La instalación por cuarta temporada consecutiva de la playa de perros en la zona de Diagonal Mar ha vuelvo a provocar un enorme malestar entre los vecinos de la zona. Vuelven a reclamar que se traslade a una zona alejada de los lugares de baño de las personas. Tanto las molestias que causan los animales, muchas veces por descuido o dejadez de sus propietarios, como los problemas sanitarios que pueden acarreas para las personas son sus principales argumentos.

De hecho, el propio Ayuntamiento reconoce que, en el fondo, las quejas de los vecinos están razonadas, aunque eso no significa que el equipo de gobierno esté dispuesto a tomar en cuenta sus consideraciones.

De hecho, en el informe del propio consistorio sobre el funcionamiento de la playa durante la temporada de 2018 se hacen constar muchas de las quejas que los vecinos han hecho llegar al consistorio. Y pese a que desde la administración se intenta vender la idea de que ubicación de la playa no causa molestias a las personas usuarias, la realidad es muy diferente.

HARTOS DE INDIFERENCIA

El malestar entre los vecinos de la zona ha ido in crescendo. Se opusieron desde el primer momento a la instalación de la playa de perros en una zona de baño habitual para las personas y reclamaron que se ubicara en otro lugar. Pero no obtuvieron respuesta.

Están hartos de la indiferencia del gobierno que preside Ada Colau, al que han reclamado con insistencia que traslade la instalación. “Si tan buena es y tanta aceptación tiene, que se la lleven a la Barceloneta”, defienden algunos vecinos.

Estos temen que la próxima apertura del recinto, que si no pasa nada raro como el año pasado está prevista durante el mes de mayo, traiga los mismos problemas que han vivido en los años anteriores y que las autoridades han sido incapaces de solucionar.

PROBLEMAS RECONOCIDOS

Entre los principales problemas que se detectaron la temporada pasada, y que según los vecinos se vienen arrastrando desde el primer día de la instalación de la playa de perros, está la presencia de animales fuera del recinto. Logran escaparse por la escasa atención de sus dueños y porque la valla no impide que lo hagan por la línea de la costa. Eso genera inquietud y angustia entre las personas que se colocan cerca del recinto para los animales, sobre todo en aquellas que acuden acompañadas de niños.

También que los perros, para entrar y salir del recinto, usan las mismas pasarelas de madera que las personas. Eso genera conflictos, sobre todo cuando los perros abandonan la playa. Algunos de ellos beben agua salada, lo que les provoca vómitos o diarreas, que quedan en el lugar de tránsito de las personas.

ESCASA VIGILANCIA

Igualmente, algunos propietarios de perros optan por remojarlos en las duchas que se encuentran fuera del recinto y que son de uso exclusivo de las personas, lo que causa molestias a los usuarios, sobre todo cuando los animales no van debidamente atados y sujetados por sus propietarios.

Todo ello es producto, según los vecinos, de la ausencia de la vigilancia adecuada. Es cierto que en el interior del recinto hay personal encargado de hacer cumplir la normativa, aunque su presencia acaba a siete de la tarde. Pero esa vigilancia se limita al interior de la zona vallada, por lo que cuando los perros la abandonan, el control desaparece.