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No pasa día sin que alguno de los comerciantes de la calle Riera Baixa, en pleno barrio del Raval, sienta el acoso de un grupo de presuntos narcotraficantes que han encontrado en esta pequeña calle el lugar ideal para asentarse.

Hay días en que se encuentran la puerta de su comercio con orines; otros en los que los presuntos traficantes se pasean arriba y abajo de la calle lanzando miradas intimidatorias; otros en los que las peleas entre los propios presuntos narcos asustan a posibles clientes, que prefieren abandonar la idea de pasar por Riera Baixa.

Llevan así desde hace algo más de dos años y denuncian que desde el distrito nadie mueve un dedo por ellos. Y cuando llaman a la Guàrdia Urbana, casi siempre reciben la misma respuesta: que no pueden hacer nada. Y, mientras tanto, la situación de va degradando.

La situación ha afectado a sus negocios. Los potenciales clientes prefieren pasar por otras calles, evitando sobre todo el acceso desde la calle Hospital, donde se concentran algunos jóvenes que despiertan la desconfianza de los transeúntes.

PRESIÓN

La mayor parte de los comerciantes prefieren ocultar su nombre, “aunque en esta calle todos nos conocemos”, dice uno. Reconoce que tienen miedo, pero están dispuestos a aguantar. Por ello, han unido fuerzas y han formado una asociación de comerciantes para defender sus derechos y reclamar la ayuda de las administraciones.

La último con lo que se han encontrado es que los presuntos traficantes buscan nuevos locales en los que instalarse, locales para establecer un negocio legal. Y, al parecer, están dispuestos a todo para alcanzar sus objetivos, incluso intentar amedrentar a los actuales inquilinos para obligarles a traspasarles sus negocios por un precio inferior al de mercado.

COMERCIOS CERRADOS

Sin embargo, esa ayuda ya llega tarde para algunos de los que trabajaban en esta calle. Los que permanecen recuerdan que ya ha habido quien se ha ido por la presión a que fueron sometidos por hacer frente a los presuntos traficantes y por el miedo que llegaron a sentir.

Algunos comerciantes han optado por bajar la persiana / CR
Algunos comerciantes han optado por bajar la persiana / CR

Y ese miedo permanece en algunas de las personas. Una comerciante reconoce que si algún día, por cualquier motivo, tiene que permanecer en su tienda hasta más allá de las once de la noche, prefiere quedarse a dormir en el interior del local antes que arriesgarse a salir a buscar el metro para irse a su casa. “Tengo un sofá en el que puedo dormir y, cuando empieza a amanecer, me voy a casa a ducharme para volver luego a abrir la tienda. Por la noche hay mucha inseguridad”.

Otro comerciante sufrió la ira de los presuntos traficantes cuando salió en defensa de un anciano al que habían insultado. La respuesta, lanzarle una piedra que le causó un profunda herida en un tobillo.

QUEJAS A LA REGIDORA

Los comerciantes han presentado sus quejas a los responsables del distrito, tanto en persona como a través de Elísabeth Jiménez, portavoz del PP en Ciutat Vella. Y la respuesta que han recibido ha sido descorazonadora. Y eso que la regidora del Distrito, Gala Pin, se pasó un día por la calle para hablar con los afectados, aunque ni aportó soluciones ni se comprometió a hacerlas, según han reconocido los propios comerciantes.

Fueron estos los que le recriminaron la tranquilidad con la que los presuntos traficantes se pasean a plena luz de día y los que le recordaron que la situación se ha agravado de forma alarmante desde que Barcelona en Comú accedió a la alcaldía de la ciudad y el aire de tolerancia que se respira ha permitido que determinados grupos se sientan impunes.

“Antes, los sábados se hacía en esta calle un mercadillo al aire libre”, cuenta un comerciante de Riera Baixa, “en el que sacábamos los productos al aire libre y pasaba mucha gente. Ahora se podría hacer si tuviéramos a la guardia urbana permanentemente por aquí. Pero como nos han dicho que eso es imposible, ya no se hace”.