El tema de la construcción de una residencia de ancianos en un solar del Obispado de Barcelona en el distrito de Les Corts va tomando forma y se acerca a su desenlace a la misma velocidad a la que crece la ira y la desconfianza entre los vecinos. El solar en cuestión, ubicado en las calles Joan Güell, Remei y Galileo, es propiedad de la Fundació Sant Josep Oriol y contiene un viejo edificio que es una residencia de sacerdotes, además de otro que era un antiguo seminario.

La primera intención del Arzobispado barcelonés era transformar este último edificio en una residencia de investigadores, proyecto que finalmente fue desechado por la oposición vecinal. El Ayuntamiento medió entre la institución eclesiástica y el vecindario para que la sangre no llegase al río y acordar una solución que contentase a ambas partes. Pero ahora la tensión se ha vuelto a desatar después de conocerse que el Arzobispado plantea una residencia de ancianos en lugar de la residencia de investigadores que tanto rechazo había producido.

LOS PERMISOS DEFINITIVOS

Según los cálculos administrativos que afectan al proyecto, ese cambio de usos provoca que ahora comience un nuevo proceso de alegaciones sobre la residencia, en el que se supone que los vecinos intentarán paralizar de nuevo el comienzo de las obras. No obstante, se espera que antes de fin de año, la residencia de ancianos pueda contar con los permisos definitivos para comenzar las obras.

Los vecinos se quejan de que nadie ha negociado con ellos. “Nos llamaron a primeros de octubre a una reunión en el ayuntamiento y nos dijeron que el proyecto ya estaba redactado. Nos enteramos así, de sopetón”, explica a Metrópoli Abierta un vecino del distrito. Para las asociaciones cívicas del barrio y el vecindario, el proyecto tiene importantes impactos negativos, entre ellos el “perjuicio urbanístico, ecológico y de movilidad  para el barrio” y la destrucción de un “jardín protegido que ha de conservarse”.

AGUSTÍ COLOM SE IMPLICÓ A FONDO

También se quejan de que nadie ha negociado con ellos este segundo proyecto y de que se enteraron a última hora del nuevo uso que se le quiere dar a la residencia. Desde el Arzobispado, en cambio, aseguran que “no se ha dejado nunca de negociar”. Y el director de Sant Josep Oriol, Josep Serra, detalla a este diario que “tenemos conversaciones con los vecinos desde hace dos años. Nunca se ha dejado de hablar con ellos, aunque desconozco los detalles exactos del proyecto”.

Fuentes del Ayuntamiento de Barcelona, por su parte, confirman a este diario que la Administración intermedió entre vecinos e Iglesia en muchas ocasiones los últimos dos años, en reuniones que en ocasiones fueron presididas por el concejal del distrito, Agustí Colom, muy preocupado por las consecuencias que podía tener el tema. La última reunión fue el 3 de octubre, precisamente cuando el Ayuntamiento comunicó los nuevos datos del proyecto.

El consistorio se escuda en que la licencia de edificación fue otorgada en el tramo final del mandato del anterior alcalde, Xavier Trias, y se adecuaba a los parámetros contenidos en el plan general metropolitano (PGM). “Desde el minuto 1, el Obispado tenía el derecho a iniciar la construcción. Y nosotros no le podíamos denegar el permiso porque hubiésemos prevaricado, ya que cumplía la normativa”.

SE REBAJARON VARIAS PLANTAS

De hecho, el permiso concedido preveía que el nuevo edificio-residencia podría tener hasta 7 plantas, lo que soliviantó a los vecinos. Finalmente, la Iglesia rebajó sus pretensiones y ahora, para la residencia de ancianos, prevé una altura de tres pisos y una cuarta que no ocupa toda la planta, sino que recula en la fachada de la calle del Remei y de cuatro plantas más una quinta reculada en la calle Galileu. “El Obispado rebajó la edificabilidad debido a la presión vecinal y a la mediación del Ayuntamiento, que realizó una intensa labor de convencimiento”, explican fuentes del distrito municipal.

Aunque desde las entidades vecinales quieren negociar con el Obispado el proyecto final, desde la entidad religiosa se da por hecho de que ya se han dado importantes concesiones con la renuncia a dos o tres plantas de altura. Aún así, queda pendiente un tema de preservación de los jardines que rodean el edificio: los vecinos afirman que están protegidos, mientras que desde el consistorio se afirma que sólo una parte de los jardines del interior del solar están patrimonializados, mientras que los colindantes con el edificio a construir no están afectados.