Los influencers viven de su imagen. Su apariencia física y su manera de vestir influyen en la estética de millones de personas. Marcan tendencias y son los primeros en atreverse con las extravagantes modas que nacen de las firmas de lujo más reputadas. Las mismas marcas son las primeras que pretenden que este suceso ocurra. Conquistan a los instagramers y youtubers regalándoles ropa para que la muestren a través de sus redes sociales, pero los influencers son como el resto de los humanos y no pueden evitar caer en la tentación de comprar las prendas a su gusto.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Keep it cool with our new “Ways to Wear” edit Thank you @st.einberg

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MANTENER EL 'CACHÉ' 

A través de hauls, publicaciones en Instagram o vídeos en Youtube muestran sus últimas adquisiciones y ponen los dientes largos a todos aquellos seguidores que por tiempo o por dinero no han podido adquirir las dichosas prendas de ropa. Si nos fijamos en el feed de todos ellos, hay una cosa en común: jamás repiten 'modelito'. Deben mantener un caché que se arruinaría si uno de sus seguidores detectase el mismo conjunto en dos fotografías diferentes. 

Pero hay un aspecto que no cuadra. Ni siquiera el vestidor de Dulceida es tan grande como para albergar tal cantidad de ropa temporada tras temporada. Aunque muchos de los influencers limpian su imagen consumista con markets solidarios o sorteos entre sus fans, la gran mayoría de la ropa que enseñan no se la quedan. Muchas marcas y showrooms prestan las prendas a los iconos de la generación Millennial para que estos la muestren y se haga fotografías promocionándola,
pero después toca devolverla, algo que no siempre hacen, como dejan caer los Javis en la serie Paquita Salas

COMPRAR A MANSALVA 

Otra de las técnicas que utilizan estos personajes públicos para ir a la moda y jamás repetir un conjunto es comprar a mansalva, hacerse la foto o el vídeo de rigor, y no dejar pasar los 15 días reglamentarios para devolver lo comprado. Esto se conoce como wardrobing y se trata de una práctica vergonzosa y muy practicada en los Estados Unidos que consiste en adquirir una prenda o complemento, ponérselo una o dos veces sin quitar la etiqueta, y devolverlo como si nunca lo hubieras estrenado.

Muchos de ellos incluso llegan a pedir facturas para ahorrarse un 'dinerillo'. Mantienen las etiquetas en su sitio y procuran que la prenda no se manche ni se dañe para poder quedar bien delante de los empleados diciendo "es que no me acaba de convencer". El problema lo tienen las tiendas de las grandes multinacionales que tienen que llegar a un objetivo mensual y ven cómo su propósito cae cada vez que uno de los influencers acude de nuevo al establecimiento con la bolsa llena.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

You'll love @aitanax total look 😍

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UNA TÉCNICA MUY CARADURA

No solo los personajes públicos realizan esta técnica tan caradura para llevar siempre el look adecuado. Muchas personas compran y después devuelven tras haber lucido el novedoso conjunto delante de todo el mundo. Los empleados de las tiendas se aseguran de que las prendas estén en un estado perfecto a la hora de ser devueltas, ya que si no estas no pueden volver a ponerse a la venta y tienen que ser enviadas al departamento de taras. Pero son mucho más permisivos con los influencers, no vaya a ser que a uno de ellos le dé por hablar mal de la firma.