Tomonori Okazaki jamás imaginó que la pareja de jóvenes turistas que el pasado 17 de enero entró en su céntrica pensión de la calle de Girona eran, en realidad, un par de okupas. Tras pagar la primera semana con normalidad, empezaron dar largas y a encomendarse a falsas promesas de pago. Han pasado más de dos meses y estos huéspedes acumulan una deuda de más de 1.400 euros. Además, causan molestias al resto de clientes y a los vecinos colindantes. 

La habitación, una de las diez de este alojamiento, nunca está vacía. Compran comida y lo que necesitan por turnos para evitar que el dueño del negocio los eche. Los ocupantes son un italiano de 24 años y una chica de 18. Ante el requerimiento de Okazaki, aseguran que no tienen dinero y que no pueden pagar. "La chica me ha dicho que no piensa pagar lo que me debe", explica. Este japonés ya no sabe qué hacer para librarse de los clientes.

PROCESO JUDICIAL

Las llamadas a los Mossos d'Esquadra tampoco han surtido el efecto deseado. Los inquilinos y el dueño firmaron un contrato en marzo bajo el que los chicos se comprometían a pagar lo que debían. Pero llegó abril y este pequeño empresario no ha visto un solo euro de lo que le deben. "Ayer llamé de nuevo a los Mossos. Dicen que tienen derecho a vivir aquí", comenta. A primera vista, solo le falta empezar un lento proceso judicial para lograr sacar a los okupas.

La pensión de Tomorino en la calle de Girona del Eixample / CEDIDA
La pensión de Tomonori en la calle de Girona del Eixample / CEDIDA

Ubicado en el número 4 de la calle de Girona, muchos clientes aprovechan la cercanía del hostal para dormir una noche y seguir su viaje en autobús desde la cerca estación del Nord. Los "ruidos" que causan esta pareja molestan al resto de huéspedes, y también a los vecinos de la escalera. Tienen dos perros, siempre en el interior, que ladran con frecuencia, con las molestias que conlleva. 

GOTERAS

Okazaki también se queja que los inquilinos provocan daños en el ascensor, que dejan abierto e impiden su buen funcionamiento, afectando así al resto de residentes. Con frecuencia huele a perro, y el mal uso de la ducha ha provocado filtraciones de agua que han afectado a una familia que vive debajo de la habitación. Cuando dueño de la pensión entró hace pocos días con el permiso del joven okupa, se encontró la estancia en "muy mal estado". 

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