Ada Colau tiene, al parecer, predilección por una pequeña bodega situada en la calle Palma de Sant Just, muy cerca del Ayuntamiento. Allí acude algunas veces a tomar un aperitivo. En una de esas ocasiones, incluso se ha fotografiado en la puerta de la bodega, sentada en un taburete junto a un pequeño barril que hace las veces de mesa. Una escena casi idílica. El único problema es que la alcaldesa estaba tomando el aperitivo en una terraza ilegal.

La calle en la que se encuentra el local es una estrecha vía muy cerca del Ayuntamiento. Apenas mide algo más de de tres metros de ancho, por lo que los comercios de restauración no tienen permitida la instalación de objetos que sirvan como terrazas en la vía pública.

LEGISLACIÓN CLARA

Una de los puntos de la normativa de terrazas que aprobó el Ayuntamiento de Ada Colau es que estas deben estar, como mínimo, a 1,80 metros de la fachada. Es el espacio para que pasen las personas ciegas que necesitan moverse con la ayuda de un bastón. Y en la foto, publicada por La Vanguardia, la alcaldesa está sentada justo al lado de la pared, incumpliendo esa normativa.

Si la calle mide apenas tres metros y la silla y el barril que usa Ada Colau deberían situarse, si pudieran instalarse, a 1,80 de la fachada, apenas iban a dejar un paso de un metro para las personas. Una evidente situación de ilegalidad de la que la alcaldesa debería ser consciente.

Sin embargo, no parece estar muy preocupada por el hecho de que la terraza en la que está sentada es ilegal. Y, además, lo es en el distrito en el que una de sus colaboradoras más cercanas, la regidora del distrito Gala Pin, más ha perseguido la colocación de las terrazas en la vía pública. De hecho, los restauradores la acusan de haber incumplido la propia normativa en perjuicio de los bares y restaurantes.

CASO CONTRARIO

Un caso contrario ha vivido el propietario de un local en el barrio del Raval. Tiene situado su restaurante en un calle de casi 4 metros de ancho, aunque no tiene permiso para instalar una terraza. Tan solo tiene un par de pequeñas cajas en el umbral de la puerta. Allí, alguna vez, algún cliente sale a fumar con su café o su cerveza en la mano que apoya en las cajas.

Hace un tiempo, unos inspectores pasaron por el local y, tras pedirle todos los permisos, le pusieron varias sanciones. Solucionados los problemas, presentó los papeles en la sede del distrito y quedó a la espera de que los inspectores pasaran a certificar que había sido así.

MULTA DE 5.000 EUROS

Pasadas unas semanas, le llegó un aviso de cese de negocio y una multa de 13.000 euros, reducida a 5.000 tras comprobar que los motivos de las multas habían desaparecido. Pero siguieron considerando que las dos pequeñas cajas de madera eran una terraza, por lo que esa sanción se mantuvo. Y la ha acabado pagando ya que la alternativa, denunciar a la administración, supone iniciar un camino de incierto final.