradores mordían el anzuelo. Por este motivo, las víctimas no descubrían que habían sido  engañados hasta que no era demasiado tarde. Normalmente se enteraban de la estafa cuando acudían a un notario para formalizar la escritura pública de compraventa y los estafadores, evidentemente, no se presentaban.

El arrestado está considerado como el cerebro de la banda y era conocido en los círculos en los que se movía porque exhibía un elevado tren de vida y además ejercía de responsable de una inmobiliaria de Barcelona. El detenido fue puesto en libertad con cargos después pasar a disposición judicial.