Barcelona es muy conocida a nivel nacional e internacional por la calidad de la propuesta gastronómica que ofrece a todos sus visitantes. Más allá de los restaurantes más populares, situados principalmente en las arterias más céntricas de la capital catalana, son muchos los espacios culinarios que se esconden en algunos de los hoteles más lujosos de la ciudad.

Es el caso de estos tres restaurantes, capaces de proporcionar la mejor experiencia a todos sus comensales, aprovechando al mismo tiempo la increíble infraestructura de estos maravillosos alojamientos.

BLANC I MOMENTS

El hotel Mandarin Oriental es uno de los más conocidos no solo en la ciudad de Barcelona, sino también en el extranjero. Su interior acoge, entre muchos otros, la propuesta del Blanc i Moments, un concepto gastronómico ubicado en la primera planta del hotel y donde el color blanco y la línea de diseño minimalista acaparan toda la atención.

Su cocina ininterrumpida es una de sus principales virtudes, ofreciendo un servicio impecable desde las 7 de la mañana hasta las 11 de la noche. Durante el fin de semana cobra especial protagonismo el brunch que organiza a mediodía, convirtiendo el lugar en uno de los espacios más trendy de la ciudad. 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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FISMULER

En el barrio de El Born se encuentra el hotel Rec, en pleno corazón de Barcelona, más concretamente en el número 19 de la calle que lleva su nombre. En sus intalaciones acoge uno de sus secretos mejor guardados, el restaurante Fismuler, que cuenta incluso con una entrada independiente desde la calle.

A nivel gastronómico, es uno de los mejores rincones de Barcelona, comandado por tres integrantes del equipo de El Bulli. Inicialmente abrió sus puertas en la ciudad de Madrid, lugar en el que cosechó críticas de lo más positivas por parte de los expertos en gastronomía y una clientela aún más exigente. Su apertura en Barcelona fue una de las más esperadas por parte de la comunidad foodie

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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NOBU

El hotel Nobu ha sido una de las últimas incorporaciones a la escena barcelonesa. El proyecto, comandado por el mismísimo Robert de Niro, ha sido muy seguido desde su apertura. El restaurante que reside en su interior, concretamente en la planta 23, hace gala de la influencia japonesa que reciben todos sus platos.

Lo más característico de este espacio es que, a pesar de ofrecer a los comensales una curiosa propuesta que combina lo mejor de la cocina japonesa y peruana, apuesta por el comercio de proximidad, elaborando la mayoría de su carta a partir de productos que se pueden encontrar en los mercados gastronómicos de Cataluña. 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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