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La plaza del Doctor Serrat es apenas un islote que se abre formando un triángulo con uno de sus vértices en la confluencia de la calle Mallorca con la Meridiana. Un rinconcito verde, como un respiro entre la jungla de asfalto, en el que tienen cabida, además de un discreto monumento al personaje que le da nombre, un parque infantil con sus columpios y su fuente de hierro colado, una heladería con tres o cuatro mesas en el exterior y una tienda de ropa “de las de toda la vida” –ha pasado de padres a hijos desde 1960— que ofrece gran variedad de marcas de modelos exclusivos de alta costura y de talleres propios. Arxé, anuncia el rótulo sobre el escaparate principal, que dobla la esquina y se escapa por la calle Antic de Bofarull, donde el cartel cambia de Arxé a… ¡Assum del Hoyo!

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El exterior de la tienda, en la esquina con Antic de Bofarull

Una tienda de barrio, sí, pero de máxima calidad, elegancia y a la última. “Tenemos un amigo muy divertido que venía a comprar aquí la ropa y cuando salía con la colla, siempre les decía: ‘yo me visto en Assum del Hoyo’. Mi madre se llamaba Assumpta, ¿y qué es el Clot? Pues un hoyo”, explica Assumpta. A fuerza de repetirla, la broma caló y la propietaria acabó registrando el nombre como marca de los diseños de la casa en el 2006, pocos meses antes de iniciar la reforma de la tienda. “De haber sabido lo que encontraría durante las obras, podría haber registrado como marca Assum del Pozo… o del Pou”, comenta con sonrisa cómplice. Basta con entrar en la tienda y avanzar para entender a qué se refiere: en su interior, entre trajes, camisas de vestir, elegantes vestidos de ceremonia para cócteles o fiestas de señora y de caballero, vestidos de comunión para niña y niño… de repente, ahí, a la vista, bajo un mostrador de cristal es imposible evitar que se escape una exclamación, un gesto de sorpresa... ¡Un pozo!

La plaza del Doctor Serrat, desde la confluencia de Meridiana con Mallorca
La plaza del Doctor Serrat, desde la confluencia de Meridiana con Mallorca

Sí, y no uno cualquiera, sino uno que con los años ha resultado ser uno de los escasos vestigios del Rec Comtal a su paso por esta esta zona (Camp de l’Arpa-Clot). Construido posiblemente en el siglo XVIII, el pozo de Arxé conserva en perfecto estado el ladrillo original que reviste su pared circular y desciende 16 metros de profundidad, tres de ellos cubiertos por el agua del Rec Comtal, que aún hoy corre en su interior. “En el 2007, cuando decidimos reformar el local para eliminar las barreras arquitectónicas, los obreros dieron con él por sorpresa al eliminar el escalón que entonces dividía la tienda de lo que era el taller de confección”, explica Assumpta.

El hallazgo supuso la paralización de la reforma durante unos meses, ya que les obligó a replantearse parte de la reforma y la distribución de la tienda para integrar el pozo porque, afirma, “lo que teníamos claro es que queríamos conservarlo y dejarlo al descubierto para exponerlo y que la gente lo viera y disfrutara de él”. No parecía difícil hasta que entró en juego un pequeño imprevisto: accidentalmente, parte del cemento utilizado durante las obras de remodelación fue a parar al pozo y quedó taponado y sucio. Pero, pese a las voces que le recomendaban que lo tapara y se olvidara de él, Assumpta no se rindió. “El proceso era complejo, el cemento se limpia con pistola de arena a presión y el agujero del pozo es demasiado estrecho para maniobrar… Busqué mucho, sin éxito, pero finalmente encontré quien lo hiciera descolgándose con arnés”, recuerda. Fue un proceso difícil y caro; solo su propietaria sabe los miles de euros que por el camino quedaron enterrados en ese pozo. Pero valió la pena.

Finalizada la limpieza, nivelaron el agujero con el suelo de la tienda añadiendo tres hileras de ladrillos, lo cubrieron con un cristal de seguridad, le aplicaron unos focos para obtener una iluminación adecuada y colocaron sobre él un mostrador transparente que permitiera ver el interior del pozo incluso al mostrar el género a la clientela. Siempre quise tener una casa con un pozo; no tengo casa, pero sí un pozo”, afirma orgullosa su propietaria.

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El mostrador de cristal sobre el pozo cubierto

No fue la única sorpresa: al picar en una de las paredes laterales cercanas al pozo, salieron a la luz los restos, también de ladrillo, de lo que parecían unos lavaderos de la misma época. Otra prueba más que demostraba la existencia en este punto de alguna actividad relacionada con el agua del Rec y cuyo mantenimiento hubiera sido, muy a pesar de la propietaria, inviable para la tienda.

MIL AÑOS DE HISTORIA

El Rec Comtal, con más de mil años de historia, fue una de las mayores joyas hidráulicas de Catalunya. Aprovechó un antiguo acueducto romano y estuvo en activo desde al menos el siglo X hasta mediados del siglo XX. Canalizó agua del río Besòs desde una mina de Montcada i Reixac hasta Barcelona, a lo largo de 12 kilómetros, tras cruzar los entonces municipios de Sant Andreu de Palomar y Sant Martí de Provençals, independientes hasta el siglo XIX.

El Rec llegó incluso a abastecer la fuente de Canaletes de la Rambla. Pero el consumo humano no era su principal función. Movió decenas de molinos y propició actividades artesanales que estropearon la salubridad del agua. De hecho, Poblenou vivió en el siglo XVIII un proceso industrial que se inició con las indianes y continuó con los edificios fabriles y se benefició del agua de la acequia a su paso por la zona. “Les primeres fàbriques que es van instal·lar al Clot i el Camp de l’Arpa van ser les farineres, seguides per les indústries tèxtils, les adoberies, les bòbiles, les de productes químics i moltes d’altres. Activitat industrial tota ella afavorida, també, per la presència del Rec Comtal, que proveí d'aigua les fàbriques, ja sigui com a força motora o perquè era necessària pels processos industrials”, afirma Enric March, en su blog Bereshit (La Sèquia Comtal i El Clot). Un dato: en 1885, según este autor, había 60 fábricas, y en 1888 ya eran 243.

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Pasaje Pinyol

La acequia también regó tierras de cultivo, como aún hace en pleno siglo XXI –libre de las industrias que la contaminaron en el pasado— en La Ponderosa, la última explotación agrícola que queda en el término municipal de Barcelona, en el barrio de Vallbona, en Nou Barris. Ahora desemboca en el Besòs, pero durante cientos de años lo hizo en la Barceloneta, después de atravesar el Clot y entrar en la ciudad amurallada por el Portal Nou.

ENTRE CAMP DE L’ARPA Y CLOT

Pero centrémonos en la zona que abarca los barrios de Camp de l’Arpa hasta Clot. Aunque el paso del tiempo ha transformado mucho el paisaje de esta zona surcada por el Rec Comtal, no ha logrado barrer del todo algunas huellas originales de los siglos XVIII, en forma de pasajes o incluso casas bajas con patio, como las que se conservan en el pasaje del Arc de Sant Sever. O ya pasado Navas, los pasajes de Malet, Sagués y Pinyol -est coincide con el trazado y el lugar por donde pasaba el Rec—construidos después de que se cubriera este tramo.

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Pasaje Malet

El Rec atravesaba la Meridiana a la altura de la calle de Núria en dirección sur y la seguía en paralelo hasta Sant Sever, que era la continuación de Enamorats, y de la que solo queda el callejón del Arc de Sant Sever -"Antigament era un pas per a carruatges i l'arc, desaparegut, donava accés a una ermita, també desapareguda, i a uns horts a tocar del Rec, dels quals encara en subsisteix una petita part amagada en els jardins de les casetes de l'interior”, describe March-. A continuación, el Rec corría por la calle Bofarull y pasaba por mitad de la actual plaza del Doctor Serrat, donde cuentan que hubo hasta los años 30 del siglo pasado un pequeño puente, antes de enfilar por Sibelius camino de la iglesia del Clot.

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Calle del Arc de Sant Sever

Ya no queda ni rastro del puente, ni de los molinos que formaban parte de la vía Molinària (Sant Sever, Bofarull y Enamorats, estaban en el recorrido) ni muchas otras huellas del Rec que el tiempo ha ido borrando. Por eso Arxé es más que una tienda de moda; a su contribución de vestir ilusiones desde 1960, se añade el valor de haber salvado un tesoro, un preciado vestigio del Rec Comtal, un pozo al que asomarse al pasado.