Cuando uno va a pasear a una pequeña montaña, en medio de la ciudad, que se ha convertido en un parque urbano confía en hacerlo entre árboles, plantas y por caminos de tierra, eso si cuidadosamente conservados. Sorprendería ver que, de repente, una parte de esos caminos han sido cubiertos por una capa de hormigón, pareciendo más preparados para el paso de vehículos que de personas.

Pues eso, aunque parezca increíble, ha ocurrido en Barcelona, concretamente en el parque del Guinardó. Los responsables de Parques y Jardines del Ayuntamiento decidieron en su día cubrir de hormigón el camino que comienza en la entrada al parque que se encuentra al final de la calle Francesc Alegre y asciende hasta el puente que desemboca en la calle Mühlberg, muy cerca de donde se encuentran las famosas baterías antiaéreas tan visitadas por los turistas.

RESTOS DE AMIANTO

En realidad, el asunto empieza con una denuncia que alertaba de la presencia de restos de amianto en los caminos del parque. Estos restos proceden de las barracas que sobrevivieron en la zona hasta poco antes de los Juegos Olímpicos, parte de los cuales, incluidas las techumbres de uralita, fueron esparcidos por la montaña. Las fibras de amianto que desprende la uralita permanecen en el suelo y se levantan con mucha facilidad con las corrientes de aire que se producen simplemente con el andar de las personas.

Respirarlas es muy nocivo para la salud, y sus efectos, que suelen aparecen a largo plazo, pueden hacerlo en forma de problemas respiratorios o provocando un cáncer de pulmón.

Si bien la Unión Europea aconseja que los restos de amianto sean retirados de manera segura, el consistorio ha optado por la solución más fácil y barata, pero al mismo tiempo la menos coherente y en nada respetuosa con el entorno.

INDIGNACIÓN

El asfaltado, aunque en realidad se ha cubierto el camino con hormigón, se ha hecho después de que algunos técnicos inspeccionaran la zona y confirmaran la presencia de los resto de amianto. Entonces se pusieron encima de la mesa dos soluciones. La primera, retirar toda la tierra con restos de amianto y sustituirla por otra limpia, la opción más segura, definitiva y respetuosa con el entorno, pero también la más cara; y la segunda, cubrir el camino con hormigón, que solo sirve disimular el problema.

Una bicicleta, no precisamente de montaña,  en uno de los caminos asfaltados  / HUGO FERNÁNDEZ
Una bicicleta, no precisamente de montaña, en uno de los caminos asfaltados  / HUGO FERNÁNDEZ

Los vecinos que habitualmente pasean por el parque han mostrado su indignación por la solución adoptada, aunque la mayoría de ellos desconoce los motivos por los que ha llevado a cabo esta operación. Prueba de ello es que los comentarios sobre el asunto hablan de “facilitar el acceso de los turistas a las baterías antiaéreas” que se encuentran más arriba, o “evitar que las personas mayores resbalen con la tierra y se caigan”. Una buena muestra de la escasa información que han recibido por parte de los responsables municipales.

Si coinciden casi todos en que poner hormigón en esos caminos no deja de ser una chapuza que solo viene a desvirtuar los usos de un parque como ese, en el que la mayoría de las personas que van a pasear lo hacen pensando en dejar atrás precisamente el asfalto y el hormigón.

En la zona, tan solo un cartel que anuncia que se están haciendo obras de higienización de los caminos y que advierte que algunos de ellos pueden quedar cortados mientras se hagan las obras. Nada más.