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Ayer el Palau Sant Jordi se llenó hasta los topes para recibir a la joven, y precoz cantante, Billie Eilish. La artista de tan solo 17 años tuvo que cambiar la ubicación de su primer concierto en Barcelona al ver que el Poble Espanyol se le quedaba muy pequeño. El resultado fue el esperado. Una masiva comunidad de fans lloró y aplaudió las canciones depresivas y profundas de este icono de la generación Z

Bajó una iluminación tenebre y la actitud reservada y esquiva de la cantante, los fans corearon las letras de Ocean Eyes o Bury a Friend, sus canciones más representativas. Con un aspecto retraído y siniestro y una vestimenta ancha y desenfadada se presentó ante el enorme público. A lo largo de su carrera ha logrado dos canciones con Disco de Platino y siete sencillos con Disco de Oro, además de lograr ser la primera artista nacida en el siglo XXI en llegar al número uno de la lista de éxitos de Billboard. 

 

 

TALENTO EN ESTADO PURO 

Eilish demostró a todos aquellos escépticos que se ha ganado la fama a pulso. Su talento innato resonó por los cuatro costados del estadio y encandiló al público con su voz angelical interpretando letras oscuras y agresivas. Esta misma contradicción es la que la ha llevado al estrellato. Las nuevas generaciones aplauden que hable de temas tabú como las enfermedades mentales y demás sentimientos profundos que afectan a una gran parte de los jóvenes. El público barcelonés agradeció la verdad y las emociones en la actuación de la joven. 

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