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La segunda teniente de alcalde de Barcelona, Janet Sanz, admitía este jueves que la tramitación de terrazas para bares en la ciudad tras la crisis del Covid-19 “es pesada y complicada”. El gobierno municipal había prometido que los restauradores podrían tener sus permisos de instalación de terrazas o ampliación de las que ya tenían en 15 días. Pero ha pasado casi mes y medio y esto avanza a paso de tortuga. “Los 15 días se están alargando”, chasqueaba la edil ante la comezón del gremio de restauración.

Sanz trató de echar balones fuera incidiendo en que desde el consistorio se ha hecho un esfuerzo extraordinario para atender más de 4.000 peticiones en poco tiempo, pero lo cierto es que el descontrol ha sido la tónica dominante durante las últimas semanas, hasta el punto de denegar una terraza alegando que no había un bar en un lugar donde lleva abierto un establecimiento desde hace más de 40 años.

UNA CITA MUY PUNTUAL

La historia paradigmática de Barcelona es la del Bar 52, en el distrito de Sant Martí. Su propietario, Juan Carlos, lleva 38 años al frente del negocio (los anteriores titulares ya tenían otro bar y con anterioridad había sido un pub musical), “pagando religiosamente los impuestos” y sin ningún problema en todo este tiempo. Hizo falta que el coronavirus visitase la ciudad para poner a prueba la fortaleza burocrática del Ayuntamiento. El lunes 25 de mayo, Juan Carlos estaba puntual a las 9 de la mañana en las oficinas municipales de la calle Roc Boronat, donde le dijeron que acudiese para entregar la documentación requerida con el fin de solicitar una terraza que paliase en lo posible la desgraciada circunstancia de haber tenido su local cerrado durante tres meses.

La primera en la frente por parte del Ayuntamiento tuvo lugar ese mismo día: le dijeron que la persona con la que había hablado por teléfono no existía. “Es que además me decía que debía ser muy puntual y estar a las 9 de la mañana, ni un minuto más”, explicaba el atribulado ciudadano en las oficinas. Tras regatear con el funcionario de turno y enseñar los correos electrónicos recibidos, acabaron por decirle que la persona en cuestión sí existía, pero que no recibía a nadie. Nueva insistencia para poder hablar con alguien y dejar la documentación requerida. A saber: licencia de actividad, plano del local, informe del arquitecto con el plano de la terraza y tres fotos del bar. Pudo, al final, dejar la documentación requerida y se dispuso a esperar.

MAQUINARIA LENTA Y NEGADA

La maquinaria municipal se puso en marcha. Y la historia rocambolesca, también. Desde el Ayuntamiento se había hecho saber a la ciudadanía que las peticiones sobre el tema se solucionarían por riguroso orden de presentación. Y Juan Carlos había sido de los primeros, por lo que en 15 días, calculaba, podría disfrutar de la terraza.

El Bar 52 abrió sus puertas hace 38 años / A.F.
El Bar 52 abrió sus puertas hace 38 años / A.F.

Pero su gestión ante el consistorio barcelonés fue como el cuento de la lechera, porque la maquinaria del Ayuntamiento no sólo es lenta: a veces es negada, aunque esa sea una condición muy humana. El tiempo fue pasando. Las reiteradas llamadas al Ayuntamiento eran contestadas siempre con la cantinela de que todo estaba en regla y que era cuestión de tiempo… hasta más de un mes después en que recibió el ansiado correo que debía responder a su petición. “Se adjunta notificación de la resolución. No responda a este correo. Este buzón no se supervisa, no habrá respuesta”, decía la misiva.

EL DIÁLOGO ESPERPÉNTICO

La sorpresa de Juan Carlos fue que el permiso le era denegado porque “no existe actividad comercial” en esa dirección para concederle la terraza. La situación comenzaba a ser ya de crónica de Mariano José de Larra. Juan Carlos tuvo que volver a poner en marcha la ronda de llamadas telefónicas para que alguien le explicase porqué un local que paga sus impuestos religiosamente durante 38 años, a la hora de la verdad, desaparece de la estadística municipal.

Pudo contactar al fin con el 010, que, tras escuchar su queja, lo derivó a Barcelona Activa, la empresa pública que se ocupa de gestionar el tema. Allí, la funcionaria sacada de las crónicas de Larra le intentaba explicar que su bar no existía en realidad. ¿Cómo que no? ¿Y quién paga los impuestos cada año? “Bueno, pues seguro que le cambió el nombre”. No. “pues entonces seguro que lo puso a nombre de su hijo o de un familiar”. Pues tampoco. “Pues algo ha debido de hacer, porque a mi no me consta”. “¿Cómo que no? Oiga, no entiendo nada. El bar lleva 38 años sin cambiar de nombre, ni de dueño, ni de actividad, pagando los impuestos y sin haber tenido un solo problema. ¿Cómo me puede decir ahora que mi bar no existe?”. “Bueno, hacemos una cosa, ha de enviarnos la licencia de actividad para que podamos comprobarlo, de momento”. “Por favor, señorita, ustedes tienen ese documento y otros más ahí. Mire el expediente, por favor”. “Es que no puedo mirar el expediente”. “¿Y no me puede pasar con alguien de algún departamento que me pueda dar una explicación o recoger mis alegaciones? “No, no pudo pasarle con nadie porque no hay atención telefónica”. El tema ya había superado las quejas de Larra a la burocracia y tomaba tintes de novela de Ramón María del Valle-Inclán.

VUELTA AL LUGAR DONDE TODO SE INICIÓ

Juan Carlos pudo arrancar una cita presencial para la semana que viene en el mismo lugar donde había entregado la documentación que el Ayuntamiento no sabe leer. “Lleve su bolígrafo y toda la documentación necesaria (…) Recuerde que es obligatorio el uso de la mascarilla en cualquier espacio cerrado abierto al público. Si llega con más de 10 minutos de retraso, no garantizamos que pueda ser atendido. En este caso, habrá de volver a pedir hora para otro día (…) Por favor, no responda directamente a esta dirección de correo electrónico, ya que no está operativa”.

El Bar 52 está ubicado en el nº15 de la calle Josep Miret / GOOGLE MAPS
El Bar 52 está ubicado en el nº15 de la calle Josep Miret / GOOGLE MAPS

El despropósito municipal está a punto de batir récords. La historia podría tener un bonito colofón con el ciudadano reclamando los impuestos pagados durante los últimos 38 años. Valle-Inclán estaría satisfecho con ese final feliz. Pero, desgraciadamente, lo que se ha visto es que, una vez más, el Ayuntamiento, lejos de humanizarse ante sus propios errores, deja a los ciudadanos/contribuyentes a los pies de los caballos.

  • Con posterioridad a la publicación del artículo, el Ayuntamiento hizo llegar a Metrópoli Abierta la información de porqué se había llegado a esta situación. La licencia del local, según el consistorio, no figuraba en ninguna base de datos digital del consistorio porque desde 1984 “el propietario de la actividad no había realizado ningún trámite”. Por tanto, no se había incorporado la licencia a las bases de datos digitales y por eso se le denegó la solicitud. “Finalmente, el solicitante aportó un documento en papel del año 1984 que se ha analizado y se considera válido como licencia de actividades. Ahora ya está incorporada a la base de datos y se revisará la denegación de la solicitud de terraza provisional para comprobar si se puede instalar”, señala el Ayuntamiento.
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