El Born es uno de los barrio más visitados de Barcelona, tanto por los ciudadanos locales como por los turistas. O quizá deberíamos decir que esto era así. Algunas de las calles que dan entrada al barrio se han visto, al mismo tiempo, afectadas por una serie de obras que dificultan el acceso tanto a la circulación de vehículos como de peatones. Y para un barrio en el que el comercio y la restauración son tan importantes, la bajada de visitantes es un golpe muy duro.

Desde la Associació de Comerciants del Born, Born Comerç, han alzado la voz hartos de que no se les haga caso ni se les consulte cuando se van a poner en marcha proyectos que afectan de una manera tan importante a los comerciantes de la zona. Y lo han hecho para pedir que la situación se arregle cuanto antes. De hecho, ante la imposibilidad de que se paralicen las obras que ya están en marcha, quieren que no se inicien las nuevas obras que están previstas hasta que concluyan las iniciadas.

La presidente de la asociación, Marga Domingo, muestra la indignación de los comerciantes cuando dice que “medio Born está histérico. Los comercios y la restauración ven peligrar el negocio. Cada mes hay que pagar el alquiler y el resto de los gastos. Y si no hay negocio, no se puede”. Y es que asegura que “tenemos un grave problema. Hay obras en el inicio de la calle de la Argenteria ya que están poniendo el ascensor para el metro y estará cerrada durante casi un año. En Antic de San Joan también están en obras, poniendo la recogida neumática de basura, donde, además, han encontrado esqueletos de la época romana, por lo que las obras se van a retrasar. Y ahora esta previsto que empiecen otras en el tramo entre Fusina y Princesa en la calle Comerç, por lo que esta, que la acaban de abrir hace poco, la van a volver a cerrar. Es un caos y el barrio se va a quedar completamente aislado”.

RECOGIDA DE FIRMAS

Los comerciantes, que han visto como el paso de clientes ha disminuido de manera sustancial en los últimos tiempos por culpa de las obras, ven como el asunto puede complicarse cuando empiece la temporada alta y las obras sigan perjudicando la llegada de visitantes al centro. Los negocios pueden verse seriamente perjudicados si la situación no se soluciona cuanto antes.

Por ello, la asociación “va a iniciar una recogida de firmas”, afirma Marga Domingo, “entre comerciantes y restauradores para pedirle al ayuntamiento que, por lo menos, las obras que aún no han comenzado no lo hagan hasta que acaben las que están en marcha. No podemos permitirnos el lujo de que los visitantes no tengan acceso a los comercios. La amenaza de cierre de algunos es cierta si la situación no se arregla”.

La calle de la Argenteria también genera problemas de acceso / MIKI
La calle de la Argenteria también genera problemas de acceso / MIKI

Además, asegura que la bajada de clientes se ha notado tanto durante el día como durante la noche, en la que el Born es una de las zonas de ocio más importantes de la ciudad. “Tanto durante el día como durante la noche se ha notado que hay menos gente por la calle”, asegura Marta. “Y la prueba que tenemos es que hasta hace poco la restauración no se quejaba ya que por la noche seguía viniendo gente, pero ahora todo ha cambiado y los que trabajan en restauración también lo han notado y se están quejando”.

PEQUEÑOS COMERCIOS EN PELIGRO

El gran problema en este caso lo van a tener los pequeños comercios, que siempre son los más sensibles a cualquier cambio. La bajada de clientes amenaza la continuidad de muchos de ellos, sobre todo porque sus gastos no disminuyen pero sus ingresos sí, por lo que les resulta más difícil mantenerse. “El pequeño comercio va a tener que cerrar por falta de ingresos”, asegura la presidenta de la asociación, que además se queja de los descuidado que está el barrio por parte del ayuntamiento. “Está lleno de agujeros en el asfalto y ha habido gente que se ha caído”, afirma. “Se lo hemos dicho al ayuntamiento pero nadie viene a arreglarlo”.

Y como muestra de que las obras ya han causado problemas a los comerciantes del barrio, Marga Domingo cuenta que “había un mecánico en el barrio al que le faltaban dos años para jubilarse. Las obras impedían que los coches llegaran a su taller, así que, harto de la situación, ha decidido cerrar y jubilarse”.