En las alcantarillas de Barcelona, a 10 y 15 metros de profundidad, el principal peligro es la falta de oxígeno y la presencia de gases inflamables. El subinspector Miguel de la Policía Nacional describe la importancia del aparato electrónico que le cuelga del mono azul oscuro que le cubre de los tobillos a la cabeza. Lleva un casco, guantes, botas con puntera y suela antideslizante, un arnés y linterna. En el macuto naranja cruzado en la espalda descansa una botella de oxígeno de unos cuatro kilogramos. Las gafas completan el equipo de la Unidad de Subsuelo y Protección Ambiental de la Policía Nacional.

Son las 12.30 horas en la calle de València. El furgón policial estaciona 15 minutos antes en uno de los tres carriles de circulación. Cuatro agentes de la unidad señalizan la calle, cortando un pequeño tramo, y levantan la tapa de una alcantarilla, un gesto que este 2021 han realizado en 2.136 ocasiones. Un equipo de Metrópoli acompaña una de las actuaciones rutinarias de este grupo operativo. Salvo por el mono blanco desechable, el redactor y el fotoperiodista visten el mismo equipo que los policías.

GALERÍA DE 1938

Un sistema de poleas protege a la persona que desciende en caso de caída. La bajada, por una escalera de hierro, es sencilla. La ubicación escogida por el subinspector y jefe de la unidad es el Refugio 95 de la Guerra Civil, una galería subterránea de más de 100 metros de longitud construida en 1938. En el contexto de pandemia, las medidas de seguridad no permiten visitar un colector de alcantarillado por el alto riesgo de contagio. 

Avanzando

El ambiente es seco y el espacio, aunque arenoso y con restos de piedras de diverso tamaño, es diáfano. Una curiosidad que apunta el policía es que en los colectores de agua, donde se vierten todo tipo de residuos, el olor es menos fuerte que la que desprende la misma tapa de la alcantarilla. "La sensación es la que tengo cuando abro la lavadora. Se parece más a un olor a humedad que a porquería. Lo notas, pero no tan fuerte como arriba". 

2.000 INSPECCIONES ANUALES

Miguel entró en la unidad hace 17 años y es responsable de nueve hombres y dos mujeres. En unas infraestructuras sin ningún tipo de vigilancia, su misión es garantizar la seguridad bajo el suelo de Barcelona, principalmente, evitar la colocación de algún artefacto explosivo. Antes del despliegue de los Mossos d'Esquadra, su grupo se encargaba de toda la vigilancia subterránea de la ciudad. Actualmente, su intensa actividad se refleja en los cerca de 2.000 servicios anuales. En 2020, a causa de la pandemia, la cifra cayó a 1.500. Intervienen en dispositivos con personalidades políticas, las visitas del Rey, eventos y ferias como el Mobile World Congress y actos multitudinarios.

El grupo avanza por una galería de 2,50 metros de altura y 2,40 de ancho, según datos precisos del Ayuntamiento, que ha mapeado los 1.322 refugios de la ciudad. En las paredes se conservan las pintadas que indican el número de las viviendas. Dos largas hileras de bancos flanquean el túnel. Es un espacio ancho donde dos personas se desplazan con comodidad. En ocasiones, la pequeñez de la alcantarilla obliga a estos agentes a avanzar en cuclillas. "Nosotros diferenciamos entre colector transitable y no transitable. Si mide menos de 1,40 metros no nos metemos", explica.

ATENTADO DE CARRERO BLANCO

La primera unidad de subsuelo de la Policía Nacional se creó en Madrid en 1958 cuando detectaron los robos continuados del tendido eléctirco y elevado riesgo para altas personalidades del Estado, la manipulación orientada a defraudar fluidos y la posible actividad delictiva en las comunicaciones telefónicas. La unidad adquirió relevancia a partir de 1973 con el atentado de ETA contra Carrero Blanco, presidente del gobierno franquista. Unos 50 kilogramos de dinamita depositados bajo el asfalto gracias a un túnel excavado hizo saltar por los aires el coche oficial.

Tres agentes de la unidad preparan la bajada / PABLO MIRANZO
Tres agentes de la unidad preparan la bajada / PABLO MIRANZO​
El subinspector y dos de sus agentes preparan la bajada por una alcantarilla de la calle de València / PABLO MIRANZO

 

El grupo de Miguel es uno de los pertenecientes a las 14 unidades territoriales repartidas por España. Para acceder a este comando, los aspirantes realizan unas pruebas físicas, una evaluación psicotécnica, un cuestionario y una entrevista personal. Tras un curso en Madrid se integran a su destino. El pelotón de Cataluña realiza unas ocho actuaciones diarias. En época de elecciones aseguran el subsuelo en cada mitin en el que acude un alto cargo del Gobierno. También en visitas de presidentes y ministros extranjeros, o cuando existen tensiones territoriales en diferentes países. Si ocurren en Marruecos, por ejemplo, se vigila estrechamente el consulado de ese país.

DOS CIUDADES "SUPERPUESTAS"

Bajo el suelo barcelonés, cuando uno de sus hombres se aleja por un conducto secundario, aun más profundo y en peor estado, el aparato del que hablaba el subinspector empieza a pitar. "Pip, pip, pip", avisa. "Por aquí no podemos seguir", ordena el agente. El responsable de la Unidad del Subsuelo describe el inmenso sistema de alcantarillado que forman los 1.648 kilómetros de canales, colectores y pozos de Barcelona. "Son dos ciudades superpuestas. Los colectores pasan por casi todas las calles de Barcelona. La gente no tiene la consciencia de lo que hay debajo. A veces parece imposible que la ciudad se mantenga en pie", observa.

El trabajo policial en las alcantarillas es solitario. Los agentes trabajan en parejas: dos abajo y dos arriba, de apoyo en caso de accidente. Bajo las cloacas, la compañía se reduce a animales e insectos: arañas, serpientes, cucarachas... En el búnker aparecen una decena de cucarachas muertas, probablemente por una fumigación del Ayuntamiento. "Cuando te topas con bichos es buena señal porque significa que el aire es respirable", subraya el subinspector.

 

El subinspector, acompañado de uno de sus hombres el pasado jueves en el refugio 95 / PABLO MIRANZO
El subinspector, acompañado de uno de sus hombres el pasado jueves en el refugio 95 / PABLO MIRANZO

SEÑALIZACIÓN DE ALCANTARILLAS

En contadas ocasiones, los agentes se encuentren técnicos municipales haciendo tareas de reparación o mantenimiento. Comprueban que tienen la orden de trabajo y siguen su camino. Las medidas de seguridad han mejorado mucho en los últimos años. Hasta no hace mucho, quizá poco más de una década, aun se podía ver a trabajadores con manga corta, sin mascarilla, comiendo su bocadillo a varios metros de profundidad.

En dispositivos de seguridad, los policías identifican las alcantarillas sensibles con unos testigos indetectables con un simple vistazo. Si cuando vuelven eso testigos se han caído, la unidad debe inspeccionar de nuevo esa alcantarilla. 

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