Tras la resaca de las cuatro horas de sesión inaugural a cargo de la diva electrónica Björk ejerciendo de dj para la ocasión, arranca la primera jornada 'completa' de la 24a edición del Sónar, que se prolongará hasta el próximo domingo 18 de junio. De hecho, el preámbulo del festival ya sirvió para definir su doble vocación de gran celebración de la 'música avanzada', como ellos mismos se bautizaron en su nacimiento, con la de ágora donde encauzar los debates que surgen en el mundo de la cultura digital en la que se ha convertido el Sónar+D, la extensión diurna del certamen.

La traducción de esta filosofía Sónar se podía palpar de nuevo en el ambiente de este mediodía: escenarios con un público desfasado como si de una rave se tratara conviviendo en paralelo con un vivero tecnológico donde el sector expone sus propuestas más pioneras. Y aunque el estereotipo de fiesta desmadrada lo tiene más fácil para calar en el imaginario común, lo cierto es que las cifras apuntan a un equilibrio casi perfecto entre sus dos vertientes.

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De las 300 actividades programadas, 140 son actuaciones y el resto se reparte entre conferencias, talleres e, incluso, exposiciones paralelas. De hecho, el Sónar puede colgarse la medalla de ser uno de los responsables de que en Barcelona convivan temporalmente tres muestras sobre tres figuras imprescindibles de las vanguardias musicales: David Bowie (Museu del Disseny), Björk (CCCB) y Brian Eno (Arts Santa Mònica).

 

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Los escenarios del Sónar también presumen de cierto de equilibrio, en este caso entre ruido y celebración, como apuntaron desde la misma organización durante el anuncio del cartel de esta 24a edición. En sus dos recintos se suceden la electrónica de autor, con atrevidas propuestas experimentales, y la música puramente pensada para bailar.

A grandes pinceladas, este año se reparten el protagonismo el impacto sonoro y escenográfico de los shows de Justice, Moderat, Soulwax o Eric Prydz, la música negra tanto de los clásicos como De La Soul y Dj Shadow como nuevos referentes de la talla de Anderson .Paak & The Free Nationals o Thundercat o la generación post trap con Nadia Rose o AJ Tracey.

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Como es lógico, estas dos formas -perfectamente compatibles- de concebir el festival tienen su réplica en el público. Abundan los autodenominados "profesionales" (luciendo la acreditación al cuello como distintivo de que pertecen a ese mundo), alguna que otra familia se deja caer durante el día y a partir de determinadas horas solo quedan los más extasiados, abusando de eufemismos.

En cuanto al origen de los asistentes, el pastel se divide prácticamente a partes iguales entre locales y foráneos con una ligera ventaja para los de fuera (55%). Unas cifras calcadas a las que ha dejado el Primavera Sound, cuya última edición constató un cambio generacional del que todavía no está claro si se hará eco este Sónar.