El drama del ruido en la plaza del Sol no cesa. En cuanto empieza el buen tiempo, vuelve la ropa ligera, las guitarras y... las ganas de beber en la calle. La Plaza del Sol, meca del botellón en Barcelona, es un espacio conflictivo donde beben los jóvenes hasta altas horas de la madrugada. Por las noches, el servicio de limpieza se encarga de vaciar la zona a golpe de manguera. Pero, a veces, ni siquiera eso es suficiente y la gente sigue charlando y bebiendo cervezas –a un euro– que venden paquistaníes discretamente.

Y los vecinos no pueden más. En Diálogos de Barcelona de Metrópoli Abierta justamente debatíamos hace unos días sobre la convivencia en las plazas del barrio de Gràcia. "Supone un problema para los vecinos, pero debemos recordar que el clima Mediterráneo invita a permanecer en el espacio púbico", comentaba Manel Sanz, jurista y miembro de la Sindicatura de Greuges de Barcelona.

Ahora, en otro intento más para rebajar las tensiones, el Distrito de Gràcia –encabezado por el regidor Eloi Badia– ha aprobado la instalación de un parque infantil con el fin de “potenciar el uso diurno de la plaza”. Algo parecido se probó desde mayo hasta finales de julio del año pasado: se trataba de un quiosco con juegos de quita y pon para que niños y niñas se divirtieran por las tardes.

Este futuro parque estará integrado por elementos móviles o desmontables para compatibilizarlo con otras actividades culturales que normalmente tienen lugar en el emplazamiento. La nueva medida –cuyos detalles aún deben definirse más– la han sacado adelante con la colaboración de los vecinos con quienes el Distrito se reúne de forma periódica. Estos han valorado positivamente la noticia pero aún reclaman más medidas. No les parece suficiente.

“Si estás en un entorno pacificado, donde hay juegos infantiles, también entiendes en qué tipo de espacio te estás moviendo”, ha explicado Eloi Badia. En este sentido, el regidor de Barcelona en Comú ha afirmado, en declaraciones a Betevé, que espera que el parque “de algún modo también contamine, en el buen sentido, el uso nocturno”.

Plaza del Sol de Gràcia / DAVID BIGORRA
Plaza del Sol de Gràcia en verano / DAVID BIGORRA

Quizá, a diferencia de lo que imagina el regidor, la plaza del Sol acabe convirtiéndose en un hervidero tanto de día como de noche: de día con los niños y familias que jugarán en el parque móvil –con el correspondiente ruido que esto supone– y de noche con los jóvenes –incluso también familias– que conversan y toman cañas en las terrazas y en el suelo, tal como sigue sucediendo a día de hoy.

OTRAS MEDIDAS QUE PRETENDÍAN ACABAR CON LA POLÉMICA

El Ayuntamiento de Barcelona lleva varias legislaturas intentando poner fin al conflicto de ruidos e incivismo en la plaza del Sol. Primero intensificaron la presencia policial en el espacio, luego adelantaron el horario de limpieza nocturna. Ambas funcionaron entre comillas. Un poco y no muy bien.

Este verano, 25 vecinos se armaron con sonómetros, gracias a Making Sense, un proyecto de investigación que financia la Unión Europea. Fue entonces cuando corroboraron sus sospechas: los ruidos –día y noche– superaban los 100 decibelios. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el límite máximo recomendable durante el día es de 60-65 dB. Por encima de este umbral, la salud empieza a resentirse y se sufre estrés y ansiedad.

La historia no terminó ahí. En la última Audiencia Pública de Gràcia de 2017, en la que Metrópoli Abierta estuvo presente, una vecina de la plaza reiteró el tema de los ruidos que, según afirmaba, “sigue superando los decibelios máximos establecidos”. 

LAS JARDINERAS

Una de las últimas actuaciones del Ayuntamiento que lidera Ada Colau fue instalar jardineras decorativas en las escaleras de la plaza que dan a la calle Maspons. El objetivo es evitar que la gente se siente y así reducir el impacto del ruido. Según ha podido saber Metrópoli Abierta, la medida no ha causado buena impresión entre algunos vecinos. “Las plantas no impedirán que nos juntemos en la plaza”, ha confesado uno, riendo. Otros creen que pueden provocar caídas, puesto que el acceso a la plaza desde ese lado es más reducido.

En los siguientes encuentros con los vecinos pondrán sobre la mesa los horarios de cierre de las terrazas –otro dilema– y el de la limpieza. Por ahora, ni Hereu, ni Trias, ni Colau han conseguido acabar con las ganas de plaza que tienen los barceloneses cada vez que sale el sol.