El infierno de A.F terminó este lunes. Agentes antidisturbios de la Brimo de los Mossos d'Esquadra desalojaron a una mujer que vivía en un piso de su propiedad, un antiguo taller de su padre. Este bajo de 30 metros cuadrados de la Barceloneta ha sido habitado por, al menos, tres grupos diferentes de personas en los últimos dos años. Su dueña perdió el control de la vivienda cuando las mafias que se dedican al realquiler ilegal de pisos se abalanzaron sobre el apartamento. Hace un mes, le volvieron a okupar otro piso de la misma manera. Vendieron una copia de la llave y se lucraron durante unas semanas a su costa hasta que la policía, de nuevo, echó a los inquilinos, que habían acudido a estos grupos delincuenciales para dormir en una cama.

A.F pide anonimato y que las direcciones de sus dos pisos okupados no aparezcan en esta noticia. Es el nivel de temor que generan estos grupos criminales dedicados al alquiler fraudulento en Ciutat Vella. Estos individuos consiguen el acceso a un piso ya sea mediante un alquiler formal, o bien con la compra directa de las llaves de la vivienda. Así ocurrió en el primer piso de esta vecina de la Barceloneta donde se instaló una pareja formada por una mujer brasileña y un vecino. Firmaron un contrato y empezaron a vivir en el barrio marítimo.

4.000 EUROS POR LAS LLAVES

Al principio pagaron sus mensualidades con normalidad. Hasta que ella viajó a su país y, al regresar, el hombre no la dejó entrar y la mujer se quedó en la calle. Él aparecía en el contrato, pero se negaba a pagar los 750 euros de alquiler. Antes del desahucio y de entregar las llaves al juez, el hombre hizo una copia y las vendió por 4.000 euros. "Aqui todo se sabe. Te tiras un pedo y todo el mundo se entera", comenta.

Edificio tapiado en la Barceloneta / METRÓPOLI ABIERTA
Edificio tapiado en la Barceloneta / METRÓPOLI

Esta mujer apunta a una "mafia de alquiler de pisos" que actúa en la Barceloneta. Estos grupos se aprovechan del largo procedimiento judicial que implica un desalojo para ganar dinero fácil a costa de los legítimos propietarios. Pero también de los inquilinos, en algunos casos personas sin recursos que se aferran a cualquier opción para dormir bajo techo, aunque eso implique entrar en un apartamento sin contrato o cuya legalidad presente serias dudas.

1.470 EUROS EN LUZ

A.F tiene una deuda de 1.470 euros de luz que no piensa pagar. Ha perdido, además, el alquiler de dos años. El juez desalojó a Fairoiz en el tercer lanzamiento. El Sindicat del Habitatge de la Barceloneta movilizó a sus activistas para evitar el desahucio con el argumento de que se trataba de un piso que se usaba con fines turísticos. "La propietaria obligaba al chico que vivía antes a marcha los fines de semana para alojar turistas. Fuera especuladores de nuestros barrios", escribió el sindicato en Twitter en la convocatoria para frenar el desalojo. 

La dueña niega categóricamente a Metrópoli la condición de piso turístico y reprocha la noticia que publicó un medio de comunicación barcelonés que dio por buenas las declaraciones del Sindicat. "La justicia da antes la razón a los okupas que están dentro que a los propietarios. Yo no soy Cáritas. La gente que necesita un piso que lo pida a Colau. A la gente que conozco y puedo ayudar la ayudo", manifiesta esta mujer.

A finales de junio, cuando creía que la situación no podía empeorar, la situación se replicó en un segundo piso que compró en 2018 con el esfuerzo de una vida trabajando desde los 19 años. En este caso, la mujer entró al piso en noviembre de 2019, de nuevo, con un contrato. Vivía con su marido y su hijo. Al inicio de la pandemia (marzo de 2020) argumentó que no podía seguir pagando los 850 euros de alquiler.

'CAMAS CALIENTES' A 100 EUROS

Tras más de un año de impago, el desalojo de la mujer estaba fijado para finales de junio. Pocos días antes, una vecina vio como vaciaba el piso y lo abandonaba. Tras la marcha de la mujer, el piso se convirtió en un parking de bicitaxis, primero; y en un piso de alquiler por horas donde hasta 12 jóvenes durmieron por turnos de dos grupos durante varios días. Media docena de ellos dormían de noche y la otra descansaba de día. De nuevo, el piso no estaba forzado, por lo que A.F sospecha que alguien vendió una copia de la llave y un tercero lo realquiló a quien consideró.

Desde la Asociación de Vecinos de la Barceloneta tienen indicios de que algunos de los jóvenes que dormían por turnos en este piso están relacionados con los robos con violencia en la calle. El precio acordado para vivir en estas camas era de 100 euros por chico al mes, unas cifras que habrían representado 1.200 euros mensuales para el delincuente. Pero el desalojo llegó hace dos semanas poniendo fin a una situación que empezó hace dos años. En el interior, un fuerte hedor la hizo vomitar. Encontró colchones esparcidos por el suelo, muebles rotos y ropa colgada en perchas improvisadas colgadas de agujeros hechos en la pared. Cien euros más de su bolsillo para limpiar el caos.

Imagen de una calle de la Barceloneta / METRÓPOLI ABIERTA
Imagen de una calle de la Barceloneta / METRÓPOLI 

 

VENTA DE LOS PISOS

A.F ha decidido que venderá ambos pisos. Ha aprendido la lección y no volverá a correr el riesgo. La situación le ha afectado en lo personal, con secuelas psicológicas por la tensión acumulada durante estos meses. Describe la "impotencia" que sufría cuando pasaba por delante del taller en el que su padre desempeñó durante décadas su trabajo como afilador de instrumentos de laboratorio. Durante el desalojo del lunes, esperó a la acción judicial desde un bar, llorando, y con una infusión en las manos para templar los nervios.

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