El número 12 de la calle de Astúries, en la Vila de Gràcia, ha sido en los últimos años un objetivo goloso del movimiento okupa de Barcelona. Antes del verano de 2019, cuando la empresa familiar Bojous S.L compró el inmueble, hubo ya algún intento de ocupación. Finalmente, en enero decenas de personas irrumpieron en el edificio bautizado con el nombre de Ca L'Espina donde, según los cálculos de la propiedad, hoy viven entre cuatro y seis personas.

El pasado julio un juez ordenó el desalojo de los bajos, no habitables. Hace unos días la propiedad empezó pequeños trabajos que se enmarcan en la reforma general del inmueble para acoger pisos en alquiler, que no se puede ejecutar ahora debido a la moratoria de nuevas construcciones y obras de reforma en Gràcia. La obra, que ha alterado la rutina de los ocupantes, y una segunda sentencia de desalojo de una de las cuatro viviendas, ha vuelto a poner en alerta a los okupas. La familia denuncia que los inquilinos han recuperado técnicas de acoso que ya llevaron a cabo este verano cuando se vieron cercados por la justicia.

GOLPES

O.F, uno de los propietarios, recuerda la okupación. El pasado sábado 4 de enero acudió corriendo al edificio unos 15 minutos después de que los sensores de la entrada detectaran movimiento de intrusos y se activara la alarma. Cuando este hombre de 29 años intentó barrar el paso del gentío fue apartado con violencia y golpeado por media docena de personas de entre 20 y 30 años. En la acción antisistema intervinieron una treintena de activistas. Una pancarta desplegada y los gritos de la protesta organizada enfrente, "en un ambiente festivo", taparon el ruido y la logística de los trabajos necesarios para reventar la cerradura del acceso principal. 

Los trabajadores cortan la puerta con un soplete cada vez que quieren entrar / CEDIDA
Los trabajadores cortan la puerta con un soplete cada vez que quieren entrar / CEDIDA

Hasta el lugar se desplazó un coche patrulla con dos agentes de los Mossos d'Esquadra. "No pudieron hacer nada. Les lanzaron objetos y se marcharon", explica O.F, que recuerda que no había más efectivos disponibles debido a un fuerte dispositivo policial organizado ante votación en el Parlament de Cataluña. Desde entonces, los jóvenes bautizaron el edificio como Ca L'Espina, un proyecto okupa iniciado en 2016 que ha tenido diferentes nombres (Ca La Trava i Ka la Castanya) y ubicaciones.

CORTES DE AGUA Y LUZ

La presencia de los trabajadores estos días en el edificio ha resucitado los fantasmas del acoso que sufrió esta familia barcelonesa. Los okupas la señalaron públicamente con pintadas en la calle, insultos, llamadas telefónicas, escraches en la oficina y un intento de protesta delante de la casa de uno de los familiares que la policía logró frustrar. Las víctimas denunciaron estos mensajes ante la policía por un delito de amenazas.

Los operarios empezaron a trabajar el pasado lunes y, entonces, empezó una especie de guerra por los suministros básicos. "Ellos cortan la luz y los operarios el agua. Cuando vuelve la luz, vuelve el agua", cuenta O.F. Los ocupantes increpan e insultan a los empleados de la obra, también a este joven empresario cuando acude a visitar el inmueble. Él sabe que el colectivo okupa "nunca cruza la línea roja", pero en verano la situación le acabó causando insomnio.

Pintadas en un contenedor y una tienda en un local propiedad de Bojous SL / CEDIDA
 Pintadas en un contenedor y una tienda en un local propiedad de Bojous SL / CEDIDA

Este medio ha intentado hablar con los jóvenes, organizados en una asamblea, pero no ha recibido respuesta. En enero celebraron que se había "liberado" el espacio de la "especulación inmobiliaria" que, según ellos, representa la propiedad. Defienden la legitimidad de la okupación por la falta de vivienda  y el alto precio de los alquileres. "Resistencia y acción directa", se lee en un graffiti pintado en la persiana de la fachada. Las ilustraciones de una águila y un monstruo con el símbolo okupa en el centro ondean en una tela blanca que cuelga de los balcones.

SILICONA

La semana pasada los operarios se encontraron el acceso principal, una puerta pesada reforzada de hierro, bloqueado con silicona. Ahora, para entrar, deben perforar la estructura con un soplete. A la salida sueldan la puerta. Los ocupantes ilegales se quejan de las obras "a golpe de maza que hace temblar el edificio". Los trabajadores tienen órdenes de no entrar al trapo y evitar conflictos.

Los okupas denuncian el supuesto "abandono" del edificio, pero la empresa familiar defiende que compraron el inmueble hace solo un año. Desde entonces han rehabilitado la fachada y han proyectado la eliminación de barreras arquitectónicas. "Ninguno de los pisos que alquilamos está vacío, a excepción de este que queremos reformar para que haya viviendas dignas", escribía la familia en una carta dirigida a los vecinos el pasado mes de julio. Tras el desalojo del local, que funcionaba como un "centro social", O.F explica que encontró escombros y suciedad, como si se hubiese celebrado una fiesta.

Esta entidad familiar no esconde las numerosas propiedades de Bojous S.L, que se dedica a la compra y venta de inmuebles y que tiene decenas de pisos en alquiler. Posee cuatro edificios, 31 pisos y locales comerciales en el centro de Barcelona. Sin embargo, rechaza que sean un actor más de la especulación inmobiliaria protagonizada por grandes fondos inversores.

PRECIOS 'RAZONABLES'

"Podéis tener la garantía de que en el edificio solo se harán pisos de primera residencia y a un precio razonable y por debajo del mercado. Tenemos conocidos y amigos que sufren el drama de la vivienda en Barcelona", trasladaban a los vecinos este verano. La firma barcelonesa afirma que solo alquilan pisos a vecinos de la ciudad condal y que no son ninguna multinacional que especula con la vida de las personas.

Venta de fanzines en delante del edificio okupado / TWITTER
Venta de fanzines delante del edificio okupado / TWITTER

En el Raval, argumentan a modo de ejemplo, alquilan un piso de 50 metros cuadrados y dos habitaciones por 575 euros al mes. En el Eixample Esquerra, otra vivienda reformada de 100 metros cuadrados cuesta 800 euros y, en Horta, alquilan un apartamento de 60 metros cuadrados por 600 euros. "No hemos practicado nunca un desahucio ni destinamos alquileres al turismo", subrayan. En la actual "bajada generalizada de precios", justifican, "a ningún especulador le saldrían los números".

PINTADAS CONTRA LA FAMILIA

Decenas de pintadas llenaron algunas calles de L'Eixample y también en el barrio de Horta donde reside esta familia. "Bojous S.L retira la denuncia. Ca L'Espina resiste. Esto es solo el principio", se lee en paredes, en los cristales, en los contenedores e incluso en las paradas de autobús. Los mensajes incluían los nombres y apellidos de los titulares de la sociedad, familiares directos de O.F. El 17 de julio, pocos días antes del desalojo del local, un grupo de unas 30 o 40 personas organizaron una protesta frente a la casa familiar en Nou Barris.

Tras comunicarlo a la policía, los Mossos d'Esquadra evitaron el escrache con un dispositivo con cuatro furgonetas y procedieron a identificar a los activistas. Los okupas sí lograron personarse en el interior de las oficinas de la empresa en L'Eixample donde pegaron carteles contra el desalojo. Sin embargo, no encontraron a nadie de la empresa.

Pintada amenazante contra la empresa familiar de O.F / CEDIDAPintada amenazante contra la empresa familiar de O.F / CEDIDA
Pintada amenazante contra la empresa familiar de O.F / CEDIDA

"No sentimos miedo, pero el ataque a la familia hace daño. No es agradable que te hostiguen. Los vecinos siempre han pensado que los alquileres son razonables", explica otro miembro de la núcleo familiar. Durante la pandemia la empresa ha rebajado algunos alquileres a la mitad a familias que han pasado por dificultades económicas.

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