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Las drogas siguen golpeando al Raval. Un integrante de la plataforma de vecinos Acció Raval, Ángel Cordero, asegura que, el sábado por la noche, tres hombres intentaron entrar en un antiguo narcolocal, situado en uno de los bajos de la calle Hospital 114. Los traficantes, según explica a Metrópoli Abierta, hicieron un agujero con "un martillo o alguna herramienta similar". El ruido de los golpes alertó a los vecinos, que optaron por llamar a la policía. Cordero intuye que “se marcharon corriendo cuando vieron llegar a los agentes”.

El local fue tapiado hace, aproximadamente, un año, cuando fue intervenido por la policía. Tras escuchar los martillazos, los miembros de Acció Raval pasaron a la acción. Cordero indica que se pusieron en contacto con My Address Bcn, la empresa que gestiona esta finca de la calle Hospital. "My Adddress BCN envió a una persona a vigilar y después nos comunicó que había instalado una placa de metal para tapar el agujero", explica Cordero. Y añade que el administrador del inmueble es Fincas Rosellon y que desconoce la identidad de su propietario, pero sospecha que “seguramente es un gran tenedor”.

NUEVAS ESTRATEGIAS

Después de la segunda macrooperación contra los narcopisos que tuvo lugar el pasado junio, Cordero reconoce que “quedó una parte residual", unos nueve inmuebles. "Pero hace semanas que han vuelto a proliferar, habrá unos 20, y eso tiene que ver con que los propietarios no se hacen cargo de la viviendas”, recalca. Por dicho motivo, el miembro de Acció Raval insiste en recordar que “la existencia de pisos vacíos, como este local, es lo que fomenta el tráfico de drogas y, por tanto, los narcopisos en el barrio”.

Ahora las bandas no solo están volviendo a atestar El Raval de drogas, también emplean nuevas estrategias para ocupar una vivienda y destinarla a la venta y al consumo. Cordero apunta que cuentan con personas "que normalmente tienen problemas con los estupefacientes”, que se dedican a localizar los locales y los pisos vacíos. También ocupan antiguos narcopisos o narcolocales porque ya tienen constancia de si el propietario denunciará o no los delitos. ,Y además, utilizan familias, “que desconocemos si son familiares suyos o se aprovechan de la miseria de la gente", para que entren en la vivienda, conecten la luz  y el agua y lo dejen todo listo. Después se marchan y llegan los traficantes.

REIVINDICACIONES

Para evitar que las drogas vuelvan una y otra vez a este punto de la ciudad, Cordero indica que entre sus reivindicaciones figura que "la denuncia colectiva vecinal sea suficiente para que los jueces y los policías actúen contra los traficantes", que la “reincidencia sea penada” y, además, que se pueda "sancionar a los propietarios" que no actúen cuando se está produciendo una actividad delictiva. Cordero señala que en este caso la empresa gestora del local “ha reaccionado”, pero el de Riereta 1 está lejos de tener una actitud similar. Su propietario, Banco Santander, no se ha presentado en este domicilio que casi se convierte en un narcopiso cronificado.

Desde su punto de vista, el panorama que vive desde hace años El Raval es desolador: “mientras desahucian familias, las administraciones permiten este tipo de delitos”. Es por eso que le sobran las ganas de seguir trabajando por hacer del barrio un lugar más libre de drogas. “Nosotros continuaremos todo el tiempo que podamos”, sentencia.