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Hartos de ruido. Hartos de incivismo. Hartos de borracheras. Los vecinos del Turó de la Rovira han exigido al Ayuntamiento que cierre el acceso durante la noche a los conocidos búnker, que se han convertido en un centro de atracción turística aunque no hay ningún tipo de control ni en sus accesos ni sobre las actividades que allí se llevan a cabo.

La situación, afirman los vecinos de la zona, ha llegado a un punto insoportable para ellos. Durante las horas diurnas, el recinto de las baterías antiaéreas es un continuo ir y venir de turistas que provoca situaciones incómodas para los vecinos de la zona.

Por ejemplo, el acceso a la zona se hace, en la mayoría de las ocasiones, por medio de un bus del barrio pensado el número de habitantes de la zona. Sin embargo, su uso por parte de los turistas implica que casi siempre el vehículo vaya lleno y algunas personas deben esperar al paso de otro para poder acercarse a su vivienda.

VALLA Y VIGILANCIA

Por ello, los vecinos, que han mantenido reuniones con los responsables del consistorio, exigen que se establezca un sistema de vigilancia permanente durante el día que impida que se hagan actividades ilegales o incívicas que afecta a la vida diaria de las personas que habitan cerca del recinto.

Y quieren, además, que el recinto se valle y se cierre por la noche, para impedir el acceso de los visitantes. Los peores momentos se producen cuando algunas de las personas que ascienden hasta los búnker se comportan de manera incívica no permitiendo el descanso de los vecinos.

Para los vecinos resulta de todo insuficiente que el Ayuntamiento haya decidido cortar al tráfico de coches particulares la calle Gran Vista, que da acceso al recinto de las baterías antiaéreas. Los visitantes pueden acceder andando o en el bus del barrio sin que nadie se lo impida, por lo que la medida apenas sirve para paliar mínimamente las molestias que les toca sufrir.

COCHE INCENDIADO

Los habitantes de la zona señalan que algunas veces han tenido problemas serios. En una ocasión, uno de los vecinos se percató de que unos turistas estaban orinando en la pared de su casa. Cuando salió para recriminárselo, los turistas se encararon con él y le golpearon. Tuvo que ser atendido en una centro hospitalario por las heridas que le produjeron. Puso la pertinente denuncia, pero la identificación de los turistas, que eran extranjeros, es muy difícil.

Y en otra ocasión, unos vándalos intentaron incendiar un vehículo que estaba aparcado en la zona. La rápida reacción del propietario del mismo y del resto de los vecinos evitó que el coche sufrieran grandes desperfectos. Consciente de la inutilidad de la denuncia por la dificultad en identificar a los vándalos, el propietario del vehículo se limitó a reparar los daños.

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