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Un club cannábico situado justo al lado de un convento de monjas y de un colegio está generando una enorme polvareda en el Eixample. Responsables del colegio salesiano María Auxiliadora, los padres de los alumnos y los vecinos de la zona han pedido en reiteradas ocasiones el cierre del local. Petición que hasta ahora ha resultado infructuosa.

El club cannábico está abierto desde antes de la entrada de la actual normativa, aprobada en 2016. Esta es la argumentación esgrimida por los responsables municipales para rechazar la petición de cierre. Pero el caso es que el negocio incumple partes de la normativa, sobre todo aquella que indica que no puede haber ningún club de estas características a menos de un centro educativo.

MOLESTIAS CONSTANTES

Tanto los responsables del colegio como los vecinos han asegurado a Crónica Global, que el club está “situado pared con pared con una escuela de 300 alumnos”. Además, la entrada constante de turistas no deja de producir molestias al vecindario.

Lo peor, argumentan desde el colegio, es que “cuando abrimos el colegio por la mañana todo huele a marihuana”. Y muestran su frustración por el escaso éxito de sus constantes peticiones para que el local sea clausurado. “Hemos hecho todos los trámites posibles para cerrarlo, sin éxito".

Los vecinos, insisten, en que el lugar no es el más adecuado para la localización del club, “estamos hablando de 300 niños de hasta sexto de Primaria que conviven pared con pared con este negocio”, y piden que sea trasladado a otro lugar donde genere menos molestias. “No estamos en contra de que existan, pero seguro que en todo el distrito hay ubicaciones mejores que al lado de una escuela religiosa en la que viven ocho hermanas”, añaden.

EL CLUB SE DEFIENDE

El club, llamado Sweet Oil Cannabis Club Barcelona, está situado en el número 65 de la calle Sepúlveda, se defiende asegurando que “aquí no entran menores de edad, por lo que no existe peligro para los niños de la escuela”.

Aunque el caso cambia si se trata de turistas. Estos se hacen socios al momento de entrar, acceden al local a fumar y se van. Hecha la ley (es obligatorio ser socio de un club cannábico para poder entrar), hecha la trampa (se pueden hacer socios al momento y acceder).

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