Desde hace unos meses, la vida en el barrio de Sant Genis del Agudells, en el distrito de Horta-Guinardó, se está viendo sacudida por un episodio de okupación que ha despertado un cierto malestar entre los vecinos. La okupación del edifico abandonado de la masía de Can Safont ha provocado algunos enfrentamientos entre okupas y vecinos y estos han iniciado una campaña para exigir que aquellos abandonen el edificio.

La confrontación ha llegado a tal punto que los okupas han decidido convertir el edificio en un fortín. Puertas y ventanas atrancadas, alambre de espinos y cristales para evitar que alguien intente entrar por sorpresa para echarlos del lugar.

Por su parte, los vecinos han optado por iniciar una serie de caceroladas a las puertas del edificio para exigir que los okupas se vayan. Es en esos momentos cuando la tensión se agudiza, aunque hasta el momento no ha pasado de gritos, insultos y algunos gestos obscenos. La presencia de los Mossos d'Esquadra y la Guàrdia Urbana durante la cacerolada ha sido, hasta ahora, argumento suficiente para que los enfrentamientos no pasaran a mayores.

VERSIONES CONTRADICTORIAS

Sin embargo, las acusaciones cruzadas no auguran un arreglo a corto plazo. Según publica La Vanguardia, algunos vecinos acusan a los okupas de ir por la calle insultando y pegando a la gente, y les recriminan haber pintado la palabra 'konvento' en la fachada con la 't' al revés, como el símbolo del anticristo.

Los okupas ofrecen una versión completamente diferente. Aseguran que fueron vecinos del barrio los que empezaron las agresiones, lanzándoles piedras y quemando un cartel que tenían en la entrada, y que se sienten amenazados, por lo que han optado por hacer del convento una especie de fortín. Aseguran que al principio se llevaban bien con los vecinos, sobre todo con los jóvenes, pero que todo cambió cuando no se pusieron de acuerdo en el uso de algunos espacios del edificio.

Los okupas han colocado cristales y alambre de espino para sentirse protegidos / MIKI
Los okupas han colocado cristales y alambre de espino para sentirse protegidos / MIKI

Mientras tanto, las administraciones se lavan las manos. Argumentando que el recinto es de propiedad privada, pertenece a una fundación, solo pueden actuar si hay una decisión judicial. Desde la fundación aseguran que han denunciado la ocupación, mientras que los vecinos confirman que el recinto estaba deshabitado pero no abandonado, ya que de vez en cuanto acudían operarios a realizar algún tipo de mantenimiento.

Pero mientras no se dé una solución definitiva al asunto, los vecinos tienen la intención de mantener sus caceroladas, y los okupas de mantenerse en el recinto hasta que una decisión judicial les obligue a salir de Can Safont.