Spoiler: esta es una historia con final feliz. Sí, la justicia vecinal se impone. 40 años de lucha han terminado dando sus frutos (aunque su argumento esté más que maduro). Según el Plan General Metropolitano del 76, las 36 casitas que vertebran el entrañable passatge de Santa Eulàlia debían desaparecer del mapa. Estaban afectadas. Recogidos los escombros, se levantarían dos bloques de pisos de varias alturas, mientras que la zona verde proyectada sobre el papel haría olvidar lo que es hoy (y seguirá siendo): unas callejuelas de estilo británico.

El último pleno del Ayuntamiento de Barcelona aprobó por unanimidad la desafección de las casas. No solo se trataba de una deuda pendiente con sus vecinos, sino de una acción administrativa con espíritu cultural. Uno de sus inquilinos, Jordi Sànchez, descubrió hace cerca de un lustro que las fincas habían sido construidas por Santiago Codina Casas, sobrino del pintor modernista Ramon Casas.

Artista y familia eran los propietarios de los terrenos, a quienes una placa les aguarda su memoria desde 2012. Según rememora el texto; El 10 de novembre de 1912 els terrenys d'aquesta illa de cases van passar a ser propietat del pintor Ramon Casas i Carbó i les seves germanes Montserrat i Elisa. Els veïns els hi volem agrair la construcció de les nostres cases unifamiliars. Barcelona, 10 de novembre de 2012.

ESTILO 'BRITISH'

El factor Casas aportó un valor añadido a la línea proteccionista de sus inquilinos, pero lo que también estaba en juego era el peculiar gen british que ahora ya respira aliviado en el seno de Nou Barris. Fue el reconocido arquitecto de la época, Josep Maria Ros, quien importó a los periféricos terrenos barceloneses el estilo urbanístico de la Union Jack. Casitas unifamiliares, de dos plantas, con sus vallas de baja altura, las cuales dan acceso a su jardines. Sobre el verde ya nacen las fachadas delantera y trasera.

La apuesta finalmente forjó en 1929 una serie de tejadillos por las calles de Pardo, Riera d'Horta, Antoni Costa, Escòcia y este último pasaje, el cual da nombre a la comunidad. Un remanso de paz en el que sus vecinos conviven en fila india y atrapados en una atmósfera de los años 30. Incluso la via resta por asfaltar. Sánchez siempre ha defendido que en esa zona se concentran las casas más antiguas que restan en pie en el distrito, tal como ya hizo público en su exposición 'Can Garrigó y el pintor Casas'. Una isla de fincas que no deja de ser la descendencia histórica del antiguo núcleo urbano de Santa Eulàlia de Vilapicina.

Sin embargo, la imagen que proyectan las casas al transeúnte contrasta con los problemas administrativos que se cocinaban en su interior. Al encontrarse urbanísticamente afectadas, los vecinos no podían ni hipotecar las viviendas, ni venderlas sin apenas dificultades. Conseguir una licencia de obras para rehabilitarlas se convertía en un via crucis, mientras que la duda de invertir siempre perecía; ¿era necesario inyectar dinero en unas paredes que terminarían yéndose al suelo?

"UNA DEUDA HISTÓRICA"

El voto en verde de todos los regidores de la Casa Gran ha permitido que finalmente la zona quedara desafectada. “Una deuda histórica”, exclamaba la regidora de Nou Barris, Janet Sanz, mientras contemplaba a sus vecinos situados en la tribuna, aferrados a sus llaves. “Aplaudimos que se haya dado esta solución”, señalaban desde el grupo municipal Demòcrata; final al que que sus compañeros de bancada (C's) adjetivaban de “justicia”.

“Esperemos que sea el preludio para el resto de BCN”, apuntaban los republicanos, ya que como bien recordaban desde las filas de la CUP – Capgirem Barcelona, este precedente “sirve para hacer un llamamiento a los barrios que aún tienen este tipo de problemas”. Ahora solo falta que la Generalitat firme la documentación para que los fantasmas de las retroexcavadoras desaparezcan.

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