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La calle Lancaster del Raval y el Baluarte de Mediodía y Muralla de Mar, situado en la Barceloneta, tienen algo en común. Más allá de compartir el distrito de Ciutat Vella, ambos lugares son utilizados para ocultar drogas y armas respectivamente de forma habitual.

Un vecino de la calle Lancaster, situada en el núcleo duro del Raval, ha decidido tomar cartas en el asunto y poner fin a la fama de la zona. Uno delos residentes a relatado a Metrópoli Abierta el último episodio vivido en el barrio. Encontraron una bolsa, aparentemente de caramelos, y quisieron denunciarlo. Poniéndole un poco más de interés en aquello hallado comprobaron que en el interior del saquito había de todo... menos azúcar.

Bolsa transparente con una veintena de pastillas de éxtasis llamadas "Soundclound"
Bolsa transparente con una veintena de pastillas de éxtasis llamadas 'Soundcloud'

DROGAS 'SELF-SERVICE'

"Las llaman Soundcloud", comenta la fuente a este medio. "Y no valen más de 10 euros", añade. Las pastillas son de éxtasis (MDMA) y llegan normalmente desde Holanda para aposentarse en la capital catalana. "Se ven a diario". "Ya no nos sorprende". "Estamos acostumbrados". Son las expresiones que usan los vecinos sobre los trapicheos que se mueven en el barrio. Su día a día en Barcelona es una masterclass de estupefacientes protagonizada por sus compañeros de bloque, y de calle.

En Lancanster hay varios edificios municipales –entre el número 7 y el 11– que adquirió el consistorio en 2017. Desde entonces los residentes del barrio del Raval se han ido quejando por la degradación, el malestar entre el vecindario e incluso han sido amenazados con ser desalojados por "incumplimiento de las obligaciones del contrato". En este sentido, las quejas también han ido al alza porque descubrieron hace unos meses que algunas de estas viviendas se dedicaban a tráfico de drogas y se utilizaban como almacenes para los lateros que ejercían la venta de bebidas de manera ilegal en la Rambla. 

Según el vecino, la venta de drogas en la vía es diaria y las personas que se dedican a la limpieza están hartas de encontrarse "regalos" día sí, día también. A estas quejas hay que sumar el pésimo estado de conservación de los edificios, que presentan numerosas deficiencias tanto en las zonas comunes como en el interior de las viviendas.

EL 'ARSENAL' DE LA BARCELONETA

Otro de los puntos señalados del distrito Ciutat Vella es la Barceloneta. El Baluarte de Mediodía, cuya construcción data del año 1527 y que fue reformado en 2015, se utiliza actualmente como almacén de armas y objetos sustraídos en la zona.

Según explica un comerciante del barrio a Metrópoli Abierta es habitual que este lugar sea utilizado por grupos de menas para preparar y esconder algunas armas que utilizan, posteriormente, para cometer asaltos en la zona, especialmente navajas con las que pasean por las calles del barrio con total impunidad. De la misma manera, también hacen uso del baluarte para almacenar algunos objetos robados y sustancias estupefacientes.

El Baluarte del Mediodía, en la Barceloneta
El Baluarte de Mediodía, en la Barceloneta

Así, una construcción con siglos de historia y que había sido restaurada como parte del patrimonio histórico de Ciutat Vella que es, se ha convertido en un "arsenal" en el que guardar todo aquello relacionado con los actos delictivos que se cometen en la Barceloneta.

JARDÍN SORPRESA

El barrio de Sant Pere, Santa Caterina i la Ribera también dispone de un escondite al margen de la legalidad. Se trata de un pequeño jardín situado en la calle del Pou de la Figuera que forma parte de un parque ubicado en esta vía.

jardin
Jardín situado en la calle del Pou de la Figuera

Según atestiguan algunos vecinos de la zona, algunos ladrones utilizan este lugar para ocultar y consumir drogas. Estos delincuentes también se dirigen al Espai Mescladís, que se encuentra a escasos metros del jardín, para llevar a cabo hurtos y robos a vecinos y turistas que visitan la zona.

INSEGURIDAD DISPARADA

Estos escondites son unos indudables testigos de la situación de inseguridad que se vive en los barrios de Ciutat Vella y que, lejos de disminuir, no deja de ir en aumento. Vecinos, comerciantes y turistas viven en primera persona el desproporcionado incremento de actos delictivos sufridos en la capital catalana estos últimos meses, mientras que la administración continúa mostrando una incapacidad de acción para resolver la problemática.