Este es el aspecto que presenta en varios puntos la polémica Superilla del Poblenou/ E.G-P.M
Este es el aspecto que presenta en varios puntos la polémica Superilla del Poblenou/ E.G-P.M

La superilla del Poblenou, abandonada por el Ayuntamiento

Tras casi un lustro de su puesta en marcha por el gobierno de Colau, este polémico espacio presenta un aspecto deteriorado

Redactora de Metrópoli Abierta
Actualizado: 16/03/2021 20:19 h.

Las superillas son la propuesta estrella por excelencia del gobierno de Ada Colau. Recientemente, el consistorio anunció que ultima cuatro más en l’Eixample, y a día de hoy hay ya cinco experiencias en marcha: en los barrios de Horta (Horta- Guinardó), Les Corts (Les Corts), Hostafranc (Sant-Montjüic), Sant Antoni (Eixample) y Poblenou (Sant Martí), siendo ésta la pionera. La alcaldesa hizo bandera de la superilla del Poblenou, que acusa la falta de mantenimiento en varios espacios.

CINCO AÑOS

El próximo septiembre se cumplirán cinco años de la superilla del distrito de Sant Martí. El Ayuntamiento de Barcelona la impulsó en 2016, con el objetivo de “recuperar para la ciudadanía una parte del espacio" que ocupaban "los vehículos privados” y conseguir “un espacio público saludable, con más verde, más justo y seguro, que favorezca las relaciones sociales y la economía de proximidad”. Pero después de un lustro, las fotografías idílicas utilizadas por el consistorio para promocionarla ya no ilustran la realidad.

La imagen promocional del Ayuntamiento de la Superilla con un niño en patinete contrasta con la imagen que presenta hoy, sin nadie jugando/ E.G
La imagen promocional del Ayuntamiento de la Superilla con un niño en patinete contrasta con el aspecto vacío que presenta hoy/ E.G

DETERIORO

Las zonas verdes del perímetro —formado por las calles Badajoz, Pallars, Llacuna y Tànger— presentan un aspecto descuidado, los dibujos pintados en el suelo están deteriorados, igual que el asfalto en varios puntos, y los alrededores dejan mucho que desear. Las calles circundantes mantienen ese aire industrial histórico característico de la zona, con edificios que se caen a trozos llenos de graffitis con poca gracia. 

Una de las zonas verdes de la Superilla del Poblenou, que presenta un aspecto dejado/ ELISABET GONZALEZ
Una de las zonas verdes de la Superilla del Poblenou, que presenta un aspecto dejado/ ELISABET GONZALEZ

Y eso no es todo. Algunos puntos tampoco están lo suficientemente limpios y hay trastos como colchones o cartones acumulados, como si algún sintecho se hubiera instalado allí durante un tiempo. Da la sensación de que la experiencia en el Poblenou, que ya echó a andar con una fuerte oposición de una parte del vecindario, es un quiero y no puedo.

Trastos acumulados justo al lado de la escultura los 'Guardianes', de la Superilla del Poblenou/ ELISABET GONZALEZ
Trastos acumulados a la entrada del museo Can Framis, en la callle Sancho de Ávila, que forma parte de la Superilla del Poblenou/ E.G

MUCHO QUE PULIR

De hecho, desde el propio Col·lectiu Superilla del Poblenou, fieles defensores del proyecto, opinan que aún hay muchas cosas por perfeccionar. Así lo explica su presidenta, Natalia Paris, en conversación con Metrópoli Abierta: "La superilla implementada en esta zona sirvió mucho como cohesión social. Pero aún faltan detalles a nivel físico y muchas cosas que pulir, por eso estamos también los del colectivo, para recordar lo que hay que hacer y defender la filosofía superilla, que se asienta sobre unas bases de sostenibilidad, medio ambiente, diversidad, e inclusión".

Los dibujos pintados en el suelo en gran parte de la Superilla están deteriorados/ ELISABET GONZALEZ
Los dibujos pintados en el suelo en gran parte de la Superilla están deteriorados/ ELISABET GONZALEZ

Preguntada por las flaquezas del espacio, Paris señala que es necesario revisar la seguridad vial y habitar las partes que están infrautilizadas. También denuncia que el Ayuntamiento debería tener en mayor consideración las peticiones del colectivo: “Ahora estamos contentos porque hemos logrado que se hagan y que nos dejen utilizar los huertos que ya estaban previstos en la plaza Dolors Piera, pero ha sido un camino largo. Queremos que se escuchen más nuestras peticiones y se atiendan nuestras necesidades". 

El asfalto está en mal estado en algunos puntos de la Superilla, que no tiene ni cinco años/ E.G
El asfalto está en mal estado en algunos puntos de la Superilla, que no tiene ni cinco años/ E.G

En relación a la afluencia de vehículos, la líder de la plataforma señala que hay niños jugando en la zona, y sin embargo, "no se respetan las velocidades de seguridad por parte de los motoristas, aunque están indicadas". En cuanto al tráfico fuera de la superilla, cree que "no que se ha perjudicado a ninguna calle en concreto, porque en lo que actualmente es la superilla, antes había vías muy transitadas que eran como carreteras, y ahora se ha distribuido”. Respecto al uso vecinal del espacio, comenta que hay una parte mucho más habitada que el resto: “La vida se hace en la calle Ciudad de Granada, porque es donde están los parques infantiles. También es una cuestión de hábito, porque aunque es la primera superilla que se hizo es relativamente nueva, y hay que darle tiempo. De hecho al principio había un rechazo, pero se revirtió".

QUÉ OPINA EL VECINDARIO

Angelina y Juli son una pareja de abuelos que ha venido a recoger a su nieta a la escuela La Flor de Maig, situada en plena superilla. "Nosotros tenemos a la nieta en el colegio aquí y entonces hacemos uso de la zona, porque sale y juega, pero si no tuviésemos a la niña no la usaríamos", explica Angelina a Metrópoli Abierta. Esta vecina insiste en que si lo que dice va a salir en prensa, quiere dejar constancia de que los jardines que rodean el museo Can Framis, situado justo delante del colegio, están en un estado deplorable. "Están horribles. Hay jeringas y de todo, y la faena que tenemos para que los niños no se metan dentro. Si estuvieran cuidados serían muy bonitos, pero están muy dejados", lamenta, a lo que su pareja añade que "acostumbra a haber sacos y por la noche hay gente durmiendo".

Niños jugando en Can Framis, donde se acumulan trastos y porquería/ E.G
Niños jugando en Can Framis, donde se acumulan trastos y porquería/ E.G

Juli explica que aunque ahora aprovechan la zona, cuando se proyectó no estaban nada de acuerdo: "Yo tenía el garaje aquí al lado, y para salir e ir a casa en la calle Pujades, que está al lado, tenía que hacer cuatro travesías para poder llegar, era como un laberinto", apunta. Preguntados por si creen que se ha reducido el tráfico en la zona, tienen opiniones distintas. Él cree que sí, pero ella no es del mismo parecer: "Que va, nosotros vivimos en la calle Pujades, y ahora en lugar de pasar por Almogàvers los coches van por nuestra calle, por la mañana va llena. El tráfico se ha redirijido por Pallars y Tànger, porque los coches tienen que pasar por un lugar u otro", sostiene. 

Vista de la calle Llacuna, esquina con la calle de Ramón Turró/ Andreu Dalmau - EFE
Vista de la calle Llacuna, esquina con la calle de Ramón Turró / Andreu Dalmau - EFE

Se trata de una percepción que respalda en conversación con este medio Jordi Campins, presidente de la Plataforma d’Afectats per la Superilla del Poblenou, que cree que con este modelo se reduce el tránsito dentro de la superilla pero se incrementa en las calles perimetrales. En ese sentido, lamenta que "esta circunstancia se mantiene igual que tras la primera semana de la superilla. Hay mucho más tráfico ahora que antes de que se hiciera, no se ha reducido ni mucho menos, no es cierto; la gente no deja el coche en casa". Además, Campins argumenta que el tráfico no solo ha aumentado en las calles estrictamente perimetrales, sino también en las vías periféricas. "Como estas calles se colapsan en ciertas horas del día, la gente busca otras rutas alternativas, por lo que también ha incrementado mucho el tráfico en la calle Pujades y en la calle Aragó", afirma. 

Las calles mantienen ese aire industrial característico de la zona, con edificios que se caen a trozos llenos de graffitis con poca gracia/ E.GLas calles mantienen ese aire industrial característico de la zona, con edificios que se caen a trozos llenos de
Las calles mantienen ese aire industrial característico de la zona, con edificios que se caen a trozos llenos de graffitis con poca gracia/ E.G

Partiendo de esta circunstancia y convencidos de que la supermanzana no servía para reducir la contaminación en la zona, en 2018 la plataforma que lidera Campins hizo públicos unos estudios llevados a cabo por los propios vecinos, asesorados por expertos universitarios. Los resultados concluyeron que no solo no había disminuido, sino que había aumentado la contaminación. Indignados con los resultados y molestos por el resto de incomodidades que aseguraban que les generaba el espacio, volvieron a exigir al consistorio por enésima vez que pusiera fin al proyecto. 

DEFENSORES DEL PROYECTO

Pero la superilla sigue en marcha, y no todo el mundo en tan crítico con ella. También hay quienes están contentos. Es el caso de Hilaria Carboni, que cree que es "un sitio genial para los peques". Hilaria vive en el Clot, pero su hija acude al colegio La Flor de Maig. Cuando sale de clase, acostumbran a quedarse un rato para que juegue en la zona infantil, por lo que está contenta de que el colegio esté integrado en la superilla. También opina que es un buen lugar para que los adultos "disfruten del sol". 

Niños jugando en una zona infantil de la Superilla/ E.G
Niños jugando en una zona infantil de la Superilla/ E.G

Eso es lo que hace precisamente Jesús Palomar, un señor de 75 años que hace 50 que vive en la rambla del Poblenou. Está sentado en un banco de la calle Almogàvers, y hablando con este medio, explica que justamente estaba reflexionando sobre la superilla. "Cómo podría haber pensado yo cuando trabajaba aquí con 16 años, que estaría sentado en la calle Almogàvers", apunta. Palomar ha vivido en primera persona cómo el Poblenou pasaba de ser un barrio industrial a convertirse en lo que es hoy. 

Jesús Palomar, vecino del Poblenou, sentado delante de la que un día fue la fábrica en la que trabajó/ E.G
Jesús Palomar, vecino del Poblenou, sentado delante de la que un día fue la fábrica en la que trabajó/ E.G

Respecto a la intervención urbanística, explica: "Entiendo por qué se hace, para evitar la circulación y sacar a los coches de la ciudad, y está bien relativamente. Los niños aquí tienen un lugar donde jugar, pero también hay que entender que la gente tiene derecho a sacrificarse para comprar un coche, y que luego tenga que ir por aquí a 30 por hora... Beneficias a unos y perjudicas a otros. A mí ahora con mi edad me va bien, porque estoy jubilado y me siento aquí. Pero hay que tener en cuenta a la otra gente. Es beneficioso para muchas personas, pero también perjudica a muchas otras". 

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