Los vecinos del número 67 de Marquès de Sentmenat han declarado la guerra al club cannábico ubicado en los bajos de su inmueble abierto desde el 17 de febrero. Tras intentar frenar la apertura de la asociación de fumadores, los residentes denuncian que los olores de marihuana traspasan el local y suben hasta los rellanos de los pisos y el patio interior. Las aromas a hierba, dicen, también se cuelan en algunos domicilios. 

El local obtuvo en un inicio el informe favorable por parte del Ayuntamiento de Barcelona para iniciar la actividad. Como en el resto de las cerca de 200 asociaciones abiertas en la ciudad, en la sala solo acceden los socios, en este caso mayores de 21 años. En el interior está permitido el consumo de cánnabis. 

El 20 de febrero, una inspección municipal reconoció olores en los vestíbulos, la entrada del edificio, el ascensor y las escaleras. En el acta de inspección se señala una ventilación del segundo piso como posible foco del problema. El Ayuntamiento dio un margen de 15 días --que termina el 10 de marzo-- para aportar un certificado "complementario" para subsanar los olores y exige al local que arregle la salida de humos. En caso contrario, el consistorio avisa que dejará "sin efecto" la licencia de actividad y el local deberá cerrar.

SEIS VISITAS DE LA URBANA

Salvador lidera la protesta desde hace meses contra este local. Los vecinos afirman que el local se encuentra a menos de 100 metros de un centro de formación superior. El plan especial urbanístico que regula estas asociaciones deja fuera de la normativa a estos centros y solo contempla centros de enseñanza obligatoria. También tiene en cuenta los centros de atención y seguimiento de drogodependencias y equipamientos comunitarios. 

"No estamos en contra de los clubes cannábicos, solo de las molestias que ocasionan", relata Salvador. A partir de las 17 horas, dice, es cuando empiezan a llegar más consumidores y los olores se hacen más evidentes. La Guardia Urbana ha acudido seis veces y, en todas ellas, ha certificado las aromas a cánnabis, según la versión de este vecino. 

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Entrada del club cannábico, en el 67 de Marquès de Sentmenat / GUILLEM ANDRÉS

El local, regentado por tres socios, defiende que cumplen con todos los requisitos que exige el Ayuntamiento. Marc Martínez, uno de los encargados, explica que el segundo día de actividad vino un inspector municipal. "Nos dijo que todo estaba perfecto", cuenta. Al día siguiente, los inspectores regresaron después de que los vecinos se empezaran a quejar por los olores. El empresario mantiene que no pudieron acceder al tejado para comprobar el estado de la chimenea. "No se ha determinado que el error sea nuestro. Puede ser que sea de un vecino que fume", señala.

155 SOCIOS

Martínez manifesta que los inspectores hicieron una revisión "completa" a excepción de la chimenea. Los vecinos también lo acusan de manipular una instalación del parquin instalando un cable para acceder a la luz. El encargado defiende que lo único que ha hecho es abrir una tubería para instalar el cableado nuevo, un requisito establecido por el consistorio.

En apenas tres semanas, el local ya suma 155 socios. Unos bancos acolchados rodean el interior del local, que cuenta con pantallas de televisión. A las dos de la tarde de un día entre semana, el club registra cuatro o cinco socios que fuman, dispersos. Alguno lee o trabaja con un ordenador. Martínez explica que está organizando una liga de ajedrez. "La gente viene a relajarse, hablar y estudiar", describe. 

FUMADORES RESPONSABLES

Este emprendedor atribuye las críticas vecinales a la "incultura" o el desconocimiento. "Les he invitado para que lo vean, pero nadie quiere entrar. Se creen que la gente está tirada por el suelo, drogada, como si fuera una antigua casa de drogas", asegura. Cree que los vecinos sospechan que el local se dedicará a preguntar a adolescentes si quieren fumar y que, en el futuro, el local se convertirá en un punto de trapicheo de drogas. 

Martínez está tranquilo y asegura que no tiene nada que esconder. "Soy el primer interesado en que si hay un olor, se arregle", insiste. Este empresario justifica la prohibición de entrada a menores de 21 años debido al tipo de perfil de socio que buscan. "No queremos a niños. Queremos gente madura que fume de manera responsable. Es la base de mi club social", explica.

MODIFICACIÓN DE LA ORDENANZA

La abogada de Martínez está trabajando para realizar el informe complementario que le pide el Ayuntamiento. Mientras, Salvador sigue presionando al Ayuntamiento para conseguir el cierre del local si siguen los olores.

De momento, la protesta de esta comunidad de vecinos ha conseguido que Junts per Catalunya, Ciutadans y PP lleven al próximo pleno de Les Corts del 10 de marzo una propuesta para limitar el número de clubes cannábicos. En las próximas semanas, un concejal de ERC se reunirá con los vecinos para conocer la situación de primera mano.

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