Un techo de un piso ha caído este martes en el barrio del Besòs. El accidente ha tenido lugar en la cocina de una vivienda, situada en la calle de Tessàlia 4. Los bomberos ha tenido que intervenir, aunque según las fuentes municipales consultadas no se han producido afectaciones personales ni ha sido necesario apuntalar. La casa, que ha quedado llena agua, presenta una importante falta de mantenimiento y está llena de humedades.

El incidente ha tenido lugar en esta zona del distrito de Sant Martí, con 153 comunidades -unos 50 bloques- afectadas, en su mayor parte, por aluminosis, según los datos de los vecinos consultados por Metrópoli Abierta. En el derrumbe de este martes, los bomberos no han visto afectación de cemento aluminoso. El Ayuntamiento atribuye el agujero a la filtración del agua de la lluvia, aunque el propietario ha manifestado a los servicios de emergencia de la ciudad que el piso tiene esta patología.

El techo desprendido del piso del Besòs
El techo desprendido del piso del Besòs  

En los mismos términos se expresa Tereixa Pardo, miembro de la comisión de Vivienda de la asociación de vecinos del Maresme y del grupo de afectados por la aluminosis en el Besòs. Pardo asegura que la finca tiene aluminosis, aunque dice que éste no es el único problema de la mayoría de edificios del barrio. Buena parte de ellos se construyeron a finales de los año 50 con materiales de mala calidad y escasa cimentación. Las viviendas, en su inicios, eran de protección oficial.

UN INFORME ACONSEJABA DERRIBAR 30 VIVIENDAS

Según la vecina, en los años 70, aparecieron los primeros síntomas de degradación de estas viviendas. Un informe técnico elaborado por una comisión del propio Ayuntamiento de Barcelona aconsejó en 1977 derribar 30 de estos edificios. "Eran los más afectados. Sin embargo, la demolición no se hizo y se optó por reforzar los cimientos", explica la vecina.

Estado de una vivienda con aluminosis, en el Besòs
Estado de una vivienda del Besòs

Como explicó a principios de marzo Metrópoli Abierta, el Patronato Municipal de la Vivienda de la época se había comprometido a realojar a los vecinos en unas nuevas construcciones. Pero, finalmente, únicamente se derribaron tres fincas y se levantaron otras tres para realojar a los afectados.

La presencia de aluminosis acentuó los problemas estructurales de estas viviendas. El problema de la aluminosis se visibilizó en Barcelona en noviembre de 1990, cuando se derrumbó una finca en el Turó de la Peira y murió una vecina, Ana Rubio. Las administraciones se volcaron con el barrio y se tuvieron que rehabilitar decenas de edificios y tirar al suelo otros tantos para después levantarlos de nuevo. Durante aquellos años, en el Besòs, Pardo afirma que el consistorio vendió las fincas de protección oficial a los vecinos a muy bajo precio y la gran mayoría pasaron a ser de titularidad privada.

PISOS APUNTALADOS Y GRIETAS

"Está afectado buena parte del barrio Besòs", añade la vecina. En la vivienda en la que se ha desprendido el techo hace unos dos años empezaron a aparecer grietas. En la finca colindante, el número 6 de la calle de Tessàlia, hay pisos que llevan seis años apuntalados. Aunque algunas de las casas en peor estado se encuentran en la calle de Alfons el Magnànim, en los números 40, 42 y 44. "Éstos eran algunos de los bloques que se tenían que derribar. Llevan años con grietas. La situación ha empeorado con la vibración del tranvía, que pasa junto a las casas", relata. 

Deborah, la presidenta de la comunidad de la finca afectada por el hundimiento del techo de la cocina, explica que en la finca hay pisos apuntalados y con grietas, y también son habituales las filtraciones de agua. El edificio presenta una importante falta de mantenimiento. Hace unos años, en el edificio se cambiaron algunas vigas con aluminosis, y ahora están pendientes de hacer el informe técnico pertinente para saber la afectación total en el inmueble. 

REHABILITACIÓN INTEGRAL

El concejal de distrito David Escudé reconoce que hay muchas viviendas con aluminosis, aunque explica que el problema viene de muchos años atrás. Según el edil, a lo largo de distintos mandatos se ha puesto mucho dinero, pero no ha servido para poner fin al deterioro. La intención, añade, es empezar a resolver el problema de forma definitiva este mandato, aunque los trabajos llevarán más tiempo. 

Escudé explica que antes de la pandemia la intención era poner en marcha una medida de gobierno para llevar a cabo "una rehabilitación integral en el Besòs, no solo urbanística, sino también social, con la implicación de todos los agentes y los grupos de la oposición". Ahora, con la crisis sanitaria, el distrito sigue teniendo en el Besòs una de sus prioridades, pero habrá que ver qué actuaciones se pueden llevar a cabo tras las modificaciones presupuestarias que se deberán acometer.

Un agujero en un piso del Besòs
Un agujero en un piso con aluminosis del Besòs

PEQUEÑAS INTERVENCIONES

Según Pardo, hasta ahora "el plan de ayudas ha sido un fracaso, al igual que el Pla de Barris. Un informe de 2007 dice que se rehabilitó un 40% de las fincas, pero en muchas de ellas fueron pequeñas intervenciones. No se sustituyeron todas las vigas con aluminosis y la degradación estructural continuó. Solo se han ido poniendo parches". También añade que el actual gobierno no ha querido "activar" la mesa constituida en 2018 para abordar la situación del Besòs.

"Nosotros pedimos que se haga un informe técnico y se valore cuáles son los pisos en los que es más urgente actuar". También piden la puesta en marcha de "medidas cautelares", como la colocación de puntales y redes de contención para desprendimientos y la sustitución de las vigas en mal estado. Pardo cree que es necesario destinar una partida urgente de dinero "a fondo perdido" para los informes técnicos y las medidas cautelares.

Un piso del Besòs, apuntalado
Un piso del Besòs, apuntalado

Según Pardo, ahora se están dando casos de comunidades que se ven obligadas a desembolsar ellas el dinero. "Es uno de los barrios más pobres de la ciudad, con rentas muy bajas y muchas personas mayores". Evidentemente, si estas personas no pueden pagar los estudios, tampoco pueden hacer frente a las reformas, que pueden costar unos 30.000 euros por casa. En muchas fincas, las actuaciones no avanzan porque hay un vecino que no puede pagar o hay pisos ocupados -otro de los graves problemas del barrio-, y "las ayudas para las rehabilitaciones se estancan en el tiempo", denuncia la vecina del Besòs.

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