Los vecinos del distrito de Sant Martí están más que preocupados por los calientes verano y otoño que se les avecina: la causa de esta preocupación es que la zona del Fòrum recibirá en los próximos meses unos 70 conciertos de música. Así, al peligro de que puede haber brotes de coronavirus debido a las aglomeraciones, volverán los ruidos, la inseguridad, la insalubridad y las noches de insomnio a las calles de esta castigada zona.

El año pasado, las asociaciones de vecinos llegaron a un acuerdo con el Ayuntamiento para crear una Comisión de Seguimiento del Fòrum “con el fin de racionalizar las actividades y repartir los eventos por toda la ciudad”. Pero aquellas promesas parecen haber sido olvidadas por los responsables municipales. “Aquí tenemos la incineradora, la depuradora, la sala del Hospital del Fòrum y ahora los festivales.

Con la pandemia, respiramos un poco. Pero, de repente, nos enteramos por los carteles del Ayuntamiento de que iba a haber 70 conciertos en el Primavera Sound. Lo malo es que después vendrán las fiestas de la Mercè y otra vez lo mismo. Nadie nos dijo nada. Los políticos, que el año pasado nos prometían el oro y el moro, están desaparecidos en combate. ¡Tuvimos que enterarnos por unos carteles!”, se queja un representante de las asociaciones de vecinos a Metrópoli Abierta.

CONTACTOS CON EL CONSISTORIO

Las Asociaciones de Vecinos de Maresme, Besòs, Diagonal Mar, de la zona Fórum y algunas plataformas cívicas han mantenido ya varias conversaciones para diseñar la estrategia con la que luchar contra la masificación de la zona en los próximos meses. También han mantenido contactos con algunos directivos del Ayuntamiento y sólo han recibido buenas palabras, pero pocas explicaciones.

“Nos dijeron que no nos preocupásemos, que los aforos estarían muy controlados y que sólo podría haber un máximo de 800 personas por concierto. Pero esta misma semana salió el consejero de Interior, Miquel Buch, diciendo que ya no habrá límites de aforo. Desde el Ayuntamiento, en cambio, nos hicieron saber que el tope había subido a 3.000 personas. Y a saber si de aquí a una semana ese número se dispara o se elimina el máximo de aforo”, se quejan desde las entidades vecinales.

Botellón en el Fòrum, durante un Primavera Sound / P B
Botellón en el Fòrum, durante un Primavera Sound / P B

Lo malo, advierten, es que tras los conciertos, la gente se dispersa por los bares de los alrededores. “Es verdad que nos dijeron que los conciertos terminaban a las 23.30 de la noche. Pero luego, la gente se va a las terrazas y, aunque éstas cerrarán a la 1.00 de la mañana o más tarde, muchos se quedarán haciendo botellón, con los consiguientes ruidos, inseguridad y suciedad. Eso significa que los vecinos tendrán que soportarlos de martes a domingo. Y en la zona no se puede tener ni una ventana abierta. Hay que tener en cuenta que las viviendas en esta zona son humildes y que no tienen aire acondicionado, por lo que a veces se hace necesario dormir con la ventana abierta. Y un día se aguanta. Dos, también. Pero hasta el 30 de septiembre no lo aguanta nadie. No es una perspectiva muy buena”, aseguran los vecinos.

Desde el Ayuntamiento también aseguraron a las entidades cívicas que las fiestas que se hagan no tendrán permiso para vender alcohol. “Es un sarcasmo que programen fiestas sin alcohol… ¡y que el principal patrocinador sea Ron Negrita! Parece una burla a los vecinos”, explica uno de los barceloneses que año tras año sufre las consecuencias de las fiestas de la zona.

PRIVATIZACIÓN DE UN ESPACIO PÚBLICO

Las asociaciones reclaman que en el Fòrum se programen actividades cívicas en las que puedan participar las personas que vivan en el barrio. “Lo que hacen ahora es privatizar un espacio que es público. Cerrar con vallas el Fórum es acotarlo a la ciudadanía y prohibir que se pueda pasear por ese recinto durante tres meses. La alcaldesa habla mucho de poner la ciudad al servicio de los ciudadanos, pero a la hora de la verdad, siempre castiga a los mismos. Nosotros queremos que se materialicen las promesas que nos hicieron de repartir los conciertos y los festivales por toda la ciudad para que no sean los de Diagonal Mar los que paguen el pato”, explica otro de los vecinos a este diario.

Las entidades del barrio están manteniendo conversaciones diarias para ver cómo negociar con el Ayuntamiento alguna salida a esta situación. “No nos oponemos a que haya algunos eventos, pero otra cosa es padecer los ruidos y los festivales todos los días. En ningún otro sitio de Barcelona ocurre algo parecido y exigimos que los responsables municipales pongan alguna solución encima de la mesa y nos escuchen”, alertan los representantes de las plataformas cívicas y vecinales. La guerra, pues, está servida.

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