La Teixonera es un de los barrios que forman parte del distrito de Horta-Guinardó. Situado justo al lado del hospital de Vall d'Hebrón, sufre desde hace tiempo una escasez de inversión por parte de las administraciones públicas que han acabado con la paciencia de sus vecinos. No tienen ningún servicio público, ni colegios, ni centro médico, y el único equipamiento es un centro cívico que tienen que compartir todas las asociaciones del barrio.

Hartos de esperar que el Ayuntamiento se acuerde de ellos y de que se cumplan de una vez las promesas que les ha hecho, incumplidas desde hace tiempo, los vecinos han decidido ponerse en movimiento y unir sus fuerzas para exigir al Gobierno municipal que se acuerde de que forman parte de la ciudad y que necesitan los mismos servicios que el resto de los ciudadanos.

SIN EQUIPAMIENTOS

De hecho, la Teixonera no dispone ni de centros médicos, pese a su cercanía de un gran hospital como el Vall d'Hebrón, ni de parvulario, ni de centro escolar. “Nuestro único equipamiento es el Centro Cívico, que además tienen que compartir varias asociaciones”, denuncia un vecino harto de la situación del barrio.

Por eso, un grupo de residentes han optado por impulsar la formación de una plataforma destinada a impulsar los proyectos que constan en el Pla de Barris pero que se han quedado en el tintero. “En su día nos prometieron muchas cosas”, afirman desde la Grupo Impulsor del Pla de Barris de la Teixonera, “pero a la hora de la verdad no se ha hecho casi nada. Descontando dos escaleras mecánicas de Mare de Déu dels Angels y Canadencs, prácticamente en este barrio no se ha hecho nada de lo prometido”.

POBLACIÓN ENVEJECIDA

La falta de equipamientos próximos se hace más patente en un barrio lleno de subidas y bajadas en el que la población se ha ido envejeciendo sin que se haya hecho casi nada para mejorar la vida de los vecinos.

Las escaleras mecánicas con insuficientes para el barrio / HUGO FERNÁNDEZ
Las escaleras mecánicas son insuficientes para el barrio / HUGO FERNÁNDEZ

El transporte público deja mucho que desear ya que apenas alguna línea pasa por el centro del barrio y las personas de mayor edad, que ven como moverse en autobús, sobre todo si tienen que hacer transbordo, es casi una odisea, no tienen más remedio que quedarse en casa o limitar sus movimientos a los alrededores de su vivienda.

Además, la falta de equipamientos es un hándicap que retrae a muchas personas, sobre todo las parejas jóvenes, que prefieren instalarse en barrios en los que haya escuelas públicas y centro médicos más cercanos.

¿Y LA BÓBILA?

En verano de 2017, la regidora del distrito de Horta-Guinardó, Mercedes Vidal, presentó a bombo y platillo el plan que debía proporcionar a las entidades del barrio un local adecuado. El lugar elegido fue la vieja fábrica de ladrillos conocida como la Bòbila, abandonada desde hace tiempo y que es un lugar ideal para que los vecinos de la Teixonera tengan un lugar donde reunirse.

Han pasado dos años, y todo sigue igual. La Bòbila casi en ruinas y las entidades del barrio sin un local adecuado. “Lo de la Bòbila es increíble”, asegura un vecino que conoce bien el tema pero que prefiere mantenerse en el anonimato. “Hace dos años que nos prometieron que se iba a rehabilitar, pero aún no se ha tocado ni un ladrillo. Y veo difícil que en lo que queda de legislatura se haga nada. Es una vergüenza”.

La remodelación contemplaba una planta baja donde se iba a instalar un espacio para la memoria histórica y una primera plata donde se iba a adecuar un espacio para las entidades. Las obras contaban con un presupuesto de dos millones y un tiempo de realización de entre dos y tres años.

Sin embargo, los recortes y la falta de plantificación desde el propio consistorio han dejado el proyecto olvidado en un cajón a la espera de que alguien lo recupere. Pero eso ya será en la próxima legislatura... o no.