ARCHIVADO EN:

Llueve sobre mojado en el Raval. Los vecinos están hartos de la inseguridad: de los robos, de las amenazas, de los acosos sexuales que se producen día sí, día también en los rincones de sus calles, de sus plazas, y hasta de sus rellanos. La situación les sobrepasa y observan, desolados, cómo los poderes públicos no abordan la cuestión. Reclaman mayor presencia policial, sobre todo en los puntos calientes del barrio, donde exigen patrullas fijas las 24 horas del día.

Los vecinos volverán a tomar las calles para protestar, de nuevo, contra el aumento de los robos en este punto conflictivo de Ciutat Vella. Ya lo hicieron en septiembre, cuando hicieron suyo el asfalto, con sus sillas y sus mesas, de forma un tanto anárquica e improvisada, para protestar contra el fenómeno de los narcopisos. Un mes después las autoridades reaccionaron: pusieron en marcha la operación Bacar, que clausuró una treintena de pisos dedicados a la droga y en la que se detuvo a 58 personas relacionadas con el narcotráfico.

CACEROLADAS CONTRA LOS ROBOS

Ahora lo volverán a hacer, aunque con el foco puesto en los robos cada vez más agresivos que se producen a diario en la confluencia de las calles Riera Baixa y Hospital, en pleno corazón del Raval. Será en formato de caceroladas, cada sábado a partir de las 21:00 horas, hasta que la conselleria d’Interior atienda a sus demandas.

La protesta está organizada por Acció Riera Baixa, una de las muchas asociaciones de autoorganización vecinal que han surgido a lo largo de estos años en Barcelona. Uno de sus portavoces, Santi González, explicó ayer jueves los motivos que les han llevado a organizar esta nueva concentración. Según él, la problemática a la que se enfrentan no es un fenómeno reciente, aunque destaca el aumento de la agresividad de los ladrones. Cree que detrás de los robos están las mafias organizadas, que incitan a los menores no acompañados a perpetrar estas acciones delictivas.

MÁS PRESENCIA POLICIAL

De hecho, según su relato, son estas mismas mafias las que compran los objetos robados a los menores para después revenderlos en el mercado negro. Los vecinos ya han detectado a entre dos y tres personas que se dedican a reclutar a jóvenes para robar, como si se tratara de algo profesionalizado. Por ello, no sólo reclaman una mayor presencia policial, sino también un refuerzo de la DGAIA, el organismo de la Generalitat que vela por la tutela de los menores no acompañados.

Santi Rodríguez, uno de los portavoces de Acció Riera Baixa
Santi González, uno de los portavoces de Acció Riera Baixa

No obstante, lo que exigen los vecinos con más ahínco es una mayor presencia policial. "Pedimos que a partir de ya haya una patrulla en esta esquina [Riera Baixa con calle Hospital]", ha asegurado González, harto de que la conselleria d'Interior ningunee a los vecinos. Precisamente, él señala al máximo responsable de Interior, Miquel Buch, como uno de los culpables de la siuación: "Que se ponga las pilas", ha dicho. En este sentido, ha recriminado que sí que hayan efectivos para "echar a la gente de sus casas", en referencia a los desahucios, y no para ayudar a los vecinos. Además, ha añadido que nunca se han reunido con la conselleria d'Interior, pese a habérselo pedido en reiteradas ocasiones. Bajo este contexto, ellos mismos han tenido que enfrentarse a los delincuentes en las calles.

AL LÍMITE

La situación para los vecinos es insoportable. Según González, se ha llegado a un punto en el que los vecinos miran por el balcón de sus casas para ver cómo está la esquina para llevar a cabo actos rutinarios, como salir a comprar. "Siempre se tiran encima de la gente mayor y de las mujeres", señala. Sin ir más lejos, su pareja ha sufrido situaciones de acoso en plena calle, algo que, por desgracia, no es anecdótico en esta zona del Raval. Una vecina, presente en la rueda de prensa, lamenta no poder siquiera dejar salir a sus hijos a jugar a la calle por miedo

Así, en medio de un sentimiento de frustración y abandono por parte de las autoridades, los vecinos de esta esquina, lejos de rendirse, volverán a tomar las calles para reclamar, por enésima vez, poder vivir en un barrio digno sin temor a ser robado, acosado o agredido. "Algo demasiado habitual en la Barcelona del siglo XXI, por extraño que parezca", sentencia una de sus vecinas.