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Arlequí Màscares echa el cierre. Y lo hace para siempre. Barcelona pierde otro local único, especial, de los que dan personalidad a las ciudades. Jaume Serra y Samira Bedram, los propietarios, llevaban un año intentando traspasar el negocio por jubilación, pero no ha sido posible. "El coronavirus lo ha acabado de echar todo al traste. Intentamos hasta el último momento que una extrabajadora se quedara la tienda, pero no ha podido ser", cuenta Serra en conversación con Metrópoli Abierta. "Me jubilo. Ahora mismo estamos desmontando el establecimiento".

La tienda se encuentra en la calle de la Princesa, 7, muy cerca de Via Laietana, a pocos metros de El Rei de la Magia. Antaño, en este espacio estuvo la sombrerería Ferreri, cuyo nombre todavía se puede ver en la fachada. "Nosotros llevábamos 25 años en régimen de alquiler. En principio, el alquiler era asequible, pero cuando se nos acabó el contrato nos lo doblaron. Con la crisis de 2007 ya lo pasamos muy mal. Nuestros productos no son de primera necesidad", subraya Serra.

EMPEZARON EN ITALIA

El local estaba especializado en máscaras, casi todas únicas, muchas de ellas artesanales y coloristas, de la Commedia Dell'Arte o de la tradición japonesa, que ellos mismos trabajaban en el taller anexo a la tienda. Son horas de trabajo con el cartón, el molde, la cola y la pintura, o en papel maché, si se trata de obras no tan artesanales. "Empezamos a fabricarlas en Italia, donde estudiábamos Bellas Artes, para pagarnos los estudios. Las vendíamos a turistas. Han pasado 40 años. Yo soy escultor y Samira es pintora y grabadora". 

La tienda Arlequí Màscares / FACEBOOK ARLEQUÍ MÀSCARES
La tienda Arlequí Màscares / FACEBOOK ARLEQUÍ MÀSCARES

De máscaras policromadas, acabadas y piezas únicas, Serra dice que tienen unas 160. De blancas, que también vendían para que fueran policromadas, muchas más. "Nuestra intención, ahora, es vender las piezas únicas y policromadas por internet", explica el titular del negocio, que antes de abrir Arlequí Màscares en Ciutat Vella lo hizo en Canyamars, un pueblo del Maresme, y en un espacio en el Poble Espanyol. Corría 1982. 

OTROS LOCALES QUE HAN CERRADO

En conversación con este medio, Serra se desfoga. Lamenta la desaparición de negocios, como el suyo, que dan personalidad a Barcelona. No es el primero que se pierde ni será el último. En los últimos dos años han cerrado, entre otros, la camisería Xancó de la Rambla, el bar Bracafé de la calle de Casp, la papelería Konema de Rambla de Catalunya o la tocinería-charcutería Carmen del Gòtic. "En todas las ciudades encuentras los mismos establecimientos, las mismas franquicias. Desaparecen los trabajos creativos y artesanales. Es una pena". 

El impulsor y fundador de la plataforma Emblemàtics Barcelona, Alberto Mejías, dice que estos comercios "son un ejemplo vivo de nuestra cultura, nuestra vida y nuestro adn. Dan personalidad a nuestra ciudad y es lo que queda en la memoria de los visitantes. Lo maravilloso de estos establecimientos no es solo lo que se ve sino lo que se respira en ellos, la memoria de nuestros padres y abuelos, y nuestra niñez y juventud", destaca Mejías.

ACUMULACIÓN DE VIVENCIAS

Mejías no considera que las profesiones de estos comercios "sean viejas. Tampoco son únicamente antiguas; acumulan las vivencias y el conocimiento de generaciones. Son parte de nuestra personalidad y debemos preservarlas por lo que nos han aportado y nos aportarán. Son como parte de la familia", subraya el impulsor de Emblemàtics, que cree que, tras el coronavirus, un 30% de los comercios históricos que todavía resisten en Barcelona ya no volverán a abrir.

Visitar Arlequí Màscares era un placer para los ojos: los vistosos escaparates, el taller y, por supuesto, el mobiliario modernista, de principios del siglo XX. "Se quedará aquí. No hemos tocado nada. Era una de las condiciones de la propiedad". Con el cierre de Arlequí Màscares, desaparece un negocio casi único en Europa. El coronavirus ha dado la estocada final a un establecimiento que ya vivía, sin ayudas públicas, sus últimos momentos. Hace algo más de un año, quiso instalarse en el local una peluquería. Serra se negó. Ahora, el local de la calle de la Princesa, 7, será uno más de lo que buscará ocupante en plena crisis económica y social por la pandemia.     

 

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