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El RACC es el mayor club automovilístico de Cataluña, y uno de los más importantes de España. Como tal, uno pudiera pensar que vela por los intereses de los conductores, ya sea de coches como de motos. Pero no. Mientras el Ayuntamiento de Barcelona impulsa una política de movilidad contraria al vehículo privado, el RACC guarda silencio.

Su presidente, Josep Mateu i Negre, ha hecho alguna ligera crítica, pero lo suficientemente tibia como para que nadie la notara. Quizá quiere evitar que los comunes y otros defensores del modelo que se está improvisando a marchas forzadas en la ciudad se reboten contra él. 

En el centro de la imagen el presidente del RACC, Josep Mateu i Negre
En el centro de la imagen el presidente del RACC, Josep Mateu i Negre

Quien sí se ha significado en contra de las actuales políticas de movilidad ha sido Josep Sánchez Llibre, presidente de Foment del Treball. Ello ha despertado la ira de algunos miembros de Barcelona en Comú y su entorno, que despotrican contra él en las redes sociales. Lejos de retractarse, Sánchez Llibre ha seguido defiendo en público el encaje del coche y la moto en la ciudad, sin dejar de lado la lucha contra el cambio climático. 

Mientras, algunos socios del RACC se preguntan tanto en público como en privado dónde está el club que presume de dar cobertura automovilística a más de 10 millones de personas en cualquier lugar del mundo. En Barcelona, al menos, su presidente está ausente. 

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