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Todos los vecinos del barrio de Horta conocen la masía de Mas d'Enrich. Aunque no sea bajo ese nombre. Los hortenses la llaman la Torre del Moro. En una de sus icónicas ventanas se aprecia el rostro de un hombre con turbante, lo que originó el sobrenombre con el que se le identifica hoy en día. Incluso los más jóvenes del barrio la conocen, aunque no reparen en sus detalles. No es de extrañar, dado su estado deplorable y ruinoso. La casa está catalogada por el Ayuntamiento de Barcelona y por la Generalitat de Catalunya como “Bien Cultural de Interés Local”. Sin embargo, nadie parece interesarse por ella.

LOS CHATARREROS SE ADUEÑAN DE LA TORRE

La torre lleva tiempo abandonada a su suerte. Como consecuencia de ello, hace unos años sufrió un derrumbamiento parcial en su estructura. En cualquier momento el edificio puede acabar declarándose en ruinas, sin valor arquitectónico alguno. 

La masía también se ha convertido en un foco de problemas para los vecinos de la zona. La dejadez de sus propietarios ha llevado a que chatarreros la ocupen desde hace años como lugar de trabajo y almacenaje. Se trata de un grupo de subsaharianos, que han hecho de Mas d'Enrich su guarida para guardar el metal y cualquier objeto que puedan vender. Los hombres trabajan la chatarra en la casa y en la calle, en la misma acera, lo que ocasiona molestias a los residentes.

MOLESTIAS PARA LOS VECINOS

Los vecinos aseguran a Metrópoli Abierta que esta actividad genera todo tipo de ruidos, de “radiales, sierras y martillos”. También lamentan la suciedad en la zona, con restos de chatarra dispersos por aceras y calles y “carros aparcados por todas partes”. Pero los chatarreros no son los únicos que degradan la masía. “Algunos vecinos incívicos tiran todo tipo de basura a cualquier hora cerca del edificio”, matiza un hortense que vive enfrente, en la calle Coïmbra. "Y eso pese a que hay un vertedero municipal muy cerca", añade.

Torre del Moro
Exterior de la Torre del Moro / MA

Entre los que viven en la pedanía del torreón existe un cierto hartazgo por esta problemática enquistada en el tiempo. Una vecina de la zona señala a Metrópoli Abierta que llevan años viendo como la torre del moro se “cae a pedazos”. Según ella, las ratas y cucarachas proliferan por los aledaños de la casa. Se han acostumbrado a verla en este estado, pero eso no quita que aún alberguen esperanzas en la remodelación de la masía y se le dé un buen uso. En este sentido, el grupo de estudios local El Pou trató de que se reconvirtiera en un espacio sobre la historia de las rieras de Horta, una propuesta que cayó en saco roto.

PERDIDA EN EL TIEMPO

¿Pero qué puede hacer el Ayuntamiento de Barcelona con la Torre del Moro? Según un portavoz del consistorio, al tratarse de una finca privada son "sus propietarios actuales los responsables de su mantenimiento". Aún así, indican que "desde el Distrito ya se ha contactado con ellos y se han abierto diversos expedientes para requerirles que intervengan en la finca", aunque hasta el momento han hecho oídos sordos. Desde el Ayuntamiento afirman que "están haciendo un seguimiento del caso" desde el Distrito, gobernado por el PSC, con Rosa Alarcón como máxima responsable. Frente a esta reacción, los vecinos señalan que el consistorio actúa como siempre con la Torre del Moro, "limpiándose las manos" y evitando abordar el problema.

Entre tanto, la masía de Mas d'Enrich pierde su valía, identidad e historia. En su día sirvió como puesto de vigilancia y defensa de los soldados que se dirigían al castillo de Valldaura desde Barcelona. Siglos después, en la Barcelona industrial, se reconvirtió en una fábrica de pieles, e incluso sirvió como taller donde se imprimía la revista Mundo Obrero, tal y como explicó Xavier Casinos en su sección Barcelona Secreta de La Vanguardia. La torre queda irremisiblemente olvidada en el tiempo, a espaldas de cualquier acción que la salvaguarde.

Imagen de la Torre del Moro
Imagen de la Torre del Moro / MA

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