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Acabada la época de frío, relativo en estos tiempos que corren, la presencia de personas en las playas de Barcelona se multiplica cuando calienta el sol. Sobre todo en las horas centrales del día, las temperaturas invitan a estirar la toalla sobre la arena y a relajarse, siempre que no toque cerca algún grupo de personas ruidosas. Algunos ya se atreven a bañarse, aunque a estas alturas del año son los menos.

La mayor presencia de personas atrae a aquellos que se dedican a la venta de sus productos en plena calle. Y comienza a ser habitual que la playa y zonas aledañas se empiecen a poblar de manteros que ofrecen sus productos a los bañistas y paseantes. Donde hay un posible negocio, ahí están ellos.

Basta darse un paso por cualquiera de las playas de la ciudad, desde la de Sant Sebastià hasta la de Llevant, para encontrar decenas de manteros que exponen sus productos sin ningún impedimento en la misma arena. Con Colau en la alcaldía todo es posible.

ESCASA VIGILANCIA

La presencia de policías en la zona es más bien escasa. De hecho, los manteros colocan sus productos en la arena, o muy cerca de ella, con absoluta tranquilidad.

Se ven las prendas completamente extendidas sobre la arena o sobre la zona de paseo situada a nivel de playa que transcurre por debajo del paseo, donde algunos paseantes, sobre todo turistas, van a la caza de una mesa en alguna de las terrazas estratégicamente situadas en la misma playa.

Algunos de ellos se detienen a observar, preguntar y, si les interesa, regatear para hacerse con un pareo, una toalla o un foulard.

LLega el buen tiempo y el top manta se acerca a las playas / CR
Llega el buen tiempo y el top manta se acerca a las playas / CR

Se da la circunstancia de que algunos manteros se colocan a escasos metros de la oficina que los servicios de vigilancia de la playa tienen en los mismos bajos del paseo Marítim.

Además de la presencia testimonial de la Guardia Urbana, debida entre otras razones a la escasez de efectivos, en numerosas ocasiones los agentes se encuentran con la imposibilidad de actuar debido a la presencia masiva de manteros. Los motivos de seguridad aconsejan en esas circunstancias no tomar medidas represivas para evitar males mayores.

QUEJAS DE LOS COMERCIANTES

Los comerciantes que se encuentran en la zona más próxima a la playa de Sant Miquel, entre la de la Barceloneta y la de Sant Sebastià, ven con recelo una situación que con la llegada de las altas temperaturas van a tener que soportar una temporada más.

Además, muchos comerciantes temen que las últimas actuaciones de las diferentes policías contra los manteros hayan estado motivadas más por la cercanía de las elecciones que por la firmeza que las administraciones deberían mostrar contra el comercio ilegal. Por eso exigen que la vigilancia sea permanente y con continuidad en el tiempo, la única forma de evitar que la llegada de los manteros en la playa se repita cíclicamente.

LAS REDADAS POLICIALES

Su situación es similar a la que se vive al otro lado del barrio, en el paseo Joan de Borbó, donde las redadas policiales apenas han tenido un efecto disuasorio.

La presencia de manteros en casi todo el barrio supone un serio contratiempo para los comerciantes, que ven cómo sus ventas se reducen drásticamente cuando la presencia de los vendedores del top manta se dispara.