El restaurante Pitarra, abierto en 1890, ha servido este miércoles los últimos menús. Dentro de unas semanas, el establecimiento de la calle de Avinyó reabrirá convertido en un pub irlandés. El local se encuentra en la que fue la casa del dramaturgo y poeta, Frederic Soler, conocido como Serafí Pitarra, en el distrito de Ciutat Vella.

Hasta ahora, el Pitarra estaba regentado por la familia Roig, y desde 1987 llevaba el nombre del autor teatral. Los titulares del negocio en aquella época, los hermanos Jaume y Marc Roig, incorporaron a la decoración del restaurante buena parte del material que fueron recuperando de Pitarra. La joya del restaurante era el altillo, la rebotiga donde Soler escribía y organizaba sus famosas tertulias, y en el que se podía ver la colección de relojes de Pitarra, retratos, documentos, ediciones originales de sus textos...

LA 'REBOTIGA'

Antes de que fuera la casa de Pitarra, Avinyó 56 fue la relojería del abuelo de Pitarra, Carles Hubert, profesión que el autor y poeta también ejerció. Pitarra convirtió la tienda también en su domicilio. En la rebotiga estaba también el escudo de Barcelona, con un gato negro superpuesto, que fue el emblema de la tienda. En él se puede leer: Rebotiga d'en Pitarra, bressol del teatre català.

A lo largo de los años, el restaurante cambió diversas veces de propietarios, pero no fue hasta la llegada de los Roig que se recuperó la memoria histórica del local. Abrió en 1890 con el nombre de Can Cisco, y en 1953 pasó a llamarse Can Sogas.

La nueva propiedad no tiene previsto hacer grandes reformas en el establecimiento, aunque sí que tendrán que hacer accesibles algunos espacios. La nueva oferta del pub, que también funcionará como restaurante, estará enfocada al turismo. Fuentes municipales han confirmado la compra del restaurante y una solicitud de licencia para llevar a cabo unas obras menores. 

Esta semana, el Ateneu Barcelonès ha hecho público que recibirá el archivo del histórico restaurante formado "por primeras ediciones, manuscritos, cartas y dibujos de Soler". Con esta acción, informa el Ateneu en un comunicado, se "salva un patrimonio valioso de unos de los padres del teatro catalán". El Ateneu, cuya sede se encuentra en la calle Canuda, también en Ciutat Vella, restaurará y digitalizará todos los materiales y los pondrá a disposición de toda la ciudadanía.

Pese a ser un restaurante centenario, el Pitarra no estaba protegido y no figuraba --aunque pueda parecer extraño-- en la lista de locales emblematicos de la ciudad, que se hizo en 2014 bajo el mandato de Xavier Trias, para intentar protegerlos, por ejemplo de operaciones especulativas. Con este panorama, poca cosa puede hacer el Ayuntamiento.

¿CATALOGACIÓN EXPRÉS?

Recientemente, la regidora Gala Pin ha mostrado su intención de ver cómo se puede preservar este espacio de la memoria barcelonesa y catalana. "Estamos estudiando si se podría hacer una catalogación exprés, pero el hecho de que no figure entre los establecimientos emblemáticos de la ciudad lo pone difícil".

El Ayuntamiento dice que el "edificio contiene bienes inmuebles con valor patrimonial" y que desde el Museu de Història se han iniciado contactos para conocer el alcance del patrimonio, entre ellos materiales literarios y artísticos. Las mismas fuentes municipales no han sabido concretar si hay más documentos y obras de las que se han cedido al Ateneu Barcelonès. 

El regidor del PDeCAT, Jaume Ciurana, ha pedido a la alcaldesa Ada Colau "una acción directa y urgente" para evitar que desaparezca Can Pitarra. "¿De qué sirve ser la Ciudad de la Literaura para la Unesco si no podemos proteger la memoria literaria?", se pregunta Ciurana.

En términos parecidos se ha expresado el líder de ERC en el consistorio, Alfred Bosch, que reclama hacer todo lo posible para salvar el Pitarra. "Es incomprensible que fuera excluido del catálogo de establecimientos emblemáticos y se quedara de este modo sin ninguna protección". El lunes, ERC presentará una iniciativa para intentar salvar el restaurante.

Pitarra 7
Fachada exterior del Pitarra, con una placa en recuerdo del autor / HUGO FERNÁNDEZ

Frederic Soler trabajó como relojero desde los 14 años, aunque su gran pasión era la literatura. Su primera obra, Per un casament, data de 1856. Pero no fue hasta su segundo libro, Don Jaume el Conquistador, cuando empezó a utilizar el pseudónimo de Serafí Pitarra. Como empresario, abrió el teatro Romea a los textos en catalán. En el altillo donde escribía, el autor organizaba también charlas y terlulias literarias por las que pasaron, entre otros muchos, Valentí Almirall, Anselm Clavé, Damas Calvet, Josep Planella o Victor Balaguer.