Vivir en el Raval no es nada fácil para buena parte de los vecinos, sobre todo para las personas mayores que allí viven. La inseguridad, el incivismo, la suciedad, prostitución, drogadicción, violencia, ruido... El distrito, centro de atracción turística, está sufriendo una espiral en caída libre desde la llega de Ada Colau a la alcaldía que parece no tener fin.

Las constantes quejas de los vecinos caen en saco roto. El Ayuntamiento intenta defenderse como puede, casi siempre intentando escabullirse de su responsabilidad, pero lo cierto es que son varios estamentos, incluidos los policiales, los que critican con dureza la dejadez con la que tanto desde el Ayuntamiento de la ciudad como desde la sede del distrito, dirigido por la regidora Gala Pin, están gobernando el distrito.

Si se hiciera una lista de problemas y situaciones peligrosas que se han vivido solo en el últimos meses no acabaríamos en una semana. Por ello, vamos a hacer referencia a aquellos que más resonancia mediática han tenido y que han hecho ver a los ciudadanos que la situación en el Raval es parecida a la de cualquier 'ciudad sin ley', término que han usado muchas veces los propios vecinos para referirse al barrio.

MACHETAZOS

Las redes sociales han servido para dar visibilidad a un problema gravísimo: la existencia de bandas que a base de violencia intentan controlar el espacio que consideran suyo. Y la presencia de machetes, navajas, cuchillos y palos es habitual en las peleas que protagonizan en la calle. Sirvan como ejemplo las peleas a machetazos que se han visto en los últimos meses. Sin contar con las múltiples peleas y agresiones con navajas que ha habido en el barrio.

NARCOPISOS Y LATEROS

Si una situación resulta paradójica es la existencia de narcopisos y almacenes ilegales para los lateros en edificios propiedad del Ayuntamiento. Y eso ocurre en la calle Lancaster, en los números 7, 9 y 11. Las quejas de los vecinos vuelven a quedar en el olvido, mientras tienen que soportar suciedad, jeringuillas, ruidos, peleas, gritos. Y sufrir el miedo de salir de sus casas, sobre todo las personas mayores y las mujeres, que en muchas ocasiones se sienten intimidadas por las grupos de hombres que se pasan el día en la calle.

TRAFICO E INTIMIDACIÓN

Otra calle con problemas es Riera Baixa. Los vecinos también han denunciado la existencia de jóvenes que se reúnen en la esquina con la calle Hospital. Allí pasan el día entre presuntos pequeños trapicheos, peleas entre ellos, presuntos robos a turistas, amenazas a comerciantes e intimidación a las vecinas. Los vecinos y comerciantes exigen mayor presencia policial, pero esta sigue siendo esporádica. Y, mientras tanto, las mujeres deben ser salir de casa acompañadas para evitara las actitudes machistas de los jóvenes.

COFFEE SHOPS

El barrio Gòtic se ha convertido en el centro neurálgico de los coffee shops. Las calles aledañas a la plaza Reial y la parte baja de la Rambla se llenan de los conocidos captadores. Ofrecen la droga y muestran el camino hasta el local en el que se puede comprar. Los vecinos están hartos. Todos se conocen y el miedo ha empezado a formar parte de la rutina diaria. Los niños no pueden ir solos y las personas mayores temen que les agredan. Los captadores son conocidos por todos, pero nadie hace nada, mientras la venta de droga va día a día en aumento.

ATAQUES CON DESCARO

La pelea que se produjo hace unos días en la puerta del restaurante Salamanca es un síntoma evidente de que algo se ha hecho muy mal desde el Gobierno municipal. Que un grupo de jóvenes se atrevan a golpear con saña a los camareros de un restaurante en plena calle no es muy normal. Y menos cuando esos jóvenes son conocidos del propio restaurante, al que van a pedir comida a diario. Ese descaro solo puede estar sostenido por la impunidad con que sienten que pueden actuar de esa manera.