El ruido de la calle era tremendo y muchos vecinos sin aire acondicionado se vieron obligados a cerrar sus ventanas durante toda la tarde. "¡No escuchaba ni mi televisión!", exclama Luisa (nombre ficticio), vecina del barrio del Besòs i Maresme de Barcelona. A unos metros de su casa, la música y los cánticos retumbaban por todo el barrio. Ocurrió el sábado 22 de agosto por la tarde. Desde sus ventanas, los vecinos presenciaron atónitos una misa evangelista con entre 150 y 200 personas. No llevaban mascarillas ni respetaron distancias de seguridad.

La reunión empezó sobre las 16.30 y terminó a las 20.30. Cuatro horas de música de guitarra y cánticos religiosos en medio de la segunda oleada de la pandemia en España con un repunte de casos positivos que crece día tras día. Las entidades vecinales han denunciado en numerosas ocasiones las actitudes incívicas de un grupo de vecinos en un barrio en el punto de mira del Departamento de Salud por el aumento de contagios. El 17, 18 y 19 de agosto Salud detectó 38 personas infectadas después de 1.542 pruebas en determinadas calles.

NIÑOS Y MAYORES

La fiesta, amenizada con el toque de una guitarra, tuvo lugar en una zona ajardinada entre las calles Germans Serra y Jaume Huguet. María describe un grupo muy numeroso de todas las edades, juntas y sin separación. "Creo que es muy peligroso realizar encuentros de este tipo. Por mucho que se hagan en el aire libre. Aquí hemos tenido casos. Me preocupa", expresa Luisa

Esta vecina fue una de las diversas personas que llamaron al 112. En total nueve llamadas, según Francesc Abad, presidente de la Asociación de Vecinos Besòs. Ninguna patrulla policial acudió al barrio para disolver una celebración que incumplía con las actuales medidas sanitarias de la Generalitat que prohíben las reuniones de más de 10 personas en el ámbito privado y público. Esta restricción fue aprobada el 17 de julio y recientemente se ha prorrogado hasta el 31 de agosto.

VIGILANTES

"Si hubiese sido una reunión con 10, 15 personas, quizá no hubiera pasado nada, pero cuando se juntan 200 personas....", observa Abad. La mayoría de los participantes eran vecinos del barrio de La Mina de Sant Adrià de Besòs, que limita con el Besòs i Maresme. Los organizadores de la fiesta, cuentan los vecinos, fueron una familia del barrio barcelonés.

Durante el festejo, unas cuatro o cinco personas, repartidas en diferentes puntos, vigilaron que no acudiera la policía. Armados con algún tipo de palo también anulaban cualquier intento de queja o protesta en una comunidad amedrentada por un pequeño grupo de personas. 

DE LA FIESTA AL BAR

Abad critica la celebración argumentando que en el acto no se respetaron las normas sanitarias dictadas por el Departamento de Salud y no contaba con la autorización de uso de la vía pública. Al finalizar la misa una cuarentena de personas pasaron un rato en un bar cercano. Por delante pasó un coche de la Guardia Urbana de Barcelona. "Aflojaron la marcha y la retomaron sin decir nada", lamenta el representante de la AAVV.

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