La narcosala Baluard sigue siendo un problema enquistado para los vecinos del barrio del Raval de Barcelona. Decenas de usuarios del Centro de Atención Sociosanitaria (CAS) atemorizan a los habitantes de esta zona de Ciutat Vella consumiendo sus dosis diarias de estupefacientes a las afueras del centro. 

Aunque llevan años lidiando esta batalla los vecinos confirman que, tras la pandemia, se ha agravado de forma considerable. Grupos de drogadictos se concentran a las puertas del CAS Baluard para charlar o consumir en grupo, algo que es "habitual" desde hace tiempo, pero lo hacen sin mascarilla y sin respetar las distancias de seguridad. Los adictos ponen en peligro a los viandantes que pasan de refilón por el espacio situado en la avenida de las Drassanes, tal y como se puede ver en los vídeos a los que ha tenido acceso Metrópoli Abierta

LA NARCOSALA, UN "VECTOR DE CONTAGIO IMPORTANTE"

Óscar, uno de los vecinos que abandera la lucha por el traslado de la narcosala de Drassanes, explica a este medio que han tenido constancia de al menos dos casos de Covid-19 entre los usuarios del centro de venopunción. Confirma que la sala de consumo inyectable cerró sus puertas durante un día o dos, pero que la situación se ha vuelto "insostenible" con la pandemia: "La narcosala cerró durante 24 horas y se abrió un módulo en el que incluso vimos EPIs. Ahora es un vector de contagio importante".

El vecino apunta que son muchos los que han dejado de pasar por delante de la narcosala por miedo a contagiarse del virus. Incluso algunos han visto como los drogadictos emplean las mascarillas para limpiarse sus partes íntimas tras defecar en plena calle: "Les hemos visto limpiarse el culo con las mascarillas. Hay quienes se acercan a pedir limosna a las mesas de las terrazas, también sin protección, poniendo en riesgo a los clientes de los bares". 

EL CAP DE DRASSANES VIVE LA MISMA PROBLEMÁTICA

Las probabilidades de contagiar el virus se suman a la pesadilla que sufren a diario los habitantes de la zona. Tal y como pudo saber este diario, un solo trabajador municipal recoge una media de 120 jeringuillas de 7.00 a 11.00 horas de la mañana en el parque en el que se encuentra situado el CAS. Una cifra desmesurada teniendo en cuenta que la sala de consumo inyectable tiene un horario de 7.00 a 22.00 horas durante los 365 días al año. Los drogadictos también ensucian, defecan, consumen y atemorizan a los vecinos de las calles contiguas, según describieron los habitantes a este digital.

Otro centro que cuenta con esta misma problemática es el CAP de Drassanes. El Centro de Atención Primaria, situado a un minuto a pie de la sala de venopunción, es el punto de reunión de otros grupos de adictos que se aglomeran a sus puertas sin ningún tipo de protección ante el coronavirus. En este caso son muchos los habitantes de la zona que se exponen a contagiarse por el simple hecho de acudir al médico.

La usuaria de Twitter Mireia Fernández (@fmiReia), denunció hace pocos días esta problemática en su perfil personal: "Llevo cinco días, en dos semanas, yendo al CAP Drassanes a diferentes horas. Cada día hay en la puerta entre 12 y 15 personas sin mascarillas. Algunos normalmente beben alcohol, otros a veces se gritan, otros se pasan papelinas, literal". Multitud de usuarios se sumaron a la denuncia confirmando la descripción de la tuitera y reprocharon al Ayuntamiento de Barcelona que esta situación ocurriera a las puertas de un centro de salud público. 

EL AYUNTAMIENTO CULPA A LOS EFECTOS DE LA PANDEMIA

La administración barcelonesa, por su parte, lleva tiempo en contacto con los vecinos del Raval Sur. Algunos de ellos se han quejado en distintas ocasiones a Metrópoli Abierta de la falta de preocupación por parte de los trabajadores municipales. Tras varias reuniones, Jordi Rabassa, concejal de Ciutat Vella y Memoria Democrática del Ayuntamiento de Barcelona, atendió la semana pasada al grupo vecinal que reclama el traslado del CAS Baluard. 

Según han confirmado algunas fuentes de la zona a este medio, el concejal del consistorio achacó la situación actual a los efectos de la pandemia. Según los vecinos, Rabassa asegura que el Centro de Atención Sociosanitaria no funciona por la masificación que habría comportado el Covid-19, a pesar de que la sala de venopunción ha habilitado más espacios tras el confinamiento. 

"TODO SIGUE IGUAL, O PEOR"

Los vecinos garantizan que la pandemia "no es excusa" y que a pesar de las medidas preventivas adoptadas por el Ayuntamiento como la retirada de mobiliario urbano, una patrulla estática de la Guardia Urbana o cambios en el horario de la limpieza, "todo sigue igual de sucio e inseguro, o peor". 

Confirman que la presencia policial solo hace que los usuarios se dispersen por las calles colindantes y se pinchen sin la supervisión de los educadores sociales. Es por eso que reclaman el traslado inmediato del centro ya que consideran que no cumple con sus funciones. Denuncian que la narcosala "está masificada" y que "cada vez acude gente nueva, de fuera del barrio", generando un "efecto llamada"

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