La presión que Mossos d'Esquadra y Guàrdia Urbana están ejerciendo en las últimas semanas sobre los conocidos narcopisos del Raval obliga a los traficantes de drogas a buscar métodos cada vez más imaginativos para asegurar la continuidad de su actividad. Entre ellos, la presencia de niños en los narcopisos.

De hecho, desde algunos de los sectores vecinales implicados en la lucha contra el tráfico de drogas en el distrito de Ciutat Vella se han detectado determinadas tácticas de los traficantes para intentar permanecer en el piso que ocupan durante más tiempo.

Una de ellas es la de ocupar pisos vacíos que pertenecen a entidades bancarias o a empresas extranjeras. De este modo, el tiempo de reacción del propietario del piso se retrasa, si es que alguna vez llega a producirse, por lo que el desalojo solo se producirá en el caso de que las administraciones descubran que en ese piso se está traficando con sustancias ilegales.

La última fórmula que sospechan que han empezado a usar ha sido la de aprovechar viviendas en las que hay menores para convertirlas en centros de venta de drogas u ocupar una vivienda y simular que en ella están viviendo menores de edad. Estas fórmulas, según explican algunas entidades a Metrópoli Abierta, les pueden permitir ganar tiempo y cierto margen de maniobra, siempre y cuando el desahucio se intente llevar a cabo tras una denuncia del propietario y con una orden judicial.

Las sospechas de los vecinos se fundamentan en que en una de las viviendas que han denunciado como narcopiso viven menores de edad. Y no es la primera vez que se encuentran con una situación parecida, por lo que temen que se convierta en una forma habitual de actuar si los traficantes descubren que de esa manera logran una mínima protección ante determinadas actuaciones de la justicia.

De todas formas, los vecinos consideran que la actuación de las administraciones, sobre todo con una buena coordinación entre jueces, fiscales, policías y servicios sociales, puede ayudar a evitar que esta práctica se convierta en habitual y que los traficantes de drogas pueden aprovecharse de la legislación para mantener abiertos sus centros de venta.

SITUACIONES DELICADAS

La presencia de menores, además, implica que las situaciones deben tratarse de manera diferente. Algunos vecinos consideran que eso puede suponer un cambio de actitud en el tratamiento de los narcopisos, sobre todo por parte de las administraciones, ya que la legislación establece que la protección del menor es prioritaria ante determinadas actuaciones. Por norma habitual, la justicia considera que el interés superior de los menores que pueden verse afectados prima sobre cualquier otro.

Las jeringuillas todavía aguardan en un edificio de narcopisos clausurados / CR
Imagen de un narcopiso desalojado

De todas formas, la presencia de menores no es la única causa en que la actuación de la justicia puede verse afectada. De hecho, la ley establece que se deberá tener especial cuidado en el caso de que en la casa haya alguna persona enferma, en cuyo caso habrá que avisar a un medico y el desahucio podría retrasarse algunos días, o haya presencia de animales, que también deben ser trasladados, en caso de que sea necesario, a unas instalaciones adecuadas, por lo que se producirá otro retraso.

No ocurrirá lo mismo en el caso de que sea un desalojo practicado por las fuerzas de orden público por la certeza de que se está cometiendo delito, en este caso tráfico de estupefacientes, en el piso señalado. En este caso es prioritaria la actuación policial para poner fin al delito. Los mejnres pasarían a estar al cuidado de un familiar o de los servicios sociales, los enfermos recibirían atención médica y los animales serían alojados en un lugar adecuado para sus necesidades.

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