Tres años después, la calle de Príncep de Viana respira de nuevo. A primera hora de la mañana de este martes, una decena de furgonetas de la Guardia Urbana aparcaba a unos metros del número 14 con el objetivo de desalojar la última narcofinca del Raval, uno de los puntos calientes de la inseguridad de Ciutat Vella, que convirtió la vida de sus vecinos en un infierno. Trapicheo, prostitución, abusos, peleas y amenazas han sido la constante de este edificio que registró un homicidio y una sobredosis mortal.

"Estamos a la expectativa. Aun no queremos cantar victoria", relata Luis Rojas, vecino que vive enfrente del inmueble conflictivo. El barrio esperaba desde diciembre un desalojo que no llegaba, después de que los Bomberos de Barcelona alertaran sobre la inseguridad que representaba el estado precario de la finca para sus habitantes. Las reservas de Rojas tienen fundamento. No sería la primera ni la segunda vez que grupos de traficantes de drogas reokupan un piso o un edificio desalojado. Para evitarlo, una empresa de seguridad ha instalado varias puertas blindadas antiokupación. "Sabemos que intentarán meterse de nuevo", insiste Rojas, que advierte de la necesidad de tapiar también los tejados.

43 PERSONAS

El regidor de Ciutat Vella, Jordi Rabassa, informaba del desalojo municipal en un mensaje en las redes sociales ante la "inacción" de Cerberus, el fondo inversor propietario del edificio. "Ahora lo que toca es que se responsabilicen y reparen el mal hecho a las vecinas: rehabilitación integral y 100% de alquiler asequible", escribía. El dispositivo se ha desarrollado sin incidentes y los agentes han desalojado a 43 personas de 11 pisos. Dos de ellas han sido detenidas porque tenían una orden de búsqueda y captura pendiente. Solo uno de los inquilinos ha aceptado ser realojado en un equipamiento de los servicios sociales del Ayuntamiento, que se ha hecho cargo de un menor.

En la izquierda de la calle, algunos de los inquilinos / CEDIDA
En la izquierda de la calle, sentados, algunos de los inquilinos / CEDIDA

 

Tras el informe de los bomberos y una visita de varios regidores del Gobierno municipal al final de 2020, muchos vecinos temían que el consistorio se había "desentendido". Pero esta mañana, los grupos de Whatsapp echaban humo entre decenas de mensajes de satisfacción y celebración. "La gente está muy contenta, pero es verdad que muchos de ellos están merodeando por la zona", comenta cauto este vecino.

BASURA Y EXCREMENTOS

Fuentes policiales describen el lamentable estado del interior del vestíbulo y los pisos con mucha basura y excrementos. "Es difícil saber quién vivía ahí porque había mucha gente que entraba y salía. Los que distribuían las drogas no vivían allí", sigue Rojas. En el edificio se consumían drogas con frecuencia. Lo demuestran las personas que iban y venían tambaleándose con pipas de heroína y otras sustancias.

 

Acció Raval, entidad que lucha activamente contra la presencia de narcopisos​ desde hace años, pone en valor el trabajo de denuncia de los vecinos y celebra el cierre de este punto de droga histórico en Ciutat Vella. "Lo que había ahora era muy residual, pero había mucha gente y se podía volver a reproducir", comenta Ángel Cordero, portavoz de la entidad. Explica que Cerberus pondrá personal de vigilancia las 24 horas durante un me, cámaras de seguridad y alarmas. Un blindaje que, junto a las puertas reforzadas, todo indica que servirá para evitar el regreso de los okupas.

UN DESALOJO QUE LLEGA TARDE

Las peleas y los insultos se han producido hasta los últimos días. También los lanzamientos de botellas desde los balcones. Ahora, los vecinos esperan que el Ayuntamiento les transmita qué harán para evitar una nueva ocupación delictiva​. Lo cierto es que el ansiado desalojo llega "muy tarde" tras incontables denuncias. "A muchos vecinos nos ha afectado en lo personal y en el trabajo. Deberían haber desalojado la finca después de las primeras 50 intervenciones policiales o la primera muerte", lamenta.

Cordero apunta  la importancia de que los pisos sean destinados a un alquiler social en su totalidad, o bien una parte mayoritaria. "Es la única manera de asegurarnos que el problema desaparece del todo", subraya.

Furgonetas de la UREP en el Raval este martes / CEDIDA
Furgonetas de la UREP en el Raval este martes / CEDIDA

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