La calle Sinaí de Sant Genís dels Agudells es un lugar sin ley. Los vecinos están atemorizados, resignados y también muy hartos de un clan de georgianos que se han instalado en el antiguo colegio Menéndez Pidal. Cada vez que entran en un comercio, denuncian algunos ciudadanos, lo hacen con la intención de robar. "Hacen literalmente lo que les da la gana", se queja la empleada de un supermercado, quien explica que los hurtos se producen a diario en su establecimiento.

Cámaras de seguridad, candados, arcos detectores, puertas que se abren con un interruptor y hasta códigos de seguridad. Los vecinos de Sant Genís se han tenido que inventar todo tipo de estrategias en el último año y medio para repeler los robos. 

Como explica la dependienta de la Frutería Marga, cada vez que alguien entra en la tienda dice un "hola" al cliente. Si la otra persona le contesta sabe que es un vecino del barrio, en cambio, si no le dice nada, entiende inmediatamente que se trata de uno de los okupas georgianos y que por tanto viene a robar. "La mayoría de ellos no sabe español y como no saludan los identificamos de esta manera", explica la chica.

UNA GRAN BATIDA NO DEL TODO EFECTIVA 

Hace más de un mes y medio, más concretamente el 4 de abril, los Mossos d'Esquadra y la Policía Nacional realizaron una operación conjunta para desarticular a la banda de ladrones, principalmente georgianos, que estaban instalados en el colegio Menéndez Pidal. La noticia corrió como la pólvora porque el lugar donde vivían los okupas era el edificio en el que se rodó la conocida serie Merlí​. 

Entrada de los okupas del instituto de Sant Genís dels Agudells / M. B.
Entrada de los okupas georgianos del colegio de Sant Genís dels Agudells / M. B.

Desde aquel día hasta ahora, la mayoría de vecinos coincide en que el ambiente ha cambiado. Ahora está más tranquilo, no se cometen tantos hurtos. Sin embargo, la sensación de inseguridad y los temores de que se vuelvan a cometer más robos no abandonan los pensamientos de los vecinos de Sant Genís.

Como señala uno de los dependientes del supermercado, al principio, después de las detenciones, el ambiente se calmó. "Ahora vuelven a venir, vuelven a robar y a llevarse artículos de la tienda", explica. La mayoría de las veces, los encargados del establecimiento se encargan de vigilares muy de cerca y de quitarles los artículos que cogen: "Entonces se enfadan, te empiezan a insultar en su idioma y te amenazan de muerte", añade este joven.

Desde el Bar Magenta, también ubicado en la calle Sinaí, tienen la sensación de que han vuelto otra vez los mismos ladrones de antes. "Pensábamos que se habían marchado todos", explican, y añaden que cada vez que entran en el bar tienen que estar muy atentos porque "siempre te intentan quitar algo"

MEDIDAS DE PRECAUCIÓN

La dependienta de la farmacia de la calle del Lledoner recuerda perfectamente qué hacían los okupas antes de la batida de la policía. "Entraban en el local vestidos de negro y con una mochila. Cogían todo lo que querían, a veces de forma más disimulada y otras veces no tanto".

Esta farmacéutica destaca que lo peor era cuando entraban a buscar jeringuillas y sustancias psicotrópicas. "Cuando se daban cuenta de que no habían se volvían violentos, arrebataban las cosas que encontraban e incluso llegaron a sacudir el mostrador". En estas situaciones esta dependienta explica que optaba por quedarse quieta y llamar a la policía en cuanto se marchaban. 

Otro de los comercios que tampoco lo tenía fácil era la panadería del lado del colegio okupado. Como los georgianos amenazaban a las trabajadoras con reaccionar de forma violenta, tenían barra libre para coger lo que quisieran. Por ejemplo, pasteles, bandejas llenas de pastas y barras de pan. 

Papelera con el grafiti "Aquí racismo" / M. B.
Papelera con el grafiti "Aquí racismo" / M. B.

NO TODOS "CAUSAN PROBLEMAS"

Resulta curioso que justo en la calle Sinaí, el lugar donde los okupas georgianos han cometido la mayoría de hurtos, hay en medio de la calle una papelera en la que dice: "Aquí racismo". El grafiti es una clara crítica a los recelos que podría haber entre los ciudadanos del barrio contra las personas inmigrantes.

Desde la Frutería Marga remarcan que no todos los habitantes de origen georgiano causan problemas. Se ve que los okupas ofrecen para alquilar los espacios del antiguo colegio a familias de su país. "En este caso las familias no vienen a robar y con ellas nos portamos bien", explica la dependienta. 

Aunque se hizo una batida de ladrones el pasado 4 de abril, en las calles de Sant Genís dels Agudells sigue habiendo inseguridad. Una vecina explica que intenta estar en casa antes de que oscurezca y que cuando sale de noche por el centro de Barcelona vuelve en taxi en vez de en metro. "Le pido al taxista que se espere hasta que entre en el portal", señala, porque tiene miedo de que la atraquen. 

Fuentes de los Mossos d'Esquadra explican que la operación que se realizó el 4 de abril sirvió para desmantelar a un grupo organizado que vivía en el colegio ocupado. La policía no puede dar más información sobre la operación, ya que sigue abierta y bajo secreto de actuaciones. Algunos de los detenidos quedaron en libertad con cargos pero la policía no puede asegurar que los que ahora cometen hurtos en los comercios sean los mismos que detuvieron a principios del mes pasado.