El barrio del Turó de la Rovira ha sido, durante muchos años, un lugar casi aislado de la ciudad, hasta hace poco olvidado por las administraciones y amenazado con una desaparición forzosa desde hace mucho tiempo.

La razón: llevar a cabo el Pla dels Tres Turons que condenará a muchas viviendas de los alrededores del Turó de la Rovira, el Turó del Carmelo y el Turó de la Creueta del Coll. Un plan que ha ido pasando por las manos de diferentes equipos de gobierno sin que ninguno de ellos se decidiera a ponerlo en marcha de manera definitiva.

Se han hecho algunas actuaciones urbanísticas teóricamente ligadas al plan, como la reciente reurbanización de la calle Mühlberg y el acondicionamiento de las calles Panorama, Labèrnia y Marià Labèrnia, todas ellas que dan acceso a las ahora archiconocidas baterías antiaéreas del Turó de la Rovira. Eran actuaciones necesarias no solo para mejorar los accesos a la zona, sino sobre todo para mejorar la vida de sus vecinos.

El Carmelo y, detrás, la Rovira. / CR

Sin embargo, esa mejora trae aparejada una idea que angustia a los habitantes de las viviendas afectadas. Han visto cómo el Ayuntamiento ha empezado a poner en marcha sus engranajes para llevar adelante el Plan dels Tres Turons. Y aunque saben que las actuaciones no serán inmediatas, ven cómo su futuro se ensombrece.

PRESENTAR BATALLA

El barrio más afectado es, sin duda, el del Turó de la Rovira. El plan que el Ayuntamiento quiere llevar a cabo implica la desaparición de todas las viviendas de la montaña, que pasaría a ser zona verde. Los vecinos serían reubicados en unos pisos que se construirían en Can Baró, una solución que no contenta a ninguna de las partes afectadas.

Los vecinos del Turó de la Rovira están dispuestos a presentar batalla para que se respeten sus derechos. Defienden que sus casas son legales, que sus antecesores compraron los terrenos y construyeron las viviendas acorde con la ley, en una zona que entonces tenía la calificación de urbana, hasta que el alcalde Porcioles la cambió a zona verde. “Tenemos escrituras de todo. Se compraron las parcelas a la propietaria, que vivía aquí y parceló la zona para venderlas. Entonces era zona urbana, pero cuando se recalificó Vistapark, que era zona verde, para construir edificios, se tuvo que buscar una zona urbana para recalificarla como zona verde. Se eligió el Turó de la Rovira. Y desde entonces, estamos en esta situación”.

La calle Morató aún está sin asfaltar. CR

Quien así habla es Conchita Lozano, coordinadora de la Asociación de Vecinos del Turó de la Rovira, que está dispuesta a llegar hasta donde haga falta para defender el derecho de los vecinos de la zona a permanecer en sus viviendas.

“Este es un asunto que se vuelve a mover otra vez, aunque por ahora va despacio. El Ayuntamiento nos ha citado en alguna ocasión para hablar de los pisos que quieren hacer en Can Baró para realojarnos, pero nosotros y los vecinos de Can Baró estamos en contra. Ni nosotros queremos irnos de aquí ni ellos quieren que vayamos allí”, afirma Conchita. "Hemos pedido reunirnos con la alcaldesa y nos ha remitido a la regidora del distrito, Mercedes Vidal, a quien nos hemos dirigido, pero ni nos ha contestado. Y nunca ha venido ni a preguntarnos ni a interesarse por nosotros".

CARTA A LA UE

En su lucha por defender sus viviendas, los vecinos han llegado a dirigirse a la Unión Europea. “Les hemos enviado una carta para ponerles al corriente de la situación y nos han aceptado la demanda. Lo único que pedimos es que esta zona sea tratada como zona mixta, es decir, como una zona verde en la que hay algunas casas. De este tipo de zonas hay en toda Europa".

La tranquilidad se respira en la ladera del Carmelo. / CR

La posibilidad de que sus casas vayan al suelo resulta angustiosa para aquellas personas que siempre han vivido en la zona. Maria Villa, que nació y creció en la calle Marià Labèrnia, donde sus abuelos, que llegaron en los años 50, construyeron con sus propias manos la casa de la familia, se queja del abandono a que han estado sometidos por parte de las administraciones hasta hace muy poco. Y, curiosamente, ahora que han arreglado la calle se resucita el polémico plan. “Las obras de acondicionamiento de la calle acabaron hace apenas un año. Y estuvieron dos haciéndolas, gastando mucho dinero. Pusieron nuevo alcantarillado, fibra óptica… Pero el barro, el polvo y los ruidos los hemos aguantado los vecinos. ¿Lo arreglan todo y ahora nos quieren echar?”, se pregunta al tiempo que mueve la cabeza negando que esa sea una opción que vayan a aceptar los vecinos.

Las palabras de Maria son escuchadas con atención por otra de las vecinas que ha estado toda la vida en el barrio, Nuria. “Pensamos que lo que quieren es dejarlo todo preparado para ejecutarlo en la próxima legislatura. Además, dicen que el proyecto que se llevará a cabo es el que estaba vigente en 2010, el anterior a Trias, que fue el que optó por el de la zona mixta, que permite que las viviendas sigan en pie. El Ayuntamiento dice que ese proyecto no se puede echar atrás porque ya está aprobado. Pero Trias sí introdujo cambios y puso en marcha la zona mixta, en la que las viviendas se quedan, aunque no se pueden modificar ni construir ninguna más. Y eso es lo que queremos”.

MILLONARIOS

“Al parecer”, interviene Conchita, “en el Ayuntamiento deben creerse que somos millonarios por vivir en una casa en Barcelona. Sí sabemos que hay personas que han aceptado irse, algunas de la calle Santuarios, pero a esas no les dicen que sí. Y a nosotros, que no queremos irnos, nos quieren echar. Se hizo una encuesta en el barrio y de 70 personas, solo tres dijeron que si les daban una buena compensación, se lo pensarían”.

El parque de la Creueta del Coll, con Barcelona al fondo. / CR

Además, presiente que alguien quiere hacer negocio con ellos: “Nos quieren realojar en unos pisos nuevos, que se supone que pagaremos con el dinero de las indemnizaciones que nos darán por echarnos. Ya sabemos el dinero que nos quieren dar, y también sabemos que los pisos en los que nos quieren realojar costarán el doble de lo que nos dan. Es curioso”.

Y mientras charlamos, van llegando autobuses del barrio llenos de turistas. Japoneses, italianos, franceses, ingleses, jóvenes atraídos por la impresionante vista de Barcelona que se contempla desde el lugar donde primero hubo baterías antiaéras y luego chavolistas. Los vecinos solo se quejan del incivismo de algunos de ellos. "Hay quien se queda toda la noche y cuando amanece baja borracho y molesta, pero la mayoría son respetuosos y educados".

La única barrera que los vecinos encuentran para retrasar todo lo posible los planes del Ayuntamiento es que aún tienen que aprobar el presupuesto para ponerlo en marcha, y esperan que los partidos de la oposición se nieguen a darle el visto bueno.

SIN NOTICIAS

Por su parte, en la Asociación de Vecinos de Coll-Vallcarca, que también tiene afectada algunas viviendas por el plan, niegan tener conocimiento de que el Ayuntamiento tenga intención de poner en marcha el proyecto. “A nosotros nadie nos ha dicho nada”, asegura Salvador Barrau, presidente de la asociación. “Aunque en este barrio la afectación es menor, al menos deberían decírnoslo, aunque sabiendo cómo van las cosas… Supongo que cuando nos necesiten nos los dirán. Pero por ahora no nos han comentado nada”-

La vista de Barcelona desde el Turó de la Rovira lo ha llenado de turistas. / CR

El día a día de las personas afectadas por los planes del Ayuntamiento en los Tres Turons se ve trastocado cada vez que este asunto se reactiva. No quieren perder sus casas, ni su forma de vida, ni la relación con sus vecinos. Solo quieren que les dejen seguir viviendo en el lugar en el que sus padres y abuelos encontraron cobijo en Barcelona y donde, con mucho esfuerzo y trabajo, labraron el futuro de sus familias.

Una de las vecinas que más años lleva viviendo en el Turó de la Rovira, se acerca a nosotros y sentencia: “Que venga aquí la alcaldesa a decirme que esta casa no es mía, que verás lo que le explico”.

 

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