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La Torre del Fang, una masía medieval del barrio de la Sagrera, lleva años abandonada, tranquilamente más de una década. El edificio es de propiedad municipal, pero los distintos gobiernos de la ciudad han sido incapaces de darle un nuevo uso. Hace dos años, el edificio estuvo ocupado. Este medio ya lo denunció en marzo de 2018. En enero de 2019, sufrió un incendio que puso fin a aquella ocupación ilegal. 

Tras acordarlo con las entidades vecinales, el año pasado, el Ayuntamiento decidió que recuperaría la Torre del Fang como equipamiento. También está previsto urbanizar todo el entorno como parque. Pero lo cierto es que, ahora mismo, el inmueble sigue tapiado y dejado a la mano de Dios, lleno de grafitis y suciedad. Y ahora, en plena pandemia, se ha convertido en un campamento de barracas, instaladas alrededor de la masía, que tiene unos 750 metros cuadrados divididos en dos plantas.

Con la crisis económica que dejará el coronavirus, el futuro del proyecto tampoco invita al optimismo. El Ayuntamiento ya trabaja en la elaboración de un nuevo presupuesto para este 2020 y el Plan de Inversiones Municipales (PIM), seguramente, se tendrá que replantear. "Ahora no es el momento de concretar nada sobre el futuro de estos espacios", apuntan fuentes municipales.

NO MENOS DE 45 PERSONAS

Juan, un vecino de la zona, explica que algunos ocupantes llevan allí unos meses y, poco a poco, "el número de chabolas ha ido creciendo". Algunas de ellas están junto a la puerta de acceso a la Torre del Fang, un edificio que forma parte del patrimonio de la ciudad, e impide ver si el interior también se ha ocupado. Los desperdicios se acumulan por el entorno y el riesgo de incendio vuelve a ser considerable.

Alguna de las barracas, junto a la Torre del Fang / METRÓPOLI ABIERTA
Alguna de las barracas, junto a la Torre del Fang / METRÓPOLI ABIERTA

"Tranquilamente hay una quincena de barracas y no menos de 45 personas, entre ellas africanos y de la Europa del este", subraya el vecino. Algunos de los ocupantes son muy jóvenes, perfectamente pueden ser menores de 16 o 17 años, se mueven en bicicleta por la zona y entran y salen por las rejas del vallado con bastante asiduidad. Una parte de ellos se dedica a la recogida de chatarra u otros materiales de los contenedores.

La Torre del Fang se encuentra en la esquina de las calles del Clot y de Espronceda, en el antiguo municipio de Sant Martí de Provençals, en los mismos terrenos de la futura estación del AVE de la Sagrera. De hecho, la presencia de tiendas o chozas no se limita al entorno de la masía sino que se extiende debajo del puente de Bac de Roda, construido por Santigo Calatrava, y al lado de la estación. 

Sobre el asentamiento, las fuentes municipales consultadas aseguran conocerlo y que los servicios sociales intervienen cada día en los que hay diseminados por la ciudad, atendiendo las diferentes situaciones. Según Arrels Fundació, en el conjunto de la ciudad hay más de 800 personas que viven en solares, antiguas fábricas o campamentos como éste. El Ayuntamiento no ha querido dar datos sobre las personas que malviven en la Torre del Fang.

El equipamiento se encuentra ahora en el barrio de La Sagrera, justo en la frontera entre los distritos de Sant Martí y de Sant Andreu. Administrativamente, pertenece a Sant Andreu y desde allí se lleva ahora la gestión, aunque durante años dependió de Sant Martí, recuerda el exconcejal, Francesc Narváez. La masía está unida sentimentalmente a este último territorio. 

PROPUESTA DEL PDECAT EN 2018

En verano de 2018, los grupos municipales aprobaron a instancias del PDeCAT una propuesta para recuperar la finca. Uno de los acuerdos fue la creación de una mesa de trabajo con entidades, grupos municipales y gobierno para definir los futuros usos de la Torre del Fang. Una de las propuestas que se puso sobre la mesa fue convertir la finca de un centro de interpretación histórica de los barrios del entorno.

Uno de los ocupantes de la Torre del Fang, este domingo / METRÓPOLI ABIERTA
Uno de los ocupantes de la Torre del Fang, este domingo / METRÓPOLI ABIERTA

"Era una de las ideas, pero no recuerdo que se cerrara nada concreto. También se habló de abrir un centro sobre el campesinado. Más que un equipamiento de distrito, me parecería mejor un espacio de ciudad, aunque es un edificio que ofrece menos posibilidades de lo que parece. Una parte de la finca está micropilotada desde la construcción del túnel del AVE", subraya el presidente de la asociación de vecinos de Sant Martí de Provençals, Toni Santos.

UN CENTRO ABIERTO

Según el secretario de la asociación de vecinos del Clot-Camp de l'Arpa, Miquel Catasús, el acuerdo entre el ayuntamiento y las entidades vecinales prevé un equipamiento abierto, con un recurso histórico-educativo sobre Sant Martí de Provençals y un centro informativo sobre la estación de la Sagrera. "Tampoco queda mucho espacio útil, unos 600 metros cuadrados, con salas muy pequeñas". Catasús recuerda que el micropilotaje instalado hace años limita mucho los usos y obligará a hacer la entrada en una cota superior a la actual

Sea el proyecto que sea, en el mejor de los casos, tardará, como mínimo, más de cinco años en ser una realidad y podría costar alrededor de unos cinco millones de euros. La iniciativa municipal y del consorcio Barcelona Sagrera Alta Velocitat va ligada al futuro de la estación del AVE y la construcción del parque que se habilitara sobre las vías del tren, unos 8.000 metros cuadrados de terrenos, una parte de los cuales se podrían destinar a viñedos y a huertos urbanos. "Con la crisis que vendrá, veremos cómo queda todo. No habrá mucho dinero", añade Santos. Catasús también cree que, muy posiblemente, el proyecto se retrasará.

SALVADA DE LA PIQUETA

La Torre del Fang, una construcción hecha con arcilla, albergó los servicios de normalización lingüística y el centro de recursos pedagógicos y los archivos de Sant Martí, precisa Narváez. Pero ahora lleva cerrada más de 10 años. La torre se salvó de ser derribada por la construcción del túnel de AVE, durante los tiempos del alcalde Jordi Hereu, por la fuerte oposición vecinal y la presión política -especialmente de CiU-. Vecinos y partidos lograron que se paralizara el derribo y que se llevaran a cabo los cambios necesarios en la obra para conservar la finca, lo que obligó a micropilotar la Torre del Fang.

Coches de bomberos, junto a la Torre del Fang, en enero de 2019 / HUGO FERNÁNDEZ
Coches de bomberos, junto a la Torre del Fang, en enero de 2019 / HUGO FERNÁNDEZ

La masía tiene su origen a finales del siglo XIII o principios del siglo XIV, aunque algunas leyendas, como la del cor menjat de Joan Amades, sitúan en esta casa los amores de Dolça de Provença, mujer del conde Berenguer III, con un joven trovador en el siglo XII, explicó la periodista Cristina Palomar en Metrópoli Abierta.

BOMBARDEO DE BARCELONA

La Torre del Fang, propiedad de familias adineradas, como los Galzeran de Gualbes, formaba parte hace siglos del núcleo de Sant Martí de Provençals. Fue una zona agrícola y de viñedos hasta mediados del siglo XIX, cuando se empezaron a construir algunas fábricas. En la guerra de 1714, las tropas borbónicas utilizaron la masía para bombardear Barcelona.

Vista de algunas de las chabolas de la Torre del Fang / METRÓPOLI ABIERTA
Vista de la Torre del Fang con algunas chabolas / METRÓPOLI ABIERTA

Desde 1852, el edificio convive con el tren. Justo al lado se construyeron algunas de las primeras vías ferroviarias de la ciudad y posteriormente las líneas hacia Francia. Más adelante, sobre 1918, el edificio lo compró Fomento y Contratas, que albergó allí sus oficinas. La zona se degradó enormemente cuando se ubicó allí, en 1947, el barrio chabolista de La Perona

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