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La pandemia sigue causando estragos en el comercio de Barcelona. Otro establecimiento centenario y emblemático de la ciudad ha bajado la persiana. Se trata de la Granja 1872, abierta a principios del siglo XX. Detrás del cierre está el coronavirus y la negativa de la propiedad a negociar el precio del alquiler, explica a Metrópoli Abierta la titular, Mercè Tacias, junto con su marido Giorgio Tonola. Sin embargo, la propiedad del local niega las acusaciones y asegura que los inquilinos se fueron en septiembre con tres meses de alquiler sin pagar. 

Situada en la calle de los Banys Nous, 4, en el barrio Gòtic, la granja lleva cerrada desde el pasado verano. "Inicialmente dejamos de funcionar con el estado de alarma. Intentamos reabrir en junio, pero la situación era insostenible. En una semana hicimos 300 euros". La Granja 1872 fue fundada en 1908, aunque en sus inicios (1902) era una vaquería. En el interior, donde antes había el establo, se conserva un fragmento de la muralla romana de la ciudad.

Interior de la Granja 1872 / RUTA EMBLEMÀTICS - AJUNTAMENT DE BARCELONA
Interior de la Granja 1872 / RUTA EMBLEMÀTICS - AJUNTAMENT DE BARCELONA

ESTABLECIMIENTO PRESERVADO

De hecho, la Granja 1872 está protegida, es decir que forma parte de catálogo patrimonial de establecimientos emblemáticos de Barcelona aprobado en 2016 con la categoría E2, comercios de interés. Además de la muralla, el edificio mantiene la fachada y la puerta de madera de estilo modernista, según la Ruta dels Establiments Emblemàtics.

Antes de la pandemia, la granja iba viento en popa. "Por estas fechas, en plena Navidad, hacíamos entre 500 y 600 chocolates diarios", asegura Mercè. Entre los clientes del establecimiento figuraban tanto barceloneses como turistas, estos últimos especialmente durante los meses de verano, donde, además del chocolate, los helados eran otra de las delicias de la granja.

Parte de la muralla romana de Barcelona, dentro de la Granja 1872 / FACEBOOK GRANJA 1872
Parte de la muralla romana de Barcelona, dentro de la Granja 1872 / FACEBOOK GRANJA 1872

MULTIPLICAR EL ALQUILER POR DOS

Mercè detalla que les quedaba otro año de alquiler, pero que ya habían empezado a hablar con la propiedad. Siempre según la versión de la inquilina, el alquiler se iba a multiplicar por dos, cuenta la titular del negocio. Añade que plantearon que el nuevo importe se adaptara a la nueva realidad de crisis, pero los dueños no quisieron. "El cierre es bastante de definitivo si no hay un replanteamiento del alquiler".

Uno de los propietarios del local, Èric Massagué, asegura que los hechos no se han producido cómo relata Mercè. "No habíamos empezado a hablar nada en absoluto. Hace un par de años, cuando la antigua propietaria murió (mi abuela), concertamos una reunión con los inquilinos para alargar el contrato y hacer una subida escalonada del alquiler, ya que estaban pagando muy por debajo del precio de mercado. La cifra que ofrecimos para el nuevo alquiler estaba muy por debajo del doble", afirma Massagué.

TRES MESES DE DEUDA

"En cualquier caso, después de nuestra oferta, no solamente se negaron a aceptarla, sino que no hicieron ni una sola contraoferta. Cuando la pandemia llegó, dejaron de pagar el alquiler y en septiembre abandonaron el local. Nos deben tres meses de alquiler, que nunca hemos reclamado", añade el propietario. Según esta persona, en ningún momento los inquilinos plantearon adaptar el alquiler a la nueva realidad de la crisis.

Según el propietario de la finca, éste "no es un caso de grandes propietarios o fondos buitre que especulan con sus propiedades sin tener en cuenta la situación actual, sino todo lo contrario. Es un local heredado de nuestra abuela, que fue la que lo convirtió en un sitio emblemático del Gòtic, y nuestra idea es que continúe siendo así", cuenta.

En 1908, el negocio funcionaba como lechería y frutería con el nombre de Granja Roca. En 1943, la tienda pasó a manos de Antoni Alegret y, desde entonces, la propiedad del local es de la familia Alegret. En 1990, el establecimiento se traspasó a Óscar Frias, que convirtió todo el comercio en granja y dejó a la vista toda la muralla.

Entre 1998 y 2010, Xavier Tella incorporó al establecimiento algunos elementos antiguos: lecheras, una balanza, un rótulo y una cajonera. Desde 2010 hasta ahora, estaban al frente de la Granja 1872 Mercè y Giorgio, explica la página web de las tiendas emblemáticas de Barcelona.

MÁS COMERCIOS CERRADOS

La desaparición de la Granja 1819 se suma a la de otros comercios emblemáticos en Barcelona durante los últimos años, como la camisería Xancó de la Rambla o la tienda de cabezudos El Ingenio. Recientemente, este medio también ha informado de la más que probable clausura del Viena del Rambla, ahora en traspaso.

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