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Hace tres años, la reinauguración del mercado de Sant Antoni de Barcelona llenó de orgullo a todo un barrio. Las largas y costosas obras ensalzaban una de las zonas más céntricas y comerciales de la ciudad. El imponente y majestuoso mercado es aplaudido por vecinos y comerciantes. Se ubica a los pies de la ronda de Sant Antoni, la importante arteria comercial que se prolonga hasta la plaza de la Universitat. Como contrapunto, los comerciantes denuncian ahora la “degradación” que arrastra desde finales de 2019 un tramo de la ajetreada ronda. Se conoce como mercado de la miseria y lo integran decenas de personas que venden objetos recogidos de la basura.

Jordi, un comerciante de la zona, explica que a partir de la calle de Casanova en dirección al mercado el paisaje humano se transforma. “El tipo de gente es completamente diferente. La gente cada vez tiene más miedo por la inseguridad que hay”, explica. La asociación de comerciantes Som Sant Antoni denuncia la “mala imagen” y la “suciedad” que genera la presencia de estos vendedores ambulantes en este tramo de la ronda de Sant Antoni. “No solo hay venta ambulante. También se añade trapicheo”, añade Lidia Núñez, vicepresidenta de la entidad.

EL COMERCIO, AFECTADO

Salva Ferragut, vocal de Som Sant Antoni y dueño de un bar, cree que la proximidad con diferentes puntos de venta de droga en algunas calles del norte del Raval contribuyen a convertir este espacio en un fluir de gente poco aconsejable que los vecinos evitan a toda costa. “A los comercios les afecta. Mucha gente evita a comprar en las tiendas. Desde Casanova hasta Urgell están bien jodidos”, ilustra Ferragut. “Barcelona no se merece esta imagen”, señala.

 

Vendedores ambulantes en la ronda de Sant Antoni / @Observa72637362
Vendedores ambulantes en la ronda de Sant Antoni / @Observa72637362

 

Los vendedores despliegan su manta y productos en una alargada parcela de cemento que se eleva dos palmos por encima del nivel del suelo. Es la superficie que el Ayuntamiento levantó hace más de una década para instalar, en principio de manera provisional, las carpas que acogieron el mercado provisional de Sant Antoni durante las obras del histórico bazar. Ferragut cree que la plataforma es una “barrera” para la movilidad del barrio.

UN PROBLEMA ENQUISTADO

Vicenç Gasca, vocal de la Asociación de Vecinos Sant Antoni, coincide con los comerciantes en que la presencia de la venta ambulante es un problema. "Degrada el espacio público y su ocupación impide que los niños y el resto de personas puedan pasear por la zona tranquilamente", asegura. Gasca sostiene que entre los vendedores no solo hay personas vulnerables, sin recursos. "Los fines de semana llegan furgonetas a las seis de la mañana e instalan sus puntos de venta", relata. Este vecino explica que este es un problema más antiguo.

Los "recuperadores", como les llama, vienen de lejos. Cuando durante casi una década el espacio estuvo ocupado por el mercado provisional, estos se apostaban en las aceras de la ronda. Con el final de las obras y el desmantelamiento de las carpas, el solar es un espacio perfecto para esta actividad. "Pedimos una solución mixta. Esto no se puede enquistar más. El Ayuntamiento tiene los servicios sociales para ayudar a las personas en riesgo de exclusión social y la Guardia Urbana debe prevenir la ocupación de la vía pública", reclama.

REURBANIZACIÓN

El Ayuntamiento presentó el pasado 29 de mayo su plan para mejorar la zona, un proyecto de 750.000 euros de presupuesto que contempla la instalación de árboles y zonas de juego infantiles con un fin: hacer la zona más atractiva para los residentes. “Lo van a poner bonito, pero la pregunta principal es qué pasa con el mercado de la miseria", se pregunta Ferragut. Este comerciante explica que una técnica del Ayuntamiento explicó el proyecto a los vecinos el 26 de mayo. Las preguntas sobre la presencia de los mercados ambulantes fueron “evadidas”, explica. “Esperan que con este proyecto los vecinos acudan más a la zona y los vendedores se vayan”, afirma.

Los comerciantes aplauden el trabajo de la Guardia Urbana que con su presencia diaria en la ronda expulsan a los itinerantes, aunque regresan al cabo de pocos minutos. “La policía recoge toneladas de material, pero ellos vuelven al cabo de media hora”, señala Núñez. “Es un juego continuo de la gata y el ratón”, comenta Toni, que subraya la sensación de inseguridad de la zona. “Se ha convertido en un callejón sin salida de decadencia. Cuando regreso a casa de noche voy acojonado”, explica. Este vecino describe botellones, gente ebria y las peleas que se generan como consecuencia. “Se ha degradado mucho, no tiene sentido que esto se mantenga de esta manera”, lamenta.

FUTURO

Toni lamenta que el proyecto municipal aprobado en 2017 para conectar todas las rondas que envuelven la ciudad antigua (ronda de Sant Pau, Universitat, Sant Pere y Sant Antoni) naufragara y se haya paralizado. Tras la presentación del nuevo proyecto para mejorar la urbanización de la ronda, el consistorio apuntó a la necesidad de realizar un “debate de manera consensuada con la ciudadanía sobre el conjunto de todas las rondas que rodean Ciutat Vella”. El gobierno de Ada Colau quiere enfocar la “urbanización definitiva” de la ronda de Sant Antoni priorizando los peatones y promoviendo el uso de la bicicleta.

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