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La presión vecinal y policial contra la presencia de los narcopisos en el Raval está obligando a los traficantes a buscar nuevas ubicaciones para poder seguir llevando a cabo su actividad. Pero la necesidad de mantenerse en la zona céntrica de la ciudad les deja pocas opciones, por lo que las localizaciones escogidas se encuentran en los barrios colindantes, a los que tendrán acceso los clientes habituales del Raval como los nuevos.

Los vecinos de las zonas en las que ya se ha detectado un significativo aumento de la presencia de drogadictos empiezan a temer que, con la llegada del buen tiempo y la entrada masiva de turistas en la ciudad, la situación pase a ser muy complicada. Consideran que lo más probable es que se produzca el efecto del 'narcoturismo', es decir, la presencia de ciudadanos de otros países que llegan a la ciudad buscando, entre otras cosas, consumir algún tipo de sustancia estupefaciente. De hecho, en algunas zonas concretas, la presencia de drogadictos, que anuncia la presencia de zonas de venta de drogas, se ha multiplicado en apenas unas semanas.

Ello indica que os traficantes han optado por trasladar parte de su infraestructura a aquellas zonas en las que los turistas tienen más fácil acceso, como el barrio Gòtic y las zonas del Eixample aledañas al Mercat de Sant Antoni. Son calles en las que la presión policial no es, de momento, tan intensa como en las del Raval que llevan tiempo denunciadas por los vecinos como centros de venta de drogas en pisos o locales.

RAZONES

Según denuncian algunas asociaciones vecinales implicadas en la lucha contra los narcopisos en el Raval, hay dos razones fundamentales por las que los traficantes están instalándose en otras zonas céntricas de la ciudad. En primer lugar, la presencia de pisos y locales en los que pueden llevar a cabo su actividad de la manera más anónima posible. Y denuncian que en este caso, como también se ha detectado en el propio barrio, pueden ser pisos que ya están habitados, y cuyos ocupantes acceden a ceder la vivienda como centro de venta, o tratarse de locales prácticamente abandonados.

En segundo lugar, la menor presión policial, ya que la intervención de la policía para desmantelar este tipo de locales lleva un tiempo de investigación para conseguir una orden judicial que les permita el acceso a la vivienda o local, tiempo en el que los narcotraficantes intentan desarrollar su actividad procurando pasar lo más desapercibido posible.

REOCUPACIÓN

De todas formas, la búsqueda de nuevos pisos y locales donde establecerse no ha evitado que se mantengan en el Raval. De hecho, hace apenas unos días los narcotraficantes volvieron a ocupar uno de los narcopisos que había sido desalojado por una operación conjunto que realizaron los Mossos d'Esquadra y la Guàrdia Urbana. Y eso que el piso en cuestión había sido tapiado y protegido con una puerta de alta seguridad, lo que no ha impedido que los narcotraficantes hayan vuelto a ocuparlo, a la espera de que se produzca otro desalojo policial.

Las asociaciones vecinales ven con preocupación como este tipo de actuaciones de las mafias dedicadas al narcotráfico son frecuentes y consideran que se deberían producir una actuación más contundente por parte de la administración de justicia para acabar con este tipo de situaciones.

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