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La estrella de David del logo y el hecho de que Rius sea uno de los apellidos adoptados por los judíos conversos en la Edad Media hace pensar que la familia conservaba vivos sus orígenes judíos

Atravesar la plaza de las Glòries de punta a punta, desde la acera de la Farinera del Clot hasta el Disseny Hub Barcelona es hoy más que una aventura, casi un desafío. Algo así como un viaje al centro del infierno de la reforma urbanística; no hay imagen que mejor ilustre actualmente la frase “Barcelona está en obras” que la de este inmenso agujero por resolver en el que confluyen la Gran Via, la Diagonal y la Meridiana. Pero merece la pena caminar entre vallas, seguir las indicaciones de rutas alternativas para peatones, abrirse paso entre el tráfico, las bicis y los patinetes, y sortear las mil y una líneas amarillas provisionales sobre el asfalto para alcanzar victorioso e ileso la acera del Hub. Porque, una vez allí, a la sombra de la grapadora -a veces la nomenclatura popular le gana la partida a la oficial- o a pleno sol, la explanada de cemento que se abre a su derecha en dirección a los Encants se antoja un remanso de paz, un amarre seguro en el que atracar unos minutos antes de continuar.

Edificios delante del mercat dels Encants

Merece la pena detenerse, dar la espalda a las obras y mirar en dirección al mar que se oculta tras la ecléctica sucesión de construcciones dispares rendidas a los pies de la imponente Torre Agbar y que configuran el 22@. Perderse en ese peculiar paisaje urbano de modernos edificios que han ido abriéndose paso entre un número cada vez mayor de naves que hablan del pasado industrial –no tan lejano- de la ciudad: algunas vacías y abandonadas, otras rehabilitadas e integradas a las que se les ha dado una segunda vida; enormes chimeneas integradas como elementos arquitectónicos decorativos… Y en mitad de esa jungla, sobre los tejados de menor altura, de repente…¡una caja!

Depósito de agua

¿Una caja? Sí, una estructura rectangular enorme de hormigón con forma de caja de cartón abierta con una enigmática inscripción en los laterales. Uno desearía ser en ese momento un turista con una buena cámara de fotos entre las manos, pero en su defecto, la curiosidad obliga a sacar el móvil, enfocar y hacer zoom sobre la imagen: es tan perfecta, que incluso tiene las formas onduladas del cartón corrugado. En una primera inspección se revela como un depósito de agua sustentado sobre una estructura de pilares y jácenas de hormigón, sin embargo, una escalera metálica conduce desde el tejado hasta su interior a través de un agujero en la base, por lo que su función de almacenaje de agua queda en entredicho.

Depósito de agua en el 22@

Parece una broma de mal gusto pensar en que alguna vez esa curiosa caja hubiera servido de depósito para prevenir posibles incendios por la acumulación de materiales inflamables propios de la actividad industrial, pues la nave sobre la que se alza, situada en la confluencia de las calles de Badajoz y Bolivia, dejó de funcionar tras un grave incendio sufrido en octubre de 1973, en el que murieron tres trabajadores.

BAJO LA ESTRELLA DE DAVID

Prevenciones aparte, lo cierto es que este original depósito también sirvió como reclamo publicitario de la fábrica de cartones José Rius, fundada en los años 40 con el nombre de Cartonera Española. Efectivamente, la enigmática inscripción que luce en los cuatro constados responde al sello de la antigua compañía: una estrella de seis puntas dentro de dos círculos concéntricos que enmarcan el nombre jurídico adoptado por la empresa a finales de los años 50, Envases Universal J. Rius SA, aunque acabó sus días bajo la denominación de Cartonería Española José Rius.

Detalle logo

Llama la atención que la imagen de la fábrica fuera una estrella de David, la que identifica al pueblo hebreo. El motivo no ha trascendido, pero si tenemos en cuenta que Rius es uno de los apellidos adoptados por los judíos conversos en la Edad Media, quizá podría deducirse que la familia conservaba vivos sus orígenes judíos. Tal vez José Rius Muntané era un empresario orgulloso de sus raíces, pues la estrella de seis puntas aparece con profusión, no solo en el logo de la empresa sino también en la reja de alguna ventana del edificio e incluso, a nivel administrativo, en los membretes corporativos y en la publicidad de la época.

Detalle de la ventana

carta corporativa

SINIESTRO TOTAL

Esos son todos los vestigios que quedan de esta importante empresa cartonera de Poblenou. El 15 de octubre de 1973, un incendio destruyó la fábrica, con el resultado de tres trabajadores muertos –dos calcinados, y un tercero fue dado por desaparecido al no encontrarse los restos--, según publicó La Vanguardia, al día siguiente. Al parecer, el incendio se produjo por el calentamiento de una máquina que cortaba cartón, y fue de tal magnitud que destruyó todas las naves de la empresa y se extendió incluso a otra adyacente. Las pérdidas económicas del siniestro superaron los 200 millones de pesetas, lo que precipitó el cierre definitivo de la planta y dejó sin empleo a los 144 trabajadores que sobrevivieron al siniestro.

El grave incidente motivó una gran polémica entre las aseguradoras barcelonesas, que criticaron la falta de seguridad laboral en las empresas del Poblenou. Por su parte, los trabajadores de la planta llevaron a la empresa a los tribunales: pedían una indemnización por haberles dejado en la calle. Y es que el cierre de la planta no supuso el cese de la actividad, que continuó en otra fábrica fuera de Barcelona. De hecho, Cartonería Española J. Rius, S. A sigue en activo aún y posee 19 patentes de embalajes.

La sentencia, que llegó a través del Tribunal Supremo en 1996, les daba la razón y obligaba a la empresa a pagar una indemnización por daños morales derivados de la pérdida del puesto de trabajo por siniestro.