Los vecinos del Raval ven con cierta preocupación como la presión vecinal y policial no logra reducir de manera drástica el número de pisos y locales en los que se trafica de drogas. En el último recuento que los propios vecinos han llevado a cabo han identificado hasta 24 narcopisos.

Una vez realizado el primer recuento, los vecinos han denunciado ante las administraciones la existencia de estos locales activos y temen que con la llegada del verano la situación empeore hasta términos inaguantables, incluso peores que los del verano del pasado año, en el que la paciencia de muchos vecinos del barrio se agotó.

La denuncia de los vecinos por la persistencia de los 24 locales de venta de drogas ha llegado a las fuerzas policiales, tanto los Mossos d'Esquadra como la Guàrdia Urbana, y al departamento de salud pública. Sin embargo, por el momento, no ha habido una respuesta clara.

Mientras tanto, los vecinos del barrio continúan con su lucha contra los narcopisos y piden a las autoridades mayor contundencia en la lucha contra este tipo de delincuencia. Desde las asociaciones vecinales entienden que los traficantes logran sortear una y otra vez las trabas que desde las instituciones se intentan imponer para acabar con la actividad del tráfico de estupefacientes, y ven como una y otra vez encuentran locales vacíos que ocupar para poner en marcha de nuevo la actividad.

CONTUNDENCIA Y CELERIDAD

Además, algunas asociaciones vecinales también han alertado a la fuerzas de seguridad de que algunas mafias han encontrado como solución temporal más efectiva a los desalojos policiales convertir algunas viviendas ocupadas por familias con menores de edad en narcopisos, lo que dificulta todavía más la actuación policial.

El hecho de que el número de narcopisos actualmente detectados por los vecinos sea prácticamente el mismo que el que se detectó durante el verano del pasado año hace temer a los residentes en el barrio que la presión de las autoridades no es suficiente para acabar con esta práctica, por lo que piden una mayor contundencia y, sobre todo, una mayor celeridad en las actuaciones tanto de la policía como de la fiscalía y los jueces.

Además, el hecho de que los traficantes se hayan desplazado a otros barrios colindantes del Raval, como el Gòtic o los alrededores del Mercat de Sant Antoni, es un síntoma, según las asociaciones vecinales, de que viven con cierta impunidad y se mueven con demasiada libertad por las zonas en las que les interesa instalar sus centros de venta, sin que por el momento las administraciones hayan encontrado una forma más eficaz de evitarlo.